Opinión

Diez consecuencias de la “nota roja policial” en medios de comunicación social


La libertad de prensa es un derecho legítimo pero lleva implícitos la responsabilidad social, los límites del derecho ajeno y el interés público. ¿Cómo conciliar esto es un asunto de ineludible obligación de quienes son dueños, directores, editores, periodistas, reporteros, locutores, camarógrafos y demás en los medios de comunicación social escritos, radiales y televisivos? ¿Cómo salvar el interés por la utilidad financiera de la empresa comercial (periódico, canal de televisión o emisora radial) con el fin noble de educar e informar? ¿Cómo delimitar la necesidad de la información con la conveniencia que ésta sea responsable, respetuosa, ética y no generadora de miedo? Esas preguntas son las que me surgen a partir de las imágenes, fotos, reportajes y noticias amarillistas, crudas y directas que ponen en escena las manifestaciones de la delincuencia, la violencia criminal y los conflictos de la convivencia ciudadana, que algunos medios de comunicación transmiten, amparándose en la libertad de “informar”, evadiendo sus propias regulaciones éticas o escudándose en justificar “lo que la gente quiere ver”, atrayendo a la audiencia y, por lo tanto, obteniendo beneficio económico para los propietarios del medio o salario para sus trabajadores. Se muestra aquí lo que puede ser el tenebroso negocio de la manipulación de las imágenes, las voces y los sentimientos, de la morbosa curiosidad por la desventura del otro, de los pobres e infelices.
Invito a quienes financian, deciden, dirigen, administran, filman, fotografían, presentan, reportan, etc. los programas o noticias que tienen un evidente enfoque amarillista y de nota roja policial a reflexionar sobre las consecuencias de corto y largo plazo que dichos enfoques, transmitidos en los medios de comunicación social a una amplia audiencia (sin diferenciar horarios, niños, niñas, enfermos), pueden traer en la sociedad consumidora, consciente o inconscientemente, de dichos espacios noticiosos.
Invito a quienes ven, leen, escuchan y sintonizan los programas noticiosos con ese enfoque fatalista, agresivo y denigrante para reflexionar sobre las consecuencias que tales programas dejan en sus hijos e hijas y en ellos mismos, en su familia, comunidad y colectivo social.
Insto a quienes facilitan la información, el acceso a dichos medios de comunicación, instituciones públicas vinculadas a la seguridad (policías, fiscales, judiciales, forenses, etc.) o entidades de auxilio o asistencia social (paramédicos, bomberos, Cruz Roja, voluntarios, etc.), a que no se presten “ingenuamente” contribuyendo a generar las indeseables consecuencias de estas formas de enfocar y presentar el dolor, el llanto, la violencia, la pobreza humana, la tragedia, el duelo, la lesión y la muerte. Son los desvalidos, los excluidos, los maltratados y los ignorados quienes figuran con preeminencia en esta “primicia informativa”.
Enumero, sin profundizar en el análisis, las diez consecuencias más visibles que pueden generar este tipo de programas o presentaciones noticiosas, anhelo estar equivocado, pero las evidencias podrían comprobarlo, particularmente ésta, quizás junto a otras causas, pueden estar contribuyendo a los indeseables efectos:
1. Incrementa el miedo, los temores, el estrés, la incertidumbre e inseguridad entre los ciudadanos quienes perciben el drama de los hechos como una amenaza próxima, creciente e incontrolable, generando una sensación de impotencia y desamparo. Se presenta ante nosotros el “espectáculo del miedo”.
2. Deteriora la sensibilidad social y humana ante el drama de otras personas; frecuentemente, en vez de generar solidaridad, provoca indiferencia ante el dolor ajeno, la desgracia y tragedia de otros y otras.
3. Incentiva al sector privado de seguridad, incrementa el gasto en seguridad privada, obliga a los particulares a buscar mayor protección en su vivienda, vehículo, negocio, vida pública o privada. Motiva la adquisición de armas de fuego, la contratación de alarmas o vigilancia privada.
4. Incrementa la desconfianza en las instituciones públicas, particularmente las vinculadas a la seguridad y justicia penal; genera desconfianza porque se les percibe como incapaces, ausentes, inoperantes, carentes de profesionalismo. El reportaje se centra en un hecho que es tomado en vivo y directo o transmitido sin ninguna edición, ese hecho se percibirá como generalizado y mostrará las deficiencias de las instituciones públicas encargadas.
5. Incrementa la desconfianza social, descohesiona y afecta la necesaria convivencia y tolerancia social.
6. Promueve soluciones autoritarias justificando acciones coercitivas y de hecho al margen de la ley y la institucionalidad.
7. Etiqueta o estigmatiza a personas, lugares, conductas y circunstancias a partir de lo que se muestra en las fotos, reportajes o imágenes.
8. Violenta derechos humanos de víctimas, presuntos autores, familiares y público en general quienes reciben las imágenes sangrientas y violentas sobre los hechos, sin respetar la privacidad ni el principio de inocencia, ni a niños y niñas quienes pueden ser afectados emocionalmente.
9. Invita a copiar comportamientos violentos, a reproducir modus operandi de carácter delictivo.
10. No promueve un comportamiento cívico ni democrático, ni una cultura de paz para la solución pacífica de los conflictos, sino que exacerba la violencia, la respuesta agresiva.
Se puede ser indiferente a las consecuencias o pensar ilusamente, para tranquilidad de la propia conciencia, que nada de lo enumerado pasará, está pasando o ha pasado, es la manera fácil de evadir responsabilidades y trasladar las culpas.
Pretendo sembrar la inquietud y despertar la polémica constructiva. Hay una urgencia ética a la autorregulación. Ojalá de este escrito quede en nosotros, si no el ideal de modificar el contenido de estos programas, al menos la preocupación por detenernos a pensar, reflexionar y quizás generar paulatinamente un nuevo compromiso de todos y todas para contribuir a una mejor convivencia y respeto entre las personas que vivimos en estos tiempos y este nuestro país.
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