Opinión

Moneditas de oro


“No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo”, reza este refrán que más de alguna vez hemos escuchado de viva voz de alguien que parece importarle poco lo que opinan los demás en su contra. Pero en este caso me voy a referir a las moneditas doradas de baja denominación que circulan en nuestro país y que a pesar de ser como de oro, no le caen bien a todo el mundo.
No es una la ocasión en que he observado el desprecio que le hacen a una persona que paga lo justo con las moneditas. En muchas pulperías no las aceptan, los pulperos prefieren dejar de vender sus productos, simplemente argumentan que “ya no las agarran”. Pero eso no sólo ocurre en los pequeños negocios ni en el comercio informal, los grandes establecimientos también están menospreciando el dinero de bajas denominaciones.
Es cierto que en la cartera hacen demasiado bulto, entonces decidí entregarlas en una tienda de conveniencia en una gasolinera. Compré el periódico, el cajero las aceptó con un gesto de mala gana, aunque sin decir nada. Veinte minutos más tarde, una vez que leí el periódico, compré algo de comer con un billete, y cuál fue mi sorpresa que en el vuelto incluyó las mismas monedas que yo le había entregado. Entonces decidí pagarle con la misma moneda, compré otra cosa, para que él no se saliera con la suya y me aceptara el circulante.
Pero en todo esto de despreciar los chelines, los peores son los conductores de unidades de transporte colectivo. Éstos, cuando alguien paga los dos cincuenta córdobas con monedas de más baja denominación, sin el menor recato las agarran y las tiran por la ventana. Ahí es donde yo me pregunto, ¿qué se creen estos señores para despreciar el dinero de esa forma? Dinero es dinero y sólo el que se lo gana con el sudor de la frente sabe lo que cuesta. No vayamos lejos. Los vendedores de agua helada en los semáforos son centavos los que se ganan por cada bolsita que venden. Y de centavo en centavo hacen el día y, mal que bien, llevan el pan a sus hogares, si no, no estuvieran ahí todos los días bajo el sol o la lluvia, exponiéndose a que los atropellen, y las distribuidoras de agua en bolsitas ya hubieran quebrado.
Estas monedas continúan siendo válidas mientras el Banco Central no emita un decreto para retirarlas de circulación. Recientemente las noticias dan cuenta de la escasez de monedas en el país a causa del acaparamiento por parte de empresas de juegos de azar y algunas asociaciones de beneficencia. Pero además pienso que la mayor escasez se da por el desprecio a este material moneda, muchas veces vemos a los niños jugando con ellas o botadas en las calles.
Sé de personas que destinan un recipiente en su hogar para ir recogiendo los chelines y al final del año los cambian en el banco, aunque la cajera, muy elegante, ponga mala cara. De algún apuro lo puede sacar esta “guaquita” en una crisis económica en enero después de unas largas vacaciones. Otros completan el pago de los centavos en las facturas de los servicios públicos. Y eso no es pinchada, es darle el valor justo al dinero. Para muestra un botón: saquemos cuentas, cuánto ganamos al día para saber si podemos darnos el lujo de votar nuestro dinero. El salario mínimo promedio es de mil seiscientos cincuenta y tres córdobas mensuales, lo que se traduce en aproximadamente cincuenta y cinco córdobas el día, 6.88 córdobas la hora, once centavos de córdobas el minuto.
¿Cuántos minutos de nuestro valioso tiempo habremos botado al desechar estas monedas? Y quién fuera el Rico McPato para nadar en una piscina repleta de monedas, aunque sean de estas nuestras, los chelines, que al final de cuentas sí valen y son de oro, aunque no les caigan bien a todo el mundo.

*Periodista
Docente UNAN-Managua