Opinión

Los CPC y el “oenegismo”


El concepto de participación ciudadana, en tanto participación política, ha sido utilizado con múltiples significados. En este sentido podemos hablar de tres formas o niveles de participación: la presencia, la activación y la participación en sentido estricto, referida a las situaciones en las que el individuo contribuye directa o indirectamente en una situación política o bien en una decisión de cualquier tipo.
En el caso de Nicaragua hasta la llegada del FSLN nuevamente al poder tal aproximación del concepto había sido adaptada a distintos usos para hacer alusión al derecho al voto y a la acción de algunas ONG como “promotores” y “constructores” de ciudadanía. En este sentido se dio un retroceso en lo que la revolución había construido con una serie de esfuerzos para integrar la comunidad a las decisiones estatales, como ejemplo de ello se pueden mencionar los De Cara al Pueblo, asociaciones culturales, las cooperativas, organizaciones sindicales, entre otros.
Por ello partiendo de un análisis de la realidad las estrategias neoliberales (voto y ONG) a la postre lo que hicieron fue reducir la participación al espurio hecho de votar o de dejar que algunos “notables oenegistas” pensaran y actuaran por la mayoría. Aquí nos volcamos a la discusión no sólo de la mal llamada representatividad o representacionalidad, sino de quienes hablan por los “otros”. ¿Acaso las ONG no vienen a estudiar y hasta tomar decisiones por la comunidad?
Esto es posible corroborarlo a través de múltiples anécdotas en las que se cuenta que éstas en su afán de justificar el dinero recibido son capaces de llevar camellos a sitios donde no existe este tipo de cultura, máxime cuando el donante está a punto de contabilizar el presupuesto, es decir, crearon una colonialidad de la economía y de la subjetividad, al definir (las ONG) desde sus oficinas cuáles son los elementos de subsistencia de las comunidades.
Las ONG tanto en Nicaragua como en países como Guatemala, El Salvador, entre otros se habían atribuido el derecho de hablar por los subalternos, como lo dice Mario Roberto Morales al analizar la situación de su país en múltiples artículos y en su obra La Articulación de las Diferencias. De ahí la oposición a los CPC, pues se está claro que la labor comunitaria en base a co-gestión de poder y de solidaridad de éstos, vendría a sustituir a las ONG, con la variante que no habrá dilapidación de dinero, ni manejo de status quo y menos creación de modos de vidas de cierto segmento “notable”.
Es decir, los CPC vienen a ser una redistribución de poder real o simbólico a través del cual resolver situaciones de urgencia de la comunidad. ¿Acaso dentro de su estructura no se están conformando diversos sistemas de solución a problemática apremiante?: salud, educación, seguridad ciudadana, cultura, tercera edad, género, entre otros que eran temas “exclusivos” del “oenegismo”.
Los CPC son una fuente de inclusión, como forma de certificar un sistema participativo que rompe el paradigma establecido en la década anterior. Ahí el meollo del asunto, pues el paradigma anterior nunca resistió la verdadera participación a no ser el secuestro de la misma por las diversas instituciones que pulularon tras estas condiciones para justificar presupuestos y proyectos.
En este sentido llama la atención que los partidos denominados “demócratas” no entiendan que los CPC son la consolidación de la verdadera democracia, pues son el involucramiento cotidiano y vinculante y no sólo ocasional y delegativo de los ciudadanos en los asuntos públicos. Por ello es que se definen y asumen por los distintos actores como la principal estrategia para convertirse en una alternativa o una superación de la democracia representativa.
Siguiendo la propuesta en boga de teóricos como los “Descoloniales”, los CPC son la respuesta contundente a la colonialidad del poder que los 16 años habían impuesto a la sociedad nicaragüense en la que los modelos de economía, de política y hasta cultural eran dictados por las ONG, los “notables” y ciertos escritores desactualizados. Diría sin temor a equivocarme que los CPC son el inicio de la reinvención de la democracia en nuestro país.
cmidenceni@yahoo.com