Opinión

Mariano Fiallos Gil: artífice de la autonomía universitaria


Mariano Fiallos Gil, de quien los universitarios nicaragüenses conmemoraremos el día 5 de octubre el XLIII aniversario de su fallecimiento y el centenario de su nacimiento, no sólo fue el artífice principal de la conquista de la autonomía universitaria, sino también el promotor de la gran empresa de renovación de la universidad nicaragüense, tarea aún no concluida y que sigue planteada como un reto para las presentes generaciones. Hombre de pensamiento y de acción, Fiallos Gil nos legó todo un conjunto de ideas en torno a la misión de la universidad, que siguen siendo válidas para iluminar el actual esfuerzo de transformación.
Por cierto que cuando esas ideas tan lúcidas fueron dejadas de lado, o peor aún, menospreciadas, por acción o por omisión, hasta por quienes se forjaron en su magisterio, las consecuencias fueron nefastas para el destino de la universidad, produciéndose no sólo el empobrecimiento académico sino también un sensible deterioro del lugar que la universidad debe ocupar en la vida nacional.
El rector Fiallos Gil vislumbró las múltiples tensiones a que estaría sometida la universidad y el cúmulo de demandas que el adelanto de la sociedad le plantearía. Lejos de propugnar por el aislamiento de la Academia, Fiallos Gil abogaba por una universidad inmersa en la problemática de su sociedad, capaz de contribuir con sus enseñanzas, sus investigaciones y su proyección social a la solución de nuestros acuciantes problemas. Pero su concepto de universidad era de raíz profundamente humanista: “Lo esencial en la universidad, decía, es el ser humano en sí y no la ciencia, la sociedad o el Estado”... “La universidad es humanidad, es universalidad por cuanto es una institución que por su propio carácter tiende a la unidad del hombre”... “La universidad es, por definición, universal, y en ella caben todas las tendencias y modos de ser. Es por eso humanista por excelencia, y si combinamos el concepto que da su vocablo con el de libertad, tendremos una suma preciosa, ya que la libertad que busca la universidad es la del espíritu”... Todas estas ideas se sintetizaron en el lema universitario que le era tan caro: “A la libertad por la universidad”.
Nada de esto significaba dar la espalda a los problemas políticos. “Esto de ser universitarios y de ser hombres es cosa seria”, advertía el Rector Fiallos. “Hay que hablar, discutir y discurrir sobre todas las ideas, sobre todas las doctrinas y sobre todas las ideologías, porque la universidad es libertad de pensamiento y tal libertad es la única garantía del desarrollo de la cultura y de las cosas del espíritu”… Pero se opuso vigorosamente a que la política partidaria se apoderara de la universidad.
El estudiante fue siempre motivo de la preocupación del gran educador que fue el rector Fiallos. Afirmaba que el estudiante es el principal objetivo y la razón de ser de la universidad. El estudiante está así siempre en el primer plano de sus meditaciones. Como hombre superior, supo entender la natural agitación de la juventud y trató de explicársela a quienes se alarmaban por ella, considerándola contraria al progreso de la universidad. El rector Fiallos, con un gran sentido de comprensión por la juventud, llegó a decir que, por el contrario, la agitación estudiantil, cuando es puramente universitaria, cuando es inspirada por el deseo de mejorar la enseñanza y superar las arcaicas estructuras, “debe más bien regocijarnos, ya que significa vitalidad, vibración de un organismo que existe y que quiere navegar a velas desplegadas”…
El legado universitario de Fiallos Gil está hoy presente en la actual “Ley de Autonomía de las Instituciones de Educación Superior”, aprobada por la Asamblea Nacional en abril de 1990. Esta ley marca el momento histórico del retorno a las enseñanzas del maestro, el momento de retomar el rumbo correcto, de la autonomía universitaria, que se nos había extraviado. Afortunadamente, fuimos varios discípulos de Fiallos Gil quienes participamos activamente en el proceso de elaboración, discusión y aprobación de dicha ley, en la que se logró incluir la asignación del 6% para las universidades como aporte mínimo del Estado, viejo reclamo universitario al cual el rector Fiallos aludió cuando en una oportunidad escribió lo siguiente: “Hay que recordar que nuestra autonomía se sustenta en un Decreto del Poder Ejecutivo, emitido por delegación del Congreso, lo cual no es suficiente para garantizar el privilegio de desatarnos de una tradición de siglo y medio que nos mantenía sujetos a los humores de la política militante. Con esto quiero decir que para consolidar nuestra situación es necesario elevarla a categoría de principio constitucional señalando, además, un porcentaje del Presupuesto Nacional para nutrir el nuestro y cumplir así, cabalmente, el compromiso que nos liga con el Estado, que cada día necesita de más personal capacitado en la creciente complicación de sus servicios y con el pueblo nicaragüense”.
A quienes le sucedimos al frente de la ardua tarea de conducir la universidad, en momentos particularmente difíciles, nos correspondió alcanzar ese objetivo en 1966: la constitucionalización de la autonomía universitaria y la asignación del dos por ciento del Presupuesto Nacional para el sostenimiento de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Años después, la Ley Nº 89 de abril de 1990, elevó ese porcentaje al 6%, pero esta vez para todas las universidades que integran el Consejo Nacional de Universidades (CNU).

Managua, octubre de 2007.