Opinión

Zigzag en nuestra ganadería


En agosto, durante una reunión de numerosos ganaderos con el presidente Ortega, se dialogó con franqueza y con esperanza. Lucía como si emergiera un ejemplar CPC-Ganadero: el presidente escuchando los planteamientos del gremio, los ganaderos pedían, con argumentos, rectificación a ciertas medidas. El comandante aceptó: “Permitiremos la exportación de toretes con peso mínimo de 250 kilos, pero les pedimos que dediquen más áreas, tal vez un 20% a bosques, es imperativo reforestar”. Aplausos. Imagino que los representantes de los mataderos fruncieron el ceño.
Semanas después de esa motivadora reunión, leo en los periódicos del 19 de septiembre que las exportaciones de ganado en pie se limitarán a novillos con pesos iguales o superiores a los 350 kilos. Este zigzag o anulación de una medida tomada por el presidente Ortega a solicitud de los ganaderos en agosto, la justifican los funcionarios del Mag-For y Mific por ser “a petición de asociaciones ganaderas de Nicaragua”. ¿Cuáles son esas asociaciones de ganaderos si tres semanas antes grupos representativos aprovecharon la presencia del presidente para explicarle los inconvenientes de la medida hoy revertida? Él decretó la potestad de exportar novillos en pie con peso igual o superior a los 250 kilos, ¿por qué se revierte? ¿Qué motivos tienen los ministros Bucardo/Solórzano y su comisión para no explicar las razones de ellos y las razones expuestas por “las asociaciones” en su petición póstuma? ¿Estos ganaderos son diferentes a los que fueron invitados en agosto a dialogar con el presidente Ortega o son otros? Si son los mismos entonces se están contradiciendo y cambiando de criterio en menos de un mes, se autodesacreditan; pero si son otros, como dicen, entonces los ministros Bucardo/Solórzano se están burlando de los primeros y del propio presidente. Todos, en cuanto afectados, tenemos derecho a conocer las argumentaciones de ambos grupos (si es que existe un segundo grupo de “asociaciones ganaderas”) y las razones de ambos ministros para tomar la medida de los 350 kilos y otra adicional: “Queda prohibida la venta al exterior de ganado bovino hembra y apto para la reproducción”. ¿Con base en qué? ¿Cuál es el costo-beneficio de esta prohibición?
Los problemas de los ganaderos derivan de las políticas que los diferentes gobiernos han tomado o dejado de tomar. Cuando el precio de la carne bajó, la actividad pecuaria dejó de ser rentable y su financiamiento riesgoso. Los bancos cesaron de financiar las actividades pecuarias a partir de los 90. Y desde entonces ¡sálvese quien pueda! El ganadero, llanero solitario, tiene algunos mecanismos para sobrevivir. Uno de ellos es la venta de terneros para obtener liquidez. Los venden porque quien tiene lechería (casi todos) y tiene poca tierra, no puede permitirse retener el ternero macho. Puesto que nadie que practica la monta estacionaria tendrá terneros de diferentes edades y pesos. El ganadero que ordeñe 50 vacas probablemente tendrá destetados cinco terneros de 250 kilos, cinco de 275 y cinco de 300. Ofertará un lote de 15 con 275 kilos promedio. Quienes compran, tanto los engordadores como los exportadores, ofrecen cada día mejores precios. Todos ganamos. Con esta transacción se liberan potreros para las vacas que son las que aportan liquidez casi inmediata y parcialmente se cierra el déficit sistemático de toda finca ganadera. Si se restringe esta operación (como lo están haciendo los ministros Bucardo/Solórzano) la carga para las pasturas aumenta, ya que la finca de 50 vacas tiene capacidad para eso y no más, so pena de incurrir en sobre-pastoreo y agotarla. Luego, el perjuicio llega por dos lados: privar de los ingresos adicionales por venta de los terneros destetados y obligar al sobre-pastoreo. Si obligan --con un decreto-- a retener los machos hasta que alcancen los 350 kilos significa que a la hora de vender los 15 del ejemplo, éstos tendrán los siguientes pesos: cinco de 300, cinco de 350 y cinco de 400. Esa carga adicional por más de nueve meses (puesto que NO tendrán buena alimentación, ya que competirán con la vaca, que a su vez producirá menos leche al compartir lo suyo con los novillos retenidos según el decreto y, por subalimentada, su preñez se retardará aún más) es para el pastizal y para el bolsillo. Se obliga así al ganadero a implementar una medida ya común y frecuente: ampliar la finca, ampliar la frontera agrícola derribando bosques y matorrales para hacerlos potreros. Reforestación cero. Cero caso a Daniel.
Restricciones como las comentadas conducen a la desertización. Nicaragua tiene 11,900,110 hectáreas, de las cuales unos cinco millones 400 mil (el 45%) se dedican a la ganadería, y de éstas, 2.8 millones están sobre utilizadas, lo que sugiere que 2.6 millones de hectáreas con vocación forestal se están utilizando muy ineficientemente para uso pecuario. Ojo: ¡el 45% de nuestras tierras utilizadas ineficientemente en actividades pecuarias!
En efecto: nuestra ganadería es de una ineficiencia lastimosa: producimos tres litros por vaca/día, mientras las vacas europeas o norteamericanas producen 30 litros diario; nuestras vacas paren cada 18 meses, en otros lados cada 13; en nuestras fincas el novillo alcanza los 440 kilos después de los 36 meses, los eficientes llevan sus terneros a 440 kilos en 20 meses o menos.
Como consecuencia de esta ineficiencia, los ganaderos se ven obligados a practicar el peor de los sistemas, el extensivo. Pero en parte lo hacen porque frecuentemente las instituciones toman medidas contraproducentes, como las restrictivas que este artículo comenta y cuyos efectos algunos no ven de inmediato; pero las cifras transcritas hablan por sí solas. Por eso resulta inexplicable el zigzag de las recientes políticas ganaderas de los ministros Bucardo y Solórzano. Si a los ganaderos pequeños y medianos no les beneficia ni al país tampoco, entonces, ¿por qué no nos explican la lógica de las mismas?