Opinión

Los costeños no somos “pobrecitos”


A propósito, es de la misma manera como ven los europeos y los blancos, principalmente de otros países, al continente africano. Será porque se sienten culpables y para librarse de esa culpa abren sus chequeras. Nosotros no estamos a ese nivel, pero tampoco estamos tan lejos.
La Costa Atlántica no es pobre, gracias a Dios. Somos sobre todo ricos, con muchos recursos. En mi Bilwi y sus pueblos cercanos se come bien los tres tiempos, gracias al trabajo artesanal de las familias que pueden salir a pescar y sembrar su yuca, banano, arroz, etc. La gente al fin y al cabo nunca ha contado con el gobierno de Managua, y con este desastre natural se va a repetir la misma historia: vamos a tener que maniobrar el Duri Tara en medio de la tempestad y reconstruir nuestras vidas.
El nivel de ignorancia sobre la mitad del territorio nacional sólo acentúa y explica nuestra pobreza como nación en desarrollo y pone freno a todo concepto y proyecto de desarrollo nacional.
Debemos tener claro que Nicaragua sin la Costa Atlántica sería más pobre. La posibilidad de que Nicaragua se encamine a un futuro de desarrollo es inconcebible sin la participación de los miskitos, garífunas, mayangnas, mestizos, ramas, criollos y el aporte que sus ríos, mares, tierras y cielo traen a diario al arca del país. Por lo tanto, cuando donen algo para las víctimas del huracán “Félix” háganlo por altruismo o por necesidad de conciencia nacional. En todo caso digan que van a abonar a la deuda que tiene el Pacífico con la Costa Atlántica, cuyos gobiernos nos han retenido por decenas o centenares de años recursos económicos que les corresponden a nuestras comunidades.
No quiero hacer política, pero las víctimas dicen con sus restos que este desastre tiene una dimensión política y social. Desde que yo tengo conciencia de mi existencia he visto y recuerdo que los partidos políticos nos ven sólo dentro de la dinámica de sus necesidades de llegar al poder. Para eso ellos han impuesto sus estructuras rígidas por encima de toda organización comunal negándonos de esta forma la participación directa en las esferas del poder. Gracias al servilismo de muchos de mis propios hermanos creo que hemos perdido el margen de oportunidad que teníamos para reagruparnos organizativamente y presentar ante la nación nuestras demandas como un solo bloque con un consenso global que permita el desarrollo económico de la región. Por esa ausencia en las estructuras de poder es que no se ha podido construir escuelas decentes, caminos para mejorar la economía, transporte público, clínicas de salud para salvarles la vida a los niños, ancianos y mujeres embarazadas, quienes corren los mayores riesgos ante las epidemias.
Por desgracia, todos los políticos tienen sus precios, y parece que en la Costa Atlántica están en permanente rebaja. Tengan en cuenta que la política y el tráfico de droga son los mayores empleadores en nuestra región, y con la caída de la droga sólo nos espera ver más políticos. La respuesta de muchos es que necesitan trabajar, lo que es compresible. ¿Pero, acaso no le hacen menor daño al país lavándoles los platos a los gringos o chinos en lugar de servirles a estos políticos que no se sacian de robarle al país?