Opinión

Descansa, querido Capi Prio


La madrugada del sábado 29 de septiembre dejó de soñar una leyenda leonesa que al igual que sus amigos poetas y filósofos de su amado pueblo, se convirtió en fuente de alegría, de amor y de consuelo para miles de universitarios, profesionales, artesanos y obreros que al pasar de sus 93 años llegaron a escuchar sus sabios consejos y anécdotas.
Era amante de la música, la cual gozó toda su larga vida, muy joven llegó a interpretar la música de su tocayo Agustín en el piano como si fuese el mismo maestro, quien para entonces estaba en el pináculo de su gloria. Pasaron los años y se convirtió en el discólogo más recordado de León, noche a noche deleitaba a quienes visitaban la Casa Prio y con parlantes especiales a quienes se sentaban en las bancas del Parque Central, con programas musicales que él previamente describía.
Fue siempre un joven alegre que irradiaba juventud, quien siempre saludaba con sonrisa, con ese deseo contagiante de servir al ser humano, que hacía a los foráneos sentirse en casa y a los jóvenes de toda la República, incluso a muchos centroamericanos que llegaban a nuestra Universidad Nacional en búsqueda del saber, sentir hogar, amistad y protección.
Tenía la sabiduría de adentrar en los seres humanos, poseía una memoria enciclopédica que le permitía relatar con vivencias los aconteceres de la rica historia leonesa y nacional.
Nunca le contagió la política, la amistad era su única bandera y así logró a través de los años ser amigo de todos. Hoy el pueblo que tanto amaba le recordará con el mismo afecto que él siempre brindó, ya que aún antes de quedarse dormido, era ya una leyenda.
Querido Capi, vivirás por siempre entre nosotros, seguiremos gozando tu pausado hablar, que, unido a esa afable y contagiosa sonrisa, nos acompañará por generaciones. Con nostalgia, le contaremos a nuestros hijos y nietos que en el amado pueblo conocimos a un Capitán que nunca comandó tropas, sino que impartió amor y amistad hacia sus prójimos.
Descansa, Agustín Prio y Largaespada, ya no puedes seguir soñando, deja que nosotros lo hagamos por vos, ¡QUIJOTE DE QUIJOTES!