Opinión

Las mujeres y la Iglesia


La arqueología moderna ha demostrado sobradamente que los inicios del Homos Religious están ligados con deidades femeninas. El culto a la diosa-madre relacionado con la madre tierra y la fertilidad es mucho más antiguo que los cultos a los dioses varones. Esto ha sido demostrado por los hallazgos arqueológicos de Egipto, Babilonia, Grecia y más tardíamente en Perú y México. Cabe mencionar que posterior a estos cultos de divinidades femeninas se estableció durante muchos siglos una equidad de género por medio de los cultos al padre-cielo y la madre-tierra, matrimonio sagrado venerado por muchos pueblos.
La preponderancia del Dios masculino adquirió fuerza a partir del nacimiento de las religiones abrahámicas. El rito judío de la circuncisión es implícitamente machista, ya que simbolizaba el pacto con Yahvé como cosa entre varones.
En el cristianismo, las causas de la misoginia las podemos encontrar en la filosofía de los padres fundadores. Encontramos en el apóstol Pablo los primeros indicios de antifeminismo. Una misoginia enfermiza que ha puesto en duda, según algunos psicólogos modernos, su virilidad. En la I Epístola a los Corintios, capítulo XI, 7, Pablo dijo: “Porque el varón no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y Gloria de Dios, mas la mujer es gloria del varón”, y en 7 dice: “Porque el varón no es sacado de la mujer, sino la mujer del varón”. Pareciese que con esta frase Pablo estaba redefiniendo la biología humana, hombres pariendo mujeres. En la misma epístola en el capítulo XIV, 35, les decía a las mujeres: “Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos, porque deshonesta cosa es hablar las mujeres en la congregación”.
Otros padres de la Iglesia no se quedan atrás en insultos a las féminas. Para Tertuliano, padre y doctor de la Iglesia, la mujer es “puerta de entrada para el diablo”. San Agustín, que decía que su conversión al catolicismo era fruto de las lágrimas de su madre, no pensó en ella cuando dijo: “La mujer es un ser inferior y no está hecha a imagen y semejanza de Dios. Corresponde a la justicia así como al orden natural de la humanidad que las mujeres sirvan a los hombres… el orden justo sólo se da cuando el hombre manda y la mujer obedece”. También le debemos a este santo el ligar el “Pecado Original” con la concupiscencia y también responsabilizar a Eva de la sonsera de Adán.
San Jerónimo, doctor de la Iglesia y traductor de la Biblia al latín, contribuye con un grano más a las diatribas en contra de las mujeres cuando dijo: “Si la mujer no se somete al hombre, que es su cabeza, se hace culpable del mismo pecado que un hombre que no se somete a Cristo”. Jerónimo aquí nos da a entender que las féminas tienen en el hombre un mediador para llegar a Jesucristo. Menos mal para las mujeres que esto no se convirtió en dogma de fe.
Otro padre de la Iglesia, Juan Crisóstomo, identifica a la mujer con el pecado de la lujuria cuando dijo: “Las mujeres están hechas esencialmente para satisfacer la lujuria de los hombres” y el padre San Ambrosio lo secunda cuando dijo: “La mujer sólo es fuerte en el vicio y daña la valiosa alma del varón”. Más grosero fue San Alberto Magno pues manifestó: “Sólo deberían nacer seres perfectos, es decir, hombres”. Pareciese que el santo aquí le quiere corregir la plana a Dios; parece abogar por seres humanos hermafroditas.
El sabio doctor de la iglesia Santo Tomás de Aquino pareciese ser el inventor del microscopio pues la crítica a las mujeres la hace desde el esperma que las engendró: “La mujer es un defecto de la naturaleza, una especie de hombrecillo defectuoso y mutilado. Si nacen mujeres se debe a un defecto del esperma o a los vientos húmedos” y se lamenta cuando concluye: “…Sólo es necesaria para la reproducción”.
El autor español Fernando de Orbaneja nos manifiesta en su libro “Lo que Oculta la Iglesia” lo siguiente: “A nadie le puede extrañar que un doctor de la Iglesia, como Orígenes, ante semejante panorama (misoginito), decidiera emascularse, y que en el Sínodo de Macon (585) se debatiera si, en el momento de la resurrección de la carne, las mujeres deberían convertirse en hombres para poder ir al paraíso. En un momento de tan fascinante discusión, un obispo declaró, sin que nadie le diera un sopapo por lo menos, que las mujeres no son seres humanos”.
Ante toda esta carga filosófica misoginita de los padres y doctores de la Iglesia, no es de extrañar la falta de equidad dentro de los religiosos católicos. El 65% de los religiosos católicos son mujeres, no obstante según el código canónico no forman parte del Clero, pues las monjas sólo tienen un estatus inferior de “Consagradas”, lo que les impide influir en la toma de decisiones de su Iglesia. Por desgracia en el Concilio Vaticano II no se llegó a discutir el sacerdocio femenino por la muerte repentina de Juan XXIII. Pues Pablo VI en todo momento se negó a discutir el tema y su argumento simplista era: “Porque Jesús era hombre”.
En honor a la verdad, los padres y doctores de la Iglesia no fueron los únicos misogínicos en la historia. Los acompañan una gran cantidad de historiadores y científicos que se manifestaron de la misma manera. Se podría argumentar que los padres y doctores del catolicismo fueron producto de su época y sus opiniones deben verse desde esa perspectiva. No obstante, si eso es así, tendríamos que objetar todos los dogmas inamovibles, que como verdades eternas nos dejaron. Preocupante es el “atrincheramiento” del alto clero para no discutir el tema femenino con amplitud. Por último, no es suficiente el “placebo” de autollamarse “Madre” y el promover el culto a María, para que la Iglesia ejerza una verdadera equidad de género.
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