Opinión

Justificación ideológica del gobierno a la represión contra la libertad de prensa


En un artículo de opinión, en la edición de EL NUEVO DIARIO del 18 de septiembre, un señor de apellido Díaz justifica la política represiva en contra de los medios de comunicación lanzada recientemente por el actual gobierno.
Por supuesto, Díaz esconde la parte medular de la política represiva del gobierno contra la libertad de prensa con sofismas muy simples que pretenden llevar a un ingenuo y supuesto debate entre el Estado y los medios de comunicación, del que se debe concluir que es necesario aplicar restricciones a la libertad de expresión por medio de controles fiscales.
Con el artículo del señor Díaz volvemos a comprobar que la ideología represiva de la reacción nunca puede ser brillante. En primer lugar, hay que poner de pie lo que Díaz ha puesto de cabeza. No es el Estado, sino el partido en el gobierno el que tiene contradicciones con la libertad de prensa, y es la capa burocrática en el poder quien define esta política que pone en cuestionamiento los derechos democráticos, empezando con la libertad de prensa. En segundo término, el Estado burgués como órgano político de dominación, se transforma y retrocede por la acción represiva del gobierno, de una forma avanzada y progresista (como es la República Democrática Parlamentaria), a una forma retrógrada (como es un régimen bonapartista que se sitúa por encima de las clases).
La tarea de cualquier socialista, en estas circunstancias, es la de impedir ese retroceso, y de luchar por la defensa de las libertades democráticas, no por principio pequeño burgués de aspirar a un ideal parlamentario de gobierno, sino porque la dominación del capital con un régimen democrático, en la medida que es menos represiva, abre mayores posibilidades para la organización y para la acción independiente de los trabajadores.
El señor Díaz, desprovisto de cultura política, sostiene la superchería común de idealizar al Estado como una entidad que representa, por su propia naturaleza, el interés de toda la sociedad. Da por sentado, en consecuencia, que cualquiera que sea la política trazada por el partido en el gobierno, esta política, al ser estatal, representa, sin mayor discusión, el interés de la nación. De esta forma, según su óptica, se hace innecesario calificar la política del partido en el gobierno. Díaz, desde que la burocracia que él defiende llegó al poder, concibe al Estado como una entelequia filosófica, abstracta y autosuficiente, a la que le corresponde una forma de actuar intrínseca a su naturaleza, y que participa en el debate sobre el rol de los medios de comunicación en la sociedad, como si el Estado, en lugar de un instrumento de dominación, fuese una entidad con una ideología propia, similar en todos los países de América y en todas las circunstancias políticas. La esencia de la posición de Díaz se resume en los siguientes cinco puntos:
1. El Estado considera que la libertad de expresión ha sido confiscada por los medios de comunicación, que se han convertido en voceros de una sola corriente de opinión, sin darles acceso a otros grupos sociales que representan los intereses de la mayoría.
Hay que decirle a Díaz que el Estado no considera nada, que es la burocracia la que torpemente piensa --según lo que cree el propio Díaz-- que la libertad de expresión se da en el seno de cada medio de comunicación privado, como si el medio fuese una entidad colectiva por su naturaleza, obligada a darle acceso a todos los grupos sociales. Y no comprende que la libertad de expresión es un derecho colectivo que viene determinado en la sociedad por la estructura política y jurídica, con la cual, la fracción de la clase dominante en el poder define, en cada coyuntura económica y social, el orden legal en que se reproduce la relación de producción entre las clases.
La libertad de expresión lo que permite es que los distintos sectores puedan, abiertamente, difundir su prensa y su programa de lucha.
Los medios de comunicación son instrumentos de propaganda política, como órganos de la lucha ideológica de las clases. Los sectores sociales se organizan en partidos propios, con carácter de clase, y conforman su propia prensa para adelantar una visión específica (legal o clandestinamente, según las circunstancias) sobre los grandes temas que enfrenta la sociedad, y que se abordan siempre desde posiciones ideológicas, en economía, en historia, en política, etc. La objetividad neutral de los medios de comunicación frente a una realidad contradictoria, caracterizada por la lucha de clases, es un disparate de la ideología reaccionaria pequeño burgués, propia de una burocracia que se sitúa por encima de las clases.
2. Los medios deberían, más bien, defender los intereses de la mayoría, precisamente por su propia naturaleza, dice Díaz.

Otra dosis de ideología pequeño burgués. Los únicos medios que deben defender de manera consecuente, y en toda circunstancia, los intereses de la mayoría son los medios editados y difundidos como instrumentos de organización y de lucha por esos sectores sociales mayoritarios, representados por el partido de los trabajadores.
3. La característica empresarial de los medios, que buscan el lucro comercial así como la publicidad de las grandes transnacionales ligadas al poder del norte, y su dependencia del mercado, le impiden la objetividad informativa de la realidad (escribe Díaz).
No hay más que frases sin sentido. En la sociedad burguesa cualquier iniciativa cultural está influida y soportada en su viabilidad financiera y comercial. Los medios a lo que deben aspirar es a ser coherentes con una teoría política y filosófica, que se corresponda con su visión social. La prensa no es únicamente un noticiero (que informe con objetividad un accidente de tránsito); sino que debe ser, sobre todo, un órgano de análisis y de propaganda política, incluso, partidario. La libertad es, precisamente, una oportunidad de difundir ideas políticas, en debate con las demás corrientes de pensamiento, para cautivar la imaginación y la conciencia de la mayoría, y poner a luz los intereses en conflicto a partir de la realidad concreta del momento.
4. Los medios han abandonado su objetividad periodística y se han convertido en sustitutos de los partidos políticos desprestigiados por el neoliberalismo.

Galimatías tras galimatías. Los medios no son sustitutos de los partidos; debieran ser el instrumento más depurado para presentar la estrategia y la táctica de cada partido, y las tareas del momento, conforme a los principios de cada partido.
5. Como emporios de la comunicación los medios se han desnacionalizado, por lo que ya no requieren el apoyo fiscal para sostenerse, y deben ser sujetos fiscales plenos (ley Arce).
¡Cuánta incapacidad de comprensión de los partidarios de la burocracia! La ideología no tiene carácter nacional, sino de clase. Por ello, hay organizaciones internacionales socialistas (cuyo himno utiliza la burocracia de este gobierno, sin comprenderlo), construidas bajo los principios proletarios, que trazan una estrategia internacional para incidir con toda la fuerza del proletariado mundial donde la contradicción de clase, en el ámbito de una nación, presenta mayores posibilidades de una victoria revolucionaria. Igual ocurre con las fuerzas reaccionarias, donde perciben que un ejemplo revolucionario puede ser un mal modelo de conducta para su dominación nacional. Obviamente, la prensa de cada sector social toma partido en esta lucha de intereses de carácter internacional.
Antes que aceptar la represión a la prensa burguesa, los trabajadores tendrían que exigir recursos y facilidades para el desarrollo de una prensa propia, consecuente con el socialismo.
*Ingeniero eléctrico