Opinión

Don Rigo Guzmán


Don Rigoberto Guzmán es un personaje en toda la extensión de la palabra, no sólo porque ya cumplió cien años, sino por el estilo tan especial que le ha dado a su vida durante el tiempo que le ha tocado convivir en una ciudad que está llena de tanta tradición, folclore y admiración por sus consabidas formas; tan es así que de ello podemos expresar la frase que resuena en los corazones de todo el país de que Masaya es Nicaragua.
Don Rigo, ya que es tradición acortar los nombres en nuestro pueblo, es sinónimo de vitalidad, pues a pesar de sus 100 a tuto tiene el récord por así decirlo de seguir de frente a la vida a pesar de mantener su singular hábito de fumar. Sin embargo, su voz es fuerte, llena del saludo cordial y amistoso de tantas generaciones que han pasado por sus ojos, y dicho sea de paso no utiliza lentes para reconocer al instante al vecino, amigo o familiar alguno.
Para quienes son muy cercanos, el don Rigo es suficiente para reconocerle; hay quienes utilizan conceptos del vulgo o lo manifiestan de manera prosaica para referirse al apelativo sui géneris con el que realmente es universalmente conocido en la ciudad y sus alrededores.
Don Rigo ha estimulado y heredado dones artísticos. Es posible que haya disfrutado del baile de marimba por más de 80 años y tan seguro es de creer en la singular prestancia de su familia en haber aprendido todos los secretos del movimiento de cada una de las piezas de nuestra sagrada marimba, de los sones y piezas musicales creadas con identidad por esas manos especiales de nuestros artistas indígenas, pues entre ellos podemos contar por ejemplo a los hermanos Palacios de Monimbó.
Es difícil describir con palabras cuando don Rigo bailaba, su desplazamiento era tan especial que sus manos y piernas daban una imagen de que se deslizaba en el aire, el zapateado en punta de lanza, es decir, llevando los pies en dirección a como van las naves en proa, hacia delante, por lo que desprendía los más entusiastas aplausos.
Su estilo fue único, sólo gozado por quienes tenían la oportunidad de verle, no se tiene seguimiento de su trabajo desplegado a través de tantos años; incluso con él se perdió la oportunidad de la renovación y el relevo generacional de tantos nuevos aprendices.
Queda entonces la deuda de que su hijo, el mayor, renueve dichos valores y dones para que no se pierda nuestra identidad que con orgullo se presenta dentro y fuera de nuestra nación, pero con la diferencia que el Baile de las Negras es autóctono de Masaya durante todo el año y en especial en los domingos de octubre y noviembre, cuando se hace reverencia al santo patrono San Jerónimo y al folclore de la ciudad.