Opinión

Se odia lo que se teme


De raíces griegas, misío significa aversión a, y gyné significa mujer, en nuestro lenguaje significa “aversión o repulsión que tiene un hombre hacia una mujer”, hablo de misoginia.
Ciertos hombres padecen de ser machistas, pero a la vez no resisten la compañía de una mujer o claramente poseen un aborrecimiento supuestamente gratuito hacia el género femenino. Según estudios, la misoginia es homosexualidad ocultada como virilidad y para no manifestarla ejercen poder sobre las mujeres a fin de sentirse seguros; a mi criterio, serio problema de identidad sexual. Si nos remontamos a la edad moderna en la Grecia clásica, entre la identidad homosexual masculina, femenina, bisexual y heterosexual no existía conflicto alguno, toda opción sexual era socialmente respetada, aceptada y bien desarrollada. Cierto que los griegos en un inicio eran amantes de un pansexualismo (culto al amor y al erotismo), no acostumbraban ser típicos homosexuales, amaban la virilidad integral, pero posteriormente lograron excelsos horizontes culturales y políticos; los griegos históricamente son cultores del amor homosexual.
Es con la venida del cristianismo que las identidades sexuales --excepto la heterosexual-- fueron consideradas como enfermedades. En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud retiró a la homosexualidad del registro de enfermedades, así como la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA) se declaró en contra de las terapias correctivas, no obstante, el Manual de Diagnóstico de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría (DSMIII) hace una diferencia entre una homosexualidad egodistónica (cuando la persona no acepta su tendencia homosexual y sufre), de otra egosintónica (cuando la persona acepta su tendencia homosexual, no sufre por ello, la considera una opción sexual más y la disfruta), pero es en la homosexualidad egodistónica donde radica el problema; la complicación es que finalmente ésta es conexa a la problemática de la “violencia intrafamiliar”, este tema se ha estudiado a profundidad, ya que tiene inicios psicológicos, los misóginos tienen antecedentes de maltrato infantil, abuso sexual o una educación marcial por parte de la madre, total, existen muchas procedencias y factores, sin embargo, lo que más se asemeja es que la misoginia forma parte de la homosexualidad. Para algunos expertos, este vocablo es reiterado y equivalente a homosexualidad, ya que ellos --los misóginos-- sólo imaginan puntos extremos.
Considero esencial que todos/as hagamos nuestras propias deducciones, ya que la misoginia se encuentra presente en todos nuestros espacios: íntimo, privado y público, imposibilitando relacionarnos y convivir armoniosamente. Son siglos de residir en una cultura misógina --deliberada, instituida, organizada y ejercida por ciertos hombres que detentan el poder--; pienso que sería un gran avance no permitir que el sistema político nos utilice como material emocional e ideológico, debemos pensar desde afuera del sistema político. Hago referencia a esto debido a la discriminación de que fuimos objeto por el simple hecho de ser mujeres y no bastándoles, irrespetaron nuestras identidades sexuales --vociferándonos lesbianas-- el 13 de septiembre pasado en la Asamblea Nacional, cuando 64 insolentes condenaron el aborto terapéutico. Tengamos presente que lo que estremece a los sistemas de poderes es que cavilemos juntos/as, externamente de sus razones y términos. Si no profesamos nuestras capacidades y obviamos legalizar las demandas a las que el sistema político instalado no obedece, continuaremos siendo víctimas de la cultura de mando-obediencia que carcome nuestras dignidades y el régimen político continuará tapando agujeros con fingidos amparos, mintiéndonos y diseminando la semilla de la desconfianza entre todos/as.
No nos sorprendamos, es bastante común que individuos con seudo ideologías, ejemplo de ello, el grupo de los 64 indoctos --dizque padres de la patria--, entre otras aves corredoras, muestren y expresen visiblemente la patología y descomposición del sistema político; sólo recordemos la tendencia draconiana nazi-fascista, impositiva y severa, que no es casualidad su aparición en momentos de crisis políticas, una de las señales de estas actitudes equívocas es el encolerizado recelo a las personas con identidades sexuales diferentes. Esta estrategia, históricamente ha significado uno más de los enredos y embustes de los sistemas políticos a fin de conservar fraccionada las mayorías, lo cual no significa una actitud social revolucionaria.
“La homosexualidad, desde luego, no es necesariamente una ventaja, pero tampoco es nada de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni un signo de degeneración, y no puede clasificarse como una enfermedad. Más bien la considero una variación de la función sexual, originada en una detención del desarrollo sexual”. (Sigmund Freud, 9 de abril de 1935).
Así que la homosexualidad no es un cuadro nosológico, se puede ser homosexual normal, neurótico, psicótico o psicopático desde la opinión psiquiátrica, al igual que los heterosexuales.

licbortzf@yahoo.com