Opinión

¿Será que calladitas nos vemos más bonitas?


Me cansé de escuchar ese chauvinista refrán cada vez que “caballerosamente” me mandaban a guardar mis peliagudas preguntas o conclusiones. Era el equivalente a una mordaza intelectual.
Pero ése no es el mejor de todos, obra del ingenio macho esta otra pieza de oratoria:
“A las mujeres, como a las flores, no hay que entenderlas, sólo hay que contemplarlas”.
No entiendo por qué todos los días doy gracias de haber nacido en el mundo occidental, cuando la verdad el proceder de las autoridades sólo me recuerda una mala pesadilla en la que me siento perdida entre la era medieval o la era del cobre. ¿Cuando la mujer perdió su humanidad, dignidad y derecho a la autodeterminación? Tenemos una Asamblea Nacional repleta de síquicos, que legislan en nombre de mujeres y niños antes de que éstos eleven sus voces. Legislan personajes que no son siquiera responsables ni moralmente capaces de aprobar una ley de paternidad responsable que saben les caería como piedra en el zapato.
Sí damas y caballeros, esos mismo que a la hora de recoger votos son los camaleones más coloridos, que transitan entre ser una mezcla transgenica de chicha con limonada. No me gustaría ser ninguno de ellos porque mis manos estarían más llenas de sangre que las de un matarife en el Oriental. De hecho, me sería imposible levantarme todas las mañanas y ver mi cara al espejo si pudiese reconocerla sin que mi conciencia me pesara, pero he ahí la clave del asunto, mi conciencia, yo si la tengo.
Vivimos en una sociedad doble moralista que le receta a la mujer palo, ignorancia, miseria y ser expuesta como objeto. Se prohíbe el uso de condón como medio anticonceptivo, se dice que la mujer que no tiene hijos lleva sobre sí una maldición, se eliminan las clases de educación sexual dentro de la materia de Biología durante la secundaria, se expulsa de la secundaria a las adolescentes embarazadas, si abortar es ahora un delito, ¿lo es también ser adolescente y estar embarazada? ¿Por qué la sociedad es tan injusta y a la madre soltera se le escapa de lapidar socialmente y al hombre irresponsable con su paternidad que nunca da la cara para reconocer o procurar una manutención digna de sus vástagos se le premia con la impunidad? ¿Cuando la moral pasó a ser relativa y aplicarse sólo a los casos de conveniencia? Y es que el mundo no ha evolucionado tanto por más que pase el tiempo, porque la riqueza del hombre parece medirse según la cantidad de bienes, reses o hijos tenga. Aunque los bienes los tenga producto del crimen, las reses ni las pueda alimentar y a los hijos siquiera les dé una vida digna. Y es que por más que abandone a sus hijos un hombre, la mujer siempre esta ahí, cuidándolos. Por qué no se le premia ese tesón con la autodeterminación, con la propiedad sobre su destino, su mente, su cuerpo, su propia opinión. Será tanto el temor a las mujeres que sólo se les busca cómo silenciar y mantener olvidadas y encerradas. Si el cielo se gana por méritos en vida, ¿por qué la vida de la mujer en la tierra tiene que ser un infierno?