Opinión

¿Viene una guerra contra Irán?


Pareciera que la decisión unilateral de bombardear a Irán, incluso con armas nucleares, ya ha sido tomada de antemano por el presidente Bush en colusión con los neoconservadores, lo único que falta es engañar a la cándida opinión pública de Estados Unidos. El problema de su implementación ha sido la ausencia de un consenso universal, cuando Brasil, Rusia, India y China han manifestado su oposición a una nueva aventura bélica unilateral de los halcones de Estados Unidos en el Medio Oriente, mientras la Unión Europea se encuentra fracturada con la lúcida postura alemana y, más que nada, de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de la ONU.
Por otro lado, los militares de Estados Unidos parecen haberse resignado al enriquecimiento de uranio de la teocracia jomeinista y han optado por coexistir con Irán en lugar de aventurarse a una nueva catástrofe bélica. En una entrevista, el almirante William Fallon, máxima autoridad militar del Comando Central (Centcom) de Estados Unidos en Medio Oriente, se pronunció inequívocamente contra una guerra contra Irán. El almirante Fallon ha revelado que los intereses estadounidenses peligran más en Pakistán (dotado de bombas nucleares en un entorno jihadista) que en Irán.
El nuevo jefe del Estado Mayor estadounidense, el almirante Mike Mullen, ha expresado su preocupación sobre la situación en Irak y ha afirmado creer que se está prestando demasiada atención al conflicto, lo que deja al país en desventaja ante otras amenazas externas. “Debemos revaluar nuestros riesgos estratégicos con precaución y lo más rápidamente posible”, declaró el pasado mes de julio frente al Senado. Tanto Fallon como Mullen no formaron parte de las controvertidas decisiones que llevaron a la invasión de Irak.
Al mismo tiempo, el general John Abi Zaid, de origen libanés, se pronunció, en el influyente Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), en favor de la clásica “política de disuasión” ante la eventualidad de un Irán-nuclearizado: “podemos vivir con un Irán dotado de un arma nuclear (…) podemos contener a Irán (…) vivimos con una URSS nuclear, vivimos con una China nuclear y también vivimos con otros poderes nucleares”. “Debemos entender que la guerra de Estado a Estado en esta región sería devastadora para cada uno, por lo que debemos evitarla”.
Sin embargo, Cheney y sus amigos quizá esperan que un ataque contra Irán aumente las posibilidades republicanas para noviembre de 2009, impulse la militarización interna estadounidense, fortalezca la presidencia todavía más y debilite las libertades civiles. Uno de los intelectuales del movimiento neoconservador estadounidense, Norman Podhoretz, ha instado en una entrevista privada a George W. Bush a que bombardee Irán antes de permitir que el país consiga hacerse con armas nucleares. Para Podhoretz Irak, Afganistán e Irán son diferentes frentes de la misma guerra.
Es claro que existen poderosas fuerzas que se oponen al ataque. Dentro del gobierno estadounidense, la presencia de los neoconservadores ha disminuido mucho. Parece que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice; el secretario de Defensa, Robert Gates, y el Estado Mayor Conjunto piensan que es una mala idea. Los aliados de Estados Unidos, incluidos los británicos, también parecen opuestos a una acción militar. Y es obvio que el gobierno iraquí se opone a la idea. Así que es Cheney y los israelíes versus todos los demás. El razonamiento de los oponentes a una guerra contra Irán se basa en gran medida en un análisis de cuáles serían las consecuencias de un ataque aéreo.
La primera cuestión es qué tan efectivo sería. Es claro que los iraníes sacaron enseñanzas del ataque israelí contra las instalaciones iraquíes de Osirak, en 1981. Dispersaron sus enclaves nucleares, que parecen ser múltiples, y los situaron bajo tierra. No es nada seguro que las aeronaves estadounidenses puedan siquiera localizar estos sitios, o destruir todo lo que pudieran localizar. Y si Estados Unidos no puede enviar tropas terrestres, entonces sería un fiasco militar. No puede enviarlas simplemente porque no cuenta con ellas.
La segunda cuestión es que es probable que los iraníes incurrieran en acciones militares/políticas de algún tipo en respuesta, sea en Irak, en Afganistán o en ambos países, lo que sería bastante negativo para Estados Unidos.
En tercer lugar, el impacto sobre Irak es difícil de predecir en detalle. Pero forzar al gobierno de Maliki a que asuma una postura en este asunto seguramente no ayudará a la ya de por sí débil situación política de Estados Unidos en Irak.
Cuarto, la reacción de otras potencias importantes en el mundo sería cuando mucho reservada. Quizá Europa occidental diga un poco públicamente, pero seguramente no aclamará el bombardeo, hasta el momento Alemania no está de acuerdo. Y probablemente Rusia y China lo denuncien. Por más que varios de los llamados regímenes árabes moderados teman la fortaleza iraní, parece muy poco probable que se den el lujo de aplaudir una acción agresiva contra un país musulmán.
Quinto, es probable que las actuales negociaciones diplomáticas entre los gobiernos de Corea del Norte y Estados Unidos se rompieran como consecuencia inmediata de un bombardeo estadounidense contra Irán, porque se confirmarían los peores temores norcoreanos.
Sexto, países que antes apoyaron la guerra contra Afganistán se declaran en contra de una guerra contra Irán. La base militar de Estados Unidos emplazada en el aeropuerto de Manas en Bishkek, capital de Kirguizistán, en 2001, debe servir única y exclusivamente para apoyar a la coalición antiterrorista en Afganistán, manifestó el secretario general de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Nikolai Bordiuzha, consultado sobre si la base norteamericana en Kirguizistán podría ser aprovechada para apoyar una eventual operación militar en Irán.
Séptimo, el rechazo más categórico a un bombardeo unilateral de EU e Israel contra 2 mil instalaciones de Irán bajo sospecha proviene del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), amén de la Organización de los Países No-Alineados que empieza a resucitar. La postura de Brasil, lejos del foco del escenario bélico euroasiático, es que la “investigación nuclear pacífica” por Irán “no debe ser castigada bajo sospechas de desear construir una bomba atómica” (Lula da Silva, Reuters 25/9/07). Lula enfatizó que “Irán hasta ahora no ha cometido crimen alguno en referencia a la guía de la AIEA sobre armas atómicas. (…) Nadie puede ser juzgado de antemano”.
En suma, el asunto sería una catástrofe diplomática e implicaría el riesgo de extender mayor violencia en Medio Oriente. Y si no hay claros beneficios militares, la ventaja para Israel sería muy limitada, de hecho. La única debilidad de quienes se oponen a la acción militar es que solamente pueden ofrecer a cambio esfuerzos diplomáticos ulteriores y quizá más presiones económicas.