Opinión

Volver a nacer


Hoy será con los pies mojados, hundidos en la arena, viéndolos llegar a la orilla, de noche. Hoy, al final de las Fiestas Patrias, será con ellas, las mujeres en la arena de la Costa, con las manos en la boca, poniéndose de puntillas, reprimiendo la voz, mientras se acercan las barcazas con los hombres tendidos. Hoy, al final de la patria, a uno sólo le sale esta oración, con disculpas por la torpeza de no poder decir y hacer todo lo que uno quisiera. Ya lo dijo una mujer que volvía de comprobar si alguno de sus familiares estaba entre los muchachos que habían rescatado en los Cayos. Le contestó a un periodista la torpe pregunta de: “¿Y si están muertos, señora?” “Pues que vuelvan a nacer, sólo pido eso”.
Hoy será también en los semáforos, donde la viejita de siempre aún espera el peso de un carro que pase. Y han pasado muchos años, y ella es de siempre, su mano alzada y la otra apoyada en un bastón. Han cambiado los gobiernos durante más de dieciséis años, y ella es de siempre, ahí en los semáforos de don Bosco.
Hoy será en las aulas de la Universidad de Ingeniería a oscuras, alumbrándose con lámparas para mirar los folletos que les pasan los profesores porque allí sin luz, no todos dan la clase, y los que las dan hasta que asustan hablando en medio de la oscurana.
Hoy será en esa maestra de 86 años que sigue haciendo magisterio a diario y que recibió un premio a su carrera y su ejemplo hace muy poco en Masatepe.
Hoy será en los pequeños negocios sin planta para apurar la luz, las fotocopiadoras que se aglutinan al lado de las universidades, las pulperías con mantenedoras, etc.
Hoy no será en las mentiras del crecimiento de la inversión extranjera en la que se da prioridad a la industria textil de la mitad pacífica, que a su vez oculta la decimonónica esclavitud de las zonas francas, con la que se están llenando las bolsas empresarios y quienes les permiten, recibiendo su buena parte de ganancia, la cual no se refleja en ninguna subida salarial de esa irrisoria cantidad con la que mantienen la pobreza de miles de nuestras mujeres y jóvenes, y con todo, se sigue defendiendo como única salida al desempleo.
Hoy será en la hora de salida de las mujeres de la zona franca, agolpándose en los buses de vuelta a los barrios y a la casa.
Hoy será esperando comunicarnos, saber de los desaparecidos, los que todavía no llegan, y el corazón te dice que están con vida, pero las horas que pasan te los niegan. Hoy será en la ilusión de pagar con doble dosis de recuerdo el inmenso olvido hacia el pueblo miskito.
Pero hoy no será no en los labios de los que acomodados se llenan la boca con la frase hecha de… “nuestros hermanos de la Costa Atlántica”, hoy será no donde deciden la inversión y la infraestructura para la Nicaragua del Pacífico, la única que existe y ha existido en la conciencia política y mediática, porque en esas decisiones muere la posibilidad de contar algún día con una ruta decente que una el Pacífico con el Atlántico, para reactivar la vida y el comercio de esa vena crucial para el futuro del país.
Hoy será en el estupor con que recibimos a diario la auténtica epidemia del abuso sexual a menores en nuestro país. Hoy será en el silencio de las casas donde esto ocurre, y en el de las autoridades que no emprenden una acción más enérgica, para terminar convirtiendo un sistema de silencios en una complicidad criminal.
Hoy no será en las banderas, ni en la flor nacional, ni en los himnos, ni en toda esa simbología que ondea desde los carros y camionetas pero que a veces se queda hueca.
Hoy será en las decenas de hombres y mujeres que llegan en un avión deportados de Estados Unidos, los cuales alegan “ser de origen nicaragüense”. Hoy será en la mujer chinandegana, perdida en el desierto de la frontera entre Méjico y Estados Unidos desde hace días, y confundida con otra mujer de apellidos similares que sí apareció con vida, a la que un coyote dejó en la estacada después de embolsarse los 5,000 dólares del paso hacia la nada.
Hoy será en los trabajadores de Costa Rica, o en los que cada vez más buscan otros países de Europa para salir de la crisis.
Hoy será no en las puertas cerradas de la Asamblea Nacional a partir del mediodía, ni en los pactos inciertos, ni en las dudas del gobierno.
Hoy será en las camas de hospital, en el mismo número de camas de hospital que desde hace tres décadas se desmorona sin sábanas ante una población quintuplicada.
Hoy será en el estancamiento, en la falta de seguridad, en las balas perdidas que asolan como un destino fatal la vida de nuestros barrios, en las cárceles repletas de las consecuencias de la falta de todo.
Hoy será nuevamente en la ribera del río Coco, en Waspam y en Bilwi, también en el Bluefields no damnificado del huracán, pero sí del mismo olvido.
Hoy será en la mentira de las fronteras que nos separan de una tierra llamada Honduras, cuando allí se abrigó la muerte de decenas de nicaragüenses, muchos de ellos miskitos que fueron a dar allá tras el paso del huracán por el río Coco.
Hoy será en la llama que nos traen de esos verdaderos hermanos de tierra con los que juntos Centroamérica entera se liberó del colonialismo.
Hoy será en el partido de fútbol que ayer jugaban sin luz veinte contra veinte y una sola pobre pelota allá por Acahualinca, golpeándola como si fuera a la mala suerte, y las cuarenta gargantas alzando la risa y la pasión de su propio futuro.
Hoy será en la mujer amada, que promete volver dejando seguridades y cosas en otro país, porque en ningún otro lugar del mundo es más feliz que bajo su palo de mango en un patio de Managua, a pesar de todos los pesares.
Hoy será en todos nosotros. Y si hay dolor, y si hay desesperación, y si está muerto, hoy sólo cabe pedir volver a nacer, de lejos y de cerca, al final de la patria, con el deseo incierto todavía porque aún está oscuro, esperando que el mar devuelva el cuerpo de lo más querido. Disculpen por no hacer más que repetir una oración al final de la patria, la que la misma mujer rezó sobre la arena de la costa.
Hoy será en un país, esta tierra que tiene la reserva de la herencia más grande de alegría para volver a nacer de sí misma. Se lo dice alguien que cree haber nacido dos veces, que volvió a nacer en Nicaragua.
franciscosancho@hotmail.com