Opinión

Del nocturno desfile patrio y otros más


En 1989 fue mi primer desfile en honor a estas festividades tan significativas y llenas de tanto patriotismo que conmemoran aquel 14 de septiembre de 1856, donde el coronel José Dolores Estrada, al mando de tropas nicaragüenses acantonadas en la Hacienda San Jacinto, le propinó una derrota militar significativa a las tropas filibusteras de William Walker, al mando del yanqui Byron Cole, representando esta heroica acción militar una veneración patriótica por parte de los nicaragüenses y que hoy identifican a la Nicaragua libre con aires de grandeza.
Por bendición de Dios me tocó venir a este mundo ya en la recta final de la dinastía somocista, de la cual como nicaragüense me siento sumamente identificada porque por naturaleza, no sé si biológica o cultural, a los nacidos bajo cielo nica no nos gustan los políticos totalitarios e inescrupulosos, ni mucho menos una tiranía sanguinaria, sino más bien desde nuestras raíces llevamos aires de libertad, soberanía e independencia y a pesar que hemos sido objeto de abuso, explotación y saqueo por parte de naciones avaras que bien se mancomunan con políticos entreguistas, siempre hemos luchado porque estos déspotas no dominen nuestra Nicaragüita.
Traigo a luz mi identidad patriótica porque aunque hoy no me toque vestirme con los colores de mi bandera, azul y blanco, para ir a una plaza a marchar honrando amor a la patria y conmemorando aquel ilustre día, me llena de mucho asombro y espanto ver que el Presidente de los y las nicaragüenses ha hecho de esta celebración una diversión nocturna, la cual al igual que yo, pienso que una gran mayoría reprocha el saber que su hijo en edad adolescente tendrá que marchar no bajo el cielo azul que nos baña sino bajo “una noche oscura” en que nos sumergen diariamente, porque una vez más fuimos vendidos y somos saqueados por una trasnacional que lo único que nos ha hecho desde que supuestamente licitó en el país en 1998 (siendo esto ilegal porque no había competencia, ella era la única empresa en licitación) es explotarnos con la aprobación de los entreguistas.
Entonces calculando la hora que nuestros futuros profesionales tendrán que regresar a sus casas, todo dicta que no será menos de las 8:30 de la noche, bajo las oscuranas y sangrientas noches que nos toca vivir en cada barrio de Managua como si esto ya fuese el pan diario de todos. Y esta hora todavía es temprana calculando que al señor Presidente se le ocurra llegar al acto en tiempo y hora, es decir 6:00 pm, hora citada para el comienzo del desfile escolar, ya que el comandante Ortega ha hecho una costumbre religiosa “aparecer” en cada actividad pública muy impuntualmente, atribuyéndose no sé qué simbolismo o importancia de todopoderoso, asemejándose en gran manera, según las crónicas que he leído, a las llegadas impuntuales del dictador Anastasio Somoza García a la Tribuna Monumental, lugar que hoy ocupa la Fuerza Naval, siendo en ese entonces utilizado para el desfile escolar. Y por si esto fuese poco, llegaba vistiendo un uniforme lleno de condecoraciones que él mismo se inventaba.
Quizás es prematuro afirmar que los próximos cinco años y tres meses que le faltan gobernar al comandante Ortega, seguirá el ritmo que desde el 10 de enero del corriente evidenció al hacer esperar en el acto de toma de posesión más de dos horas a diferentes personalidades, poderes del Estado, así como invitados especiales, entre los que destacaban un príncipe, presidentes, embajadores, etc. Y por si esto fuera poco, no sólo retrasó la hora del traspaso de mando sino que también transgredió las principales normas y estatutos que rigen nuestro Protocolo de la República para este tipo de eventualidades.
Es desde el 10 de enero que, a mi juicio, nada de lo que desarrolla nuestro Presidente lleva la importancia de orden y disciplina, algo que debería caracterizarlo no sólo por ser la máxima personalidad del país, sino por el grado honorable que lleva de “Comandante”, pues es bien sabido para todos la disciplina y orden que debe tener un militar.
Y si no miremos cómo se resta importancia a celebraciones importantes como el acto del 28 de aniversario de la Policía Nacional, el cual, pensé antes de conocer la hora del desfile patrio, había sido lo máximo en burla a personalidades, invitados especiales y medios de comunicación, porque no sólo se pospuso el día de su celebración, sino que el día que se realizó se caracterizó por ser una velada nocturna que comenzó a las 8:30 pm y terminó a la medianoche. Esto es algo que ha caracterizado al señor Ortega desde el inicio de su mandato, no sé si es que vive demasiado ocupado, o si es algún tipo de rito nocturno a cumplir en cada aparición pública. Si es que vive demasiado ocupado podemos tomar el ejemplo de Moisés que al no poder con los problemas de tan numeroso pueblo, Israel, comenzó a delegar responsabilidades de trabajo en hombres doctos en sabiduría, entrega y disciplina. ¿O es que se ha tomado el poder centralizado? De esta forma no dará abasto y la imagen pública irá más en detrimento al no gobernar con sobriedad, equidad, juicio, justicia y sabiduría.
De igual forma echemos un vistazo a lo que le toca vivir a cada periodista de los diferentes medios de comunicación, no sólo les fue suspendida la publicidad estatal, sino que también tienen que esperar largas horas en las conferencias de prensa para que el señor Presidente y su esposa aparezcan; igualmente están sujetos al horario arbitrario, injusto y sin razón en que son llamados a conferencias de prensa, casi siempre horas de almuerzo y/o fuera de horario, esto es 6:00 pm en adelante, y para cerrar con broche de oro aguardar otras horitas más por cada discurso.
Al recordar la emoción que viví hace 18 años en la Plaza de la Revolución en mi primer desfile patrio, me motiva llamar al orden y a la sobriedad a todas las autoridades que nos presiden, desde el Presidente, ministros, diputados, alcaldes, etc. para que gobiernen, promuevan y aprueben leyes con cordura, justicia y valores humanos de respeto a la dignidad y a la moral del prójimo, donde no les sean transgredidos sus derechos y su libertad de pensamiento, así como de expresión y juicio.