Opinión

El jolgorio de los Procopios


Esta mañana los caminantes fueron invitados por Neville Cross y María Elsa Vogl a desayunar copiosamente en la Mansión Teodolinda. Además de nosotros el de Managua y el de Masatepe, llegaron Roberto Currie, Enrique Alvarado, José Antonio Sanjinés, Armando Alvarado, Doña Dorita, Lagartoparado y Caresol, todos del gremio de los caminantes. La sorpresa fue que además de los anfitriones, ahí estaban Michéle Najlis, Carlos y Rosa Carlota de Tünnermann, Henry Ruiz, María López Vigil, Dora María Téllez, Alejandro y Giovanna de Serrano, Sergio y la Tulita, Danilo Aguirre y la Albita, y nada menos que Don Procopio y Doña Procopia como invitados especiales, quienes se habían logrado escapar de su casa en San Judas, en un descuido de Onofre Guevara, precisamente porque éste fue el tema principal de conversación y su ausencia se consideró necesaria para no ruborizarlo.
En cuanto María Elsa, con su peculiar ternura, y Neville, con su peculiar parquedad, terminaron de dar la bienvenida, se procedió a atacar aquel desayuno tan delicioso que, según alabó Caresol, hacían falta cuatro manos para darle su merecido final. Michéle no se quedó atrás en alabanzas, aun cuando con tono malicioso le dijo al de Managua que lo único que le faltaba a ella, eran Las Rellenas. Todos, que estaban en el secreto de ese antiguo asunto, sonrieron, hasta Roberto Currie quien a pesar de no estarlo no solo sonrió, sino que rió con su acostumbrada alegría. Sobre las pláticas de la semana anterior Enrique Alvarado dijo que el título debió haber sido Prohibir las reencarnaciones, para evitar, por decreto, las de Juan Domingo y Evita; la de Mefistófeles en Bayardo; la de Tomás en el tibetanito secuestrado; y la de Dorian Gray en Carlos Tünnermann. De inmediato, éste sí que ruborizado, le ripostó a Enrique que no siguiera, porque si en su momento se hubiera prohibido la reencarnación del Caballero de la Triste Figura, él, Enrique, no existiría. Como Dora María se estaba riendo a sus anchas, azorado Enrique le recordó que de ella ya se había dicho que era la reencarnación de Juanita de Arco, alusión que produjo en María López una incontenible hilaridad, solo interrumpida cuando el de Masatepe agregó que, si de reencarnaciones se trataba, no había que olvidarse que Orlando Núñez era la de Pinocho, por el Guinnes Récord en mentiras obtenido por su escrito sobre el Asalto, tema que, intervino el de Managua, molestó a Edén Pastora al sentirse excluido, pues creyó que su título era el de Asalto al Palacio Nacional.
Así de apacible transcurría aquel desayuno cuando Danilo Aguirre dijo que, pese a que Onofre era abstemio, había que entrar en materia. Doña Procopia tomó la palabra: “Sí, porque vieran lo que nos ha costado salir de Onofre este ratito y que no se diera cuenta. Aunque la verdad es que ya por ratos se le olvidan las cosas. Con decirles que la otra vez nos dejó en un disquette olvidados en un bus, y tuvo que regresar a nuestra casa y para reconstruir la historia recurrió a la memoria de Procopio. Porque no se vaya a dejar de creer, la verdadera memoria de Onofre, somos nosotros”. Don Procopio, ya impaciente, dijo: “Algunas veces tu modestia es más apabullante que el silencio de Henry Ruiz. Pero como no se trata de estar ironizando, vamos al grano: Mañana viernes 21 de septiembre, en el Instituto de Historia de la UCA, a las cuatro de la tarde, se presentará el libro que le escribimos a Onofre Guevara López, con el título de Cien años del movimiento social en Nicaragua. Es cierto que lo hicimos entre los tres, es decir, que Onofre tomó parte algunas veces, pero lo que nos costó hacer que Onofre nos sirviera de testigo ocular de un siglo de luchas obreras fue, como diría la Procopia, una tarea de titanes como nosotros, con perdón de Henry, pues la falsa modestia de nuestra parte sería sinónimo de vanidad”.
Sergio Ramírez quedó viendo capcioso a Henry, pero éste ni se inmutó, por lo que aprovechando el momento, Doña Procopia volvió a tomar la palabra: “Callate ya, Procopió, y no me volvás a interrumpir, porque entonces te acuso con el Movimiento Feminista y la Red de Mujeres. El caso es que venimos aquí para decirles que todos ustedes, los que están en este desayuno y los que leerán la crónica del de Managua, están cordialmente invitados a esta presentación que será un homenaje al Movimiento Obrero de Nicaragua con motivo de la aparición de este libro. Hablarán Margarita Vannini, como Directora del Instituto de Historia; José Luis Rocha Gómez, leerá su prólogo al libro; Danilo Aguirre dirá unas enjundiosas palabras, y cerrará el acto, en nombre de todos nosotros los pobres del mundo capítulo de Nicaragua, nuestro personaje Onofre Guevara López”. Cuando se despidieron Don Procopio y Doña Procopia iban felices como dos tomates de la mano, a falta de Onofre, apoyándose el uno en el otro.

Jueves, 20 de septiembre del 2007