Opinión

El clavo no son los clavos


Sobran los buenos consejos
para el pueblo costeño, pero...

Después del huracán “Félix” todo el mundo da buenos, mediocres y malos consejos a las y los habitantes de la Costa Caribe, para que la próxima vez sobrevivan mejor. Varias veces se escucha en todos los medios que las poblaciones tendrían que cambiar la variedad de clavos para sus techos y a lo mejor usar cemento y bloques en vez de madera, hojas de palma, etc. Primero es un asunto de cultura cómo uno construye su casa, y segundo no creo que “los costeños” construyen sus casas mal e inseguras por ignorancia, faltando solamente la propuesta desde el Pacífico. “¡Cambien los clavos, hermanos!”
Otra onda es la destrucción ambiental que muchos expertos han detectado como consecuencia del huracán. Un diputado, sorpresivamente costeño, en la televisión se quejó de ¡que “Félix” destruyó la conectividad del corredor biológico mesoamericano! ¡Qué análisis más equivocado! El corredor fue destruido desde hace años por los seres humanos: gente local que por miseria y hambre y a veces por ignorancia no sabe otra cosa que producir sin ninguna consideración ecológica sus granos básicos y tubérculos en suelos no aptos para eso ni para ningún otro monocultivo; y gente de afuera que está en camino a cambiar toda la RAAN y RAAS a pastizales, un paso seguro en dirección a la desertificación del Atlántico, y los madereros --delincuentes ambientales-- y toda la gente que por algunos pesos vende, permite, apoya y aprovecha la destrucción de la base de la vida en esa mitad del país.
Otro consejo superficial ha sido que la culpa la tiene la falta de infraestructura. Construir por fin muchas carreteras, conectar el Pacífico con el Atlántico con carreteras de todo tiempo... y ¡ya vienen el progreso y el fin de la pobreza! No es cierto, y ¿por qué será que mucha gente en la costa no ve con buenos ojos la carretera Nueva Guinea–Bluefields? Porque la experiencia les dice que lo primero que va a salir por esas carreteras son árboles, vacas y todos los demás recursos y tesoros de flora y fauna que en la mitad autónoma del país todavía existen. “Primero la infraestructura vial” es un clavo más para el ataúd en el cual enterrarán la RAAN y la RAAS. ¡Y no digan que se parará esta perspectiva mala con algunas leyes! De ésas ya tenemos más que suficientes, pero sin aplicarlas.
Hoy en día una mayor razón para la pobreza es la destrucción ambiental ya progresada, una pobreza que a la vez causa más destrucción ambiental y por eso más pobreza. La forma de producción y de transformar recursos naturales en bienestar para todas y todos en la costa (y no en Managua, Juigalpa, Matagalpa, etc.) tiene que cambiar lo más pronto y lo más profundo y lo más amplio posible. Hay iniciativas que han comenzado eso, por ejemplo la Uncrisproca de los cacaohuateros orgánicos de La Cruz del Río Grande o la Sano y Salvo, una asociación de agricultores y agricultoras ecológicas en Bluefields, El Rama, Nueva Guinea y El Castillo. Esos campesinos responsables y conscientes producen según la vocación forestal del trópico húmedo y logran muchas cosas a la vez: mejorar la fertilidad de los suelos, aumentar las cosechas y el valor de ellas, parar la migración como actividad innecesaria, rescatar la finca familiar o la producción comunitaria en toda su variedad y con todos los beneficios de una sociedad rural viva y con alta autoestima; poner fin a quemas y despales; y sobre todo cambiar la mentalidad del depredador cortoplacista a una actitud pro-vida, defensora de la biosfera del sureste y del noreste, en el interés propio y en el del mundo entero con sus problemas de gases invernaderos, cambio climático, etc. Si la gente vive bien de sus producciones de cacao orgánico, café robusta, canela y mucho pero mucho más que ofrecería la agroforestería ecológica diversificada para miles y miles de familias rurales, ¡va a correr a madereros y ganaderos y mineros de cielo abierto y a traficantes de flora y fauna! Ni necesita el narcotráfico, que parece ser la única fuente de economía próspera en algunos lugares de la RAAN y RAAS.
Agroforestería... ¿Pero no va a botar el próximo huracán esos bosques productivos? ¡No lo va a hacer! Algunos árboles se caerán, pero si vemos la selva que tiene centenares de años y ha sufrido muchos huracanes: ¡Ella está, resistió! Un periódico después de toda la bulla sobre el llamado impacto desastroso ambiental informó en esa semana “Núcleo de Bosawás salió ileso de Félix”. La madre naturaleza nos enseña una vez más que vivir y producir según sus reglas es la mejor garantía para salir ilesos o sólo con daños aguantables. Más bosques cerrados, reconstrucción del corredor atlántico y cambio de la agricultura convencional, abusadora, mono-cultivista y química a una ecológica, a bosques productivos que en su diversidad imitan a la selva: eso son los caminos para resolver un montón de desafíos en RAAS, RAAN (y Río San Juan). El pueblo costeño muy diverso también (y hasta en Nueva Guinea y Waslala) necesita la mano amiga y el apoyo de afuera para poder caminar en esa dirección; pero sin agenda escondida, sin la codicia de afuera, de gente ajena. Ellas y ellos mismos tienen la posibilidad de liberarse de la pobreza en base a su medio ambiente, y sus recursos naturales y humanos. Van a vivir mejor, y van a solicitar carreteras e infraestructura, cuando su propia producción sostenible lo demanda (y no antes como portón ancho para la entrada de los roba-recursos). Y van a poder comprarse mejores clavos y techos de su propio bolsillo.
La exigencia y tarea es que gobiernos regionales, municipales y comunitarios-tradicionales (y el central por supuesto) igual como las ONG de impacto y las iglesias socialmente interesadas reconozcan esas verdades sencillas. Y que por lo menos no pongan obstáculos e impedimentos en el camino de la recuperación, divulgando y soportando los conceptos equivocados de siempre.

Nueva Guinea, Región Autónoma Atlántico Sur
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