Opinión

¿Presidencialismo o parlamentarismo?


El Presidencialismo y el Parlamentarismo son dos formas de organización del poder político, el primero más joven que el segundo. Responden pues a lógicas políticas e históricas diferentes, se fundan en supuestos culturales y estructurales distintos. En cada uno existen variantes, aunque ambos son sistemas de gobierno que surgen por oposición a estructuras en las que el poder se encuentra concentrado en un solo individuo o en un solo órgano. En la actualidad existe un tercer modelo, el mixto o semipresidencial, que comparte algunas de las características de los dos anteriores. Todos ellos constituyen diseños institucionales cuyo propósito es organizar el poder democráticamente.
Es común la tendencia a definir a los sistemas presidenciales y a los parlamentarios por exclusión mutua. Este modo de acercarse a los dos tipos clásicos de sistemas de gobierno democrático responde a cuestiones prácticas, debido a dos razones básicas: por un lado, porque un sistema presidencial no es parlamentario y uno parlamentario no es presidencial; por otro, porque si bien existe una teoría muy elaborada acerca del origen y la evolución de los sistemas parlamentarios, no ocurre lo mismo con los presidenciales.
El sistema parlamentario aparece en el siglo XIII en Inglaterra. Posteriormente se expandió por casi toda Europa, al menos en la parte Occidental. El Presidencialismo, en cambio, tiene su origen en el siglo XVIII en Estados Unidos, sin que hasta la fecha se pueda encontrar otro país en el cual se reproduzca la mezcla original de un presidente electo con base en el sufragio universal, un Congreso fuerte y un Poder Judicial autónomo. Aunque muchos países latinoamericanos se han inspirado en el modelo estadounidense, lo cierto es que el presidencialismo latinoamericano tiene características distintas a las del modelo original.
Inglaterra, Italia, Alemania o España, por mencionar algunos países con estructuras institucionales semejantes, comparten en lo sustancial los elementos del diseño parlamentario: división del Ejecutivo entre un jefe de Estado no electo y un jefe de gobierno nombrado por la mayoría parlamentaria, y un Parlamento organizado en dos cámaras, de las cuales una de ellas, la Cámara Baja, dispone de atribuciones y facultades más amplias que la Cámara Alta.
Entre ellos hay también diferencias, derivadas de aspectos específicos del diseño institucional, las decisivas están en los sistemas electorales y de partidos, diversos en cada país. Las formas de relación e interacción entre los distintos elementos del sistema y sus resultados son, en consecuencia, diferentes. Otra diferencia visible está en los términos empleados para llamar a los titulares del gobierno y a los órganos representativos: el jefe de Estado puede ser un Rey --Inglaterra o España-- o un Presidente de la República --Italia o Alemania--; el jefe de gobierno puede ser un Primer Ministro --Inglaterra o Italia--, el Presidente del Gobierno --España-- o el Canciller –Alemania-. En todos los casos, sus funciones son similares.
El principio de disolución del Parlamento, propio de los sistemas parlamentarios, por ejemplo, tiene motivaciones diferentes y produce efectos distintos de un país a otro. Puede servir como amenaza para consolidar una mayoría de gobierno, o bien, se aplica para dar paso a la conformación, por medio de elecciones, de mayorías afines. Son dos modos distintos de construir mayorías coherentes.
El sistema presidencial, por su lado, corresponde a otro tipo de diseño, pues responde a otras necesidades. Es, por definición, opuesto a las formas absolutistas y de despotismo, y funciona sobre la base de un complejo mecanismo de balances y contrapesos. Combina un doble sistema de división de poderes: por un lado, tiene un Poder Ejecutivo acompañado de un Congreso depositado en dos cámaras; sin embargo, en nuestro país el sistema bicameral desapareció en 1979. Por otro lado, mantiene una estructura federalista en mucho de los casos o Republicano unitario, como nuestro caso.
Presidencialismo y parlamentarismo son dos modelos considerados clásicos. Por su longevidad y desarrollo son los que más han atraído la atención de los estudiosos de la vida política. Sin embargo, ya muy entrado el siglo XX, surgió un tercer modelo que combinó principios de organización del poder tanto del sistema presidencial como del parlamentario. Se trata del diseño institucional de la Quinta República Francesa, fundada en 1958. Desde el punto de vista constitucional el sistema francés no es ni presidencial ni parlamentario, sino un sistema mixto. Por ello, algunos autores lo ubican como un sistema semiparlamentario, mientras que la mayoría lo concibe como un sistema semipresidencial. Las reformas constitucionales de 1995 ubican a nuestro país dentro de esta calificación.
Los sistemas parlamentario, presidencial y mixto son estructuras de gobierno con poderes divididos. Esto significa que en todos ellos las funciones del Estado se encuentran distribuidas en tres órganos: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, los cuales mantienen formas de relación diferenciadas de acuerdo con el tipo de sistema, pero necesarias para el funcionamiento regular de las instituciones.
La característica distintiva del sistema parlamentario es la capacidad del Parlamento, electo por votación directa, para crear y destituir gobiernos, que se combina con el papel meramente simbólico del jefe de Estado. El sistema presidencial es la combinación de un presidente de la República electo con base en el sufragio directo o casi directo, con un Congreso también electo pero sin facultades de gobierno. En el sistema semipresidencial el Poder Ejecutivo se divide en Presidente de la República o Jefe de Estado, electo de manera directa, y un primer ministro o jefe de gobierno, nombrado por el Parlamento.
Todo lo anterior se resume a la siguiente pregunta: ¿Cuál sistema será mejor? El que la ciudadanía escoja por medio de un referéndum; al final, como dice el eslogan presidencial: “El pueblo Presidente”, y como pueblo debemos escoger libremente y no permitir que se nos imponga un sistema, por lo demás, desconocido para las grandes mayorías.
*Asesor Legal