Opinión

De cuando “Las Hormigas” se comieron “Sierra Uno”*


Participar en un asalto armado contra una madriguera repleta de guardias nacionales, en aquellos tiempos, a cualquiera sólo con pensarlo le podía dar canillera casi hasta el delirio. Pero esa noche de fuego graneado la embestida al cuartel G.N. de “Sierra Uno” llegó sigilosa y silenciosa, aunque de manera feroz, decisiva y sin pedir ni dar cuartel: eran las seis y cinco minutos de la tarde del día 9 de septiembre de 1978. Fecha de un septiembre hoy casi olvidado pero que fue glorioso y aleccionador en nuestro camino de guerrilla triunfante. Así como de un primer ensayo de insurrección general de la ofensiva final que menos de un año después daría al traste con la dictadura somocista y su sistema de sobrevivencia, binomio compuesto por una guardia armada y “el ejército del dólar”, a como lo llamó Carlos Fonseca Amador, jefe de la Revolución Popular Sandinista.
Pero… más que bien armados con un fusil o con varios, los hombres y la única mujer-poeta de esa escuadra guerrillera atacante designada como “Las Hormigas” iba equipada con una clara combinación análoga del pensamiento de Whitman y la acción del Che Guevara. Contingente totalmente determinado por la confianza entre ellos, el desprecio al egoísmo y repleto de amor a los demás. Y por supuesto que también iban armadas de un coraje individual que en suma formaba un colectivo casi invencible y a toda prueba, en aquel combate que sorprendió no solamente por su vigor, sino también por su enfoque correcto de hacia dónde debían apuntar los fusiles del pueblo, cuyos resultados estaban aún por verse y decidir su suerte, sin importarles quiénes iban a vivir o a morir por la noble causa que las aglutinaba.
“Las Hormigas” en su disposición resuelta y sin ninguna duda iniciaron su asalto con el primer toque de corneta durante la ofensiva de aquel día. Y hoy como ayer, y casi con un remordimiento inútil de jefe obligado a tomar decisiones difíciles de entender, sigo pensando en lo peliagudo que aquello debió significar para una tropa que por su composición social, su número y su aparente falta de experiencia en afrontar aquellas veredas escabrosamente mortales, se percibía preocupantemente inferior a sus enemigos, los que por el contrario atrincherados, estaban muy bien armados, eran desalmados y criminales de profesión con todo lo que eso podía significar en aquel trance por demás riesgoso.
La ofensiva final de la concepción insurreccional que se había iniciado en octubre de 1977 tenía como una primicia sine qua non el combate diario y sostenido donde participara todo el pueblo sin distinción de color, clase social, credo político o religioso, en un afán sin precedentes de participación nacional. Esto para que no solamente derrotáramos a la dictadura, sino también para terminar con la exclusión que como un cáncer ingrato nos venía carcomiendo desde los tiempos de la supuesta independencia de 1821. Fue ése precisamente el espacio histórico por donde la mayoría de estos compañeros de “Las Hormigas” se metieron para estar allí, jugándose la vida en aquel combate que sería sorprendentemente el único objetivo militar que aquí en Managua se alcanzaría de forma absoluta. Llegando inclusive a registrase en transmisiones de combate por parte de la cadena de mando de la Guardia del dictador que de forma lapidaria repetía: “No insistan en transmitirle, que ‘Sierra Uno’ dejó de existir”.
Mucha sangre de santos y de héroes del Frente Sandinista quizás borrados de la memoria corrió en esa primera insurrección que partió en dos la historia nueva. Algunos sobrevivimos a ella y otros no, como Ernesto Castillo, caído en León, y Ulises Tapia en Masaya. Modelos entre miles que fueron testimonio de la voluntad de una generación que en verdad puso de moda el dar la vida por la patria y por los demás.
En su victorioso asalto militar a “Sierra Uno”, “Las Hormigas” sufrieron dos heridos más o menos leves. Después, junto al pueblo también tuvieron otros combates y otras victorias antes de llegar a la culminación de todas el 19 de julio de 1979. De tal manera que aunque sea de forma rápida y atropellada, quiero recordarle al pueblo de Nicaragua y especialmente a su juventud toda, y recordarnos a nosotros mismos, los sandinistas, que hubo un septiembre genuino en el que el Frente Sandinista combatió y derrotó al enemigo sin antes haberlo invitado a venir a casa y por caza. Lo que debe ser motivo de gran orgullo nacional y no de una afrenta penosa ni de olvido vergonzoso.

*Miembros del Comando “Las Hormigas”:

Leonel Bóveda S; Dionisio (Nicho) Marenco; Javier (el Cachorro) Chamorro; Alejandro Carrión M; Daysi Zamora; Carlos Schutze (herido en un brazo), Bernardo (Pichel) Chamorro (herido en una pierna), Constantino (Toto) Lacayo; Pier Peñalba; Alfredo César; Otto Mierish y Paul Bush. Además de un compañero diriambino del que no pude establecer su nombre. Por esto y si acaso alguien me faltó o me sobró pido indulgencias. Porque tampoco la premura es pretexto justificable cuando se trata de la historia que nos condujo a ésta que apenas está comenzando.

En Palmira, septiembre 2007.