Opinión

La guerra de Irak: muertos, heridos y refugiados


A principios de 2007, en Irak existen al menos cuatro ejércitos preparados por los norteamericanos. Uno en la sombra, del que nunca se habla, que está siendo adiestrado en secreto en el desierto jordano por los norteamericanos. Luego está el ejército privado del ex primer ministro Ayad Alaui, por el que los norteamericanos nunca han dejado de apostar y que posiblemente sucederá al actual primer ministro Nuri al-Maliki, considerado poco menos que un títere de los norteamericanos, que se está preparando en el antiguo aeropuerto militar de Al Muthanna. Además, están los peshmerga kurdos y, finalmente, las tropas del Ejército de Estados Unidos. La única certeza acerca del gobierno “moderado” que Washington está intentando instalar es que sería más dependiente aún de Estados Unidos que el de Nuri al-Maliki.
Por otro lado, las estimaciones de las fuerzas irregulares de las principales milicias chiíes: Ejército del Mahdi ligado al clérigo radical chií Múqtada al Sáder, de aproximadamente 50,000 miembros, y la Organización Báder, de poco más o menos de 10,000 miembros. A esto se suman los cerca de 20 grupos menores (la Brigada Furiosa, los Batallones de la Revolución de 1920, el Ejército Islámico y el Ejército Mujahedin, etcétera), incluyendo a los suníes y los yihadistas.
Para septiembre de 2007, el número de soldados estadounidenses muertos en Irak ascendió a 3,774, 801, más que las víctimas fatales en los atentados terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Pero el número de heridos de gravedad supera de lejos al de muertos. La Administración de Beneficios a los Veteranos informó que más de 150,000 ex soldados reciben pensiones por invalidez. El Informe Baker-Hamilton señaló que el 61 por ciento de los iraquíes estaban a favor de los ataques armados contra las fuerzas dirigidas por Estados Unidos, según los resultados de varias encuestas de opinión fiables.
Los avances en tecnología militar han mantenido en Irak el número de muertos a un nivel mucho menor que en la guerra de Vietnam (1965-1975) y que en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) debido al uso de las láminas blindadas que protegen el pecho (pulmones y corazón), explicó el médico militar estadounidense Vito Imbascini, pero subrayó que los soldados que sobreviven por lo general quedan con daños físicos severos de por vida.
Las muertes, la sangre y la sensación de mayor inseguridad seis años después del 11-S, e imágenes como las de miles de heridos físicos y mentales volviendo a casa --más estadounidenses han regresado de este conflicto amputados que en cualquier otra conflagración de este país desde la Guerra Civil--, están nutriendo la impaciencia de la opinión pública norteamericana, de políticos y expertos en el asunto.
Desde el inicio de la guerra contra Irak dos millones de iraquíes huyeron al extranjero y 1.7 millones de personas más a otros sitios dentro de su país. Pero Estados Unidos asignó para todo el año 2007 a la asistencia humanitaria menos dinero del que gasta en un solo día de guerra. El gobierno de Bush, que eroga alrededor de US$ 482 millones diarios en operaciones militares en Irak, reservó apenas US$ 20 millones para la ayuda bilateral humanitaria de todo este año 2007, informó al Senado norteamericano la subsecretaria de Estado asistente, Ellen Sauerbrey.
Unos 100,000 iraquíes huyen de su país todos los meses, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que pidió US$ 60 millones para 2007 con el objetivo de atender la crisis. En circunstancias normales, la agencia esperaría que Estados Unidos suministrara la cuarta parte de ese dinero, pero organizaciones humanitarias reclaman un aporte mucho mayor, dado la responsabilidad de la potencia norteamericana en la situación de Irak. “Con dos millones de iraquíes fuera del país y otros 100,000 yéndose cada mes, ésta es la crisis de refugiados de crecimiento más acelerado en el mundo”, dijo el estadounidense Ken Bacon, presidente de la organización no gubernamental Refugiados Internacional.
Otra gran cantidad de iraquíes, entre 40,000 y 50,000, abandonan sus hogares y se dirigen a otros sitios más seguros, indicó Bacon, sobre la base de estimaciones de ACNUR. “Estados Unidos tiene la obligación especial de ayudar, pues la violencia en Irak y el crecimiento del contingente de desplazados fue provocado tras nuestra invasión y ocupación”, dijo Bacon al Comité del Senado. “Dado nuestro rol en el conflicto, deberíamos considerar duplicar nuestra contribución normal para los refugiados iraquíes”, agregó.
Mientras tanto, la reputación global de Estados Unidos ha caído considerablemente el último año, según una encuesta mundial difundida por el servicio exterior de la BBC. El sondeo británico, en el que participaron 26,381 ciudadanos de 25 países, indica que casi tres de cada cuatro personas condenan la gestión del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en el conflicto iraquí. Para septiembre de 2007, más del 60% de los estadounidenses quiere que se establezca un cronograma para el retiro de las tropas, según la última encuesta de Gallup. Más que nada, el público desea ver el final del conflicto, o por lo menos un plan para salir del desastre.
Una encuesta hecha en Irak por ABC News/BBC/NHK reveló que 65 a 70 por ciento de los iraquíes dice que el incremento de tropas norteamericanas ha empeorado la seguridad, la estabilidad política y avances en el desarrollo económico en su país; 57 por ciento considera que la violencia contra fuerzas estadounidenses es aceptable --un alza de seis puntos-- y 47 por ciento desea el retiro inmediato de tropas, un aumento de 12 puntos desde comienzos del año.
Mientras tanto, muchos oficiales de Estados Unidos en Irak saben que mientras ganan cada batalla táctica, están perdiendo estratégicamente. Sin embargo, no será sencillo que Estados Unidos retire su ejército de Irak en forma voluntaria. La única manera será mediante la resistencia de la “guerra asimétrica” que obligue a su expulsión.
Informes de agencias federales como la Government Accountability Office (GAO), el Servicio de Investigaciones del Congreso y una comisión independiente de ex altos oficiales militares pintaron un panorama pesimista, concluyendo que el gobierno de Irak es “disfuncional” o está al borde del colapso, que las fuerzas iraquíes no podrán asumir el control de su país por otros 18 meses, mientras este verano ha sido uno de los más sangrientos de la guerra y que está estancada la recuperación económica del país.