Opinión

Decir NO


Desde que los hijos e hijas son pequeñitos hay que involucrarse con su vida diaria, preguntarles de sus actividades fuera y dentro del hogar. Y así como le enseñamos que no debe alborotar en la escuela también debemos enseñarle que nadie tiene el derecho de tocarle su cuerpo. Decirles que su vagina o su pene, su ano, su boca, su cuerpo, es privado. Hay que explicarles que aunque se les ha enseñado a respetar y obedecer a personas mayores, está bien decir que NO, no quiero besar a alguien, no quiero abrazar a alguien, no quiero que me toquen mi cuerpo, en otras palabras, hay que enseñarles que su cuerpo es de ellos y que debe ser respetado. Y nosotras mismas también respetarles su cuerpo, no imponerles caricias que no quieren.
Hay que reafirmarles a las niñas y niños que pueden hablar de cualquier cosa con nosotras y que no le vamos a responder con un regaño; esto significa que cuando nos cuentan algo debemos tomarlo en serio y hacer todo lo que sea necesario para detener cualquier avance abusivo. Y otro cuidado que hay que tener es no ponerlos en riesgo con el agresor. Muchas veces las niñas, niños y adolescentes ya han sido advertidos por el abusador: “Si le decís algo a tu mamá, yo le digo que es mentira, o que vos me buscaste”. Hay que decirles bien claro que es muy importante para nosotras que nos digan si alguien intentó tocar su cuerpo, o si le dijo cosas sobre su cuerpo.
Hay que enseñarles a los hijos e hijas que si alguien las tocó o manoseó no vamos a echarle la culpa y no los vamos a castigar. Es importante que lo diga de corazón. Este tipo de comunicación tiene que darse de manera repetitiva para asentar bien la confianza en las niñas y los niños. Esto también ayuda a las madres a estar más enteradas de lo que sucede con la vida de los hijos e hijas. Una herramienta enorme es la paciencia, así como aprender a escuchar a las niñas y niños.
La comunicación con adolescentes y jóvenes tiene un enfoque diferente, hablar simplemente de lo que es el sexo y la sexualidad no es suficiente. Los jóvenes adolescentes están más interesados en aprender y descubrir su propia sexualidad, y es esta curiosidad lo que convierte a los jóvenes en un grupo vulnerable a ser abusados y/o convertirse en abusadores. Uno de los mayores problemas que enfrentan los adolescentes y jóvenes es la falta de una buena educación sexual.
Una buena educación sexual es la que explica acerca del placer pero también de los riesgos, de los cuidados que hay que tener, de los límites que cada persona tiene, de la sexualidad en cada etapa de la vida. Una “mala” educación sexual es utilizar películas o revistas pornográficas, o querer hacerle cosas en su cuerpo “para que aprenda”. Las revistas y películas pornográficas representan a las mujeres como objetos para satisfacerse sexualmente, y a la vez presentan la violencia como parte del acto sexual. Revistas y películas porno en tu casa pueden tener resultados lamentables.
Entonces, ¿cómo puede una madre hablarle a su hijo varón acerca de sexualidad, de lo que es un abuso sexual y cómo evitarlo? Según el psicólogo Oswaldo Montoya, al hablar sobre sexo con su hijo es necesario hablar con sinceridad, explicarle desde tu propia experiencia cómo le gusta a las mujeres que las enamoren, cómo les gusta que les expresen el cariño y cuáles son los comportamientos sexuales de los hombres que no les gusta o que les repugnan.
Explicarles que un buen novio, esposo, o amante es aquel que respeta a su pareja, que ante cada relación sexual se asegura que hay consentimiento mutuo, y que habla con su pareja sobre cómo evitar consecuencias negativas del sexo, por ejemplo un embarazo no deseado, una infección, etc.
Con los jóvenes y adolescentes hay que establecer muy claramente que el consentimiento mutuo sólo es posible entre iguales, es decir, si tienen la misma edad o si ella es mayor. Decirles claramente que con chavalas pequeñas no se vale, siempre será abuso aunque él sienta que ella “lo pida” o “lo busca”. Decirles que con chavalas ebrias tampoco se vale, que no se valen los chantajes ni se vale pedir la “pruebas de amor”. Hay que poner bien claros los límites con sus hermanas, hermanitos y primas. Explicarles que aunque a veces tocarse puede parecer un juego, las consecuencias psicológicas y el sufrimiento pueden ser un problema grande cuando las niñas se hacen más grandes y se dan cuenta de los significados de los actos sexuales.
El abuso sexual es común en parejas adultas y hay que tener claro que si una mujer no sabe o no es capaz de defenderse a sí misma, es difícil que tenga la fuerza para defender a su hija o hijo.
Ninguna mujer debe tolerar abusos sexuales hacia ellas, sus hijas, hijos o nadie que esté cerca de ella. Por eso es importante rechazar cualquier acto abusivo. Si las mujeres han vivido como víctimas su niñez y-o su adolescencia, la adultez es el momento de poner el alto. Deben hacerlo por sí mismas, pero también por sus hijas e hijos. Para mayor información buscá ayuda en una organización de mujeres. Pedí que te expliquen más acerca del abuso.
Muchos abusos están ligados a valores culturales y eso significa que muchos hombres no miran nada malo en su conducta y sus abusos no siempre son reprochados por las mujeres. Eso sucede porque el abuso es visto como normal, creen que son formas de expresar el cariño. Muchas personas se acostumbran tanto que ya no distinguen un comportamiento abusivo de otro que no lo es.
Un diálogo sincero acerca de cómo vos te sentís es un primer paso para aclarar creencias que pueden llevar a abuso, con tu pareja, con tus hijos. Aprender a dialogar y aprender a poner límites a todo tipo de abuso es como aprender a nadar, sólo lo aprendemos por la práctica, así que hoy es el momento de comenzar.

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