Opinión

El lado claro de los apagones


“The dark side of the moon” (El lado oscuro de la luna) es el título de uno de los mejores discos, una verdadera obra maestra, del grupo de rock-ópera, de origen inglés, Pink Floyd. La portada con su enigmático prisma refractando un rayo de luz estaba a tono con la colección de éxitos clásicos, es decir que nunca pasan de moda, como: “Money”, “Time”, “Breathe” y “Us and Them”. Acostumbrados a ver la superficie lunar reflectora de la luz solar no nos detenemos a pensar en lo bueno o bonito que puede tener el lado a oscuras de nuestro satélite.
Ahora que los nicaragüenses sabemos las causas reales de la crisis energética y los consecuentes apagones; hoy que resulta inobjetable el fracaso de la privatización corrupta y neoliberal de la energía; hoy por hoy, que la iniciativa privada nacional y extranjera ha obtenido alrededor de 500 millones de dólares de ganancias, pero ha demostrado incapacidad para generar suficiente energía y distribuirla adecuadamente; ahora, cuando ha tenido que intervenir el Estado (el gran salvador, tanto en Estados Unidos como en Nicaragua) reprendiendo a los monopolios privados de la generación y distribución de la energía, buscando soluciones prácticas de corto, mediano y largo plazo, con el apoyo de países solidarios como Venezuela, Cuba, Brasil, Irán y Taiwan; pues hoy, vale la pena escribir sobre algunas ventajas de los apagones para los seres humanos, en medio de tanto efecto negativo y pérdidas que producen a todos.
Cuando ocurre el apagón, nos alejamos de la caja tonta del televisor, lo cual es positivo desde todo punto de vista; es bueno para nuestra salud mental independizarnos aunque sea por unas horas de tanto programa enlatado, de la telenoticia roja, de los cursis “talk show”, de los mensajes violentos y esotéricos absurdos. Sin energía eléctrica o en penumbras la gente puede comer reunida en el comedor, sin ver televisión, lo que es de por sí todo un detalle.
Llega el apagón y no contamos ya con el equipo de sonido, el minicomponente, etc. entonces, la música no resulta un obstáculo para comunicarnos; el fanático de la música a todo volumen se sale de su mundo y está obligado a socializar comunicándose con los demás; el ser humano comprueba que no está obligado de por vida a escuchar música; los familiares pueden también comer liberados de todo tipo de música; los discos compactos, los MP3 y las cintas son relegados; el radiotransitor con baterías recupera su importancia de antaño.
Irrumpe el apagón, llamado “black out” en inglés --la lengua dominante de la aldea global-- y nos olvidamos de la computadora, ese aparatito casi esclavizante de adultos y niños; apartamos con mucho gusto de nuestras vidas a ese otro “invento de hombre blanco” o cara pálida (como diría un tío mío); el internet, los correos electrónicos, los foros, el chateo, los documentos adjuntos, la memoria flash, los virus, la propaganda virtual y el artículo de opinión por escribir dejan en paz nuestra existencia; las viejas y nuevas versiones de los programas de “Windows” y “Microsoft”, símbolos de la que fue hasta hace pocos días la fortuna multimillonaria más grande del mundo, sin lugar a dudas de origen sospechoso como todas las riquezas o capitales acumulados, y modelo del sueño americano capitalista y del éxito individual, así como de la lucha a muerte entre monopolios, desaparecen por un rato de nuestra vista.
Cuando no hay energía eléctrica cesan los videojuegos; los chavalos sin darse cuenta se ponen a salvo de esas máquinas cautivadoras e inculcadoras de violencia, de disparos, de golpes, de guerra, de pelea, de agresión, de ataque, de muerte; pero que están de moda, gustan mucho y son según la publicidad un buen regalo.
Se va la luz, como coloquialmente decimos en Nicaragua y si es de noche la gente sale a la acera a sentarse; curiosamente, si es de día o cuando hay luz, los vecinos no salen a verse la cara; pero en la oscuridad, la mayoría sale para no verse a los ojos; extraña forma de compartir la vecindad; la gente sale de la casa a compartir la oscuridad; cuando la luz regresa todos van para adentro.
El apagón obliga a vivir la vida; a descansar; a sentarte en una silla mecedora; a salirte al patio o a la calle a ver el bonito brillo de las estrellas, casi como en el campo; a olvidarte un poco de las deudas; a conversar con tus seres queridos; a tener tiempo para mecerte en una hamaca; a dormirte más temprano; a que la pareja se dedique su tiempo y haga la suyo, como está mandado, bajo la penumbra de las velas; a dejar de hacer cosas de la casa o del trabajo; a pensar en cómo vivían en la Edad Antigua, en la Edad Media o en la época precolombina sin luz eléctrica; a dejar de ver la manipulación o tergiversación de la mayoría de los programas de “análisis político”; a pensar con más calma por qué solamente los pobres pagan sus deudas e impuestos (porque sólo a ellos se les cobra puntualmente y bajo amenaza de abogados) y por qué frecuentemente los ricos, las compañías criollas o extranjeras no están al día con el pago de sus impuestos que indudablemente contribuirían a resolver la crisis energética del país.
En fin, al vivir o sufrir los apagones, sin obviar los efectos perjudiciales, nos damos cuenta que éstos tienen un lado claro, tan bueno como el lado oscuro de la luna.
*Radiólogo