Opinión

Investiguemos nuestra historia


Durante el mes de septiembre celebramos las Fiestas Patrias sin reflexionar con profundidad en las mismas. Por ejemplo, sin el 15 de septiembre de 1821 no existiría la celebración del 14 de septiembre de 1856, ya que el afán filibustero era convertirnos en una colonia de los Estados Unidos de Norteamérica, primero a Nicaragua y después al resto de los países centroamericanos. Pero esta verdadera dimensión de los hechos que sucedieron en el siglo XIX no se la explican bien a los estudiantes en nuestras escuelas.
Recientemente realicé una pequeña investigación periodística para saber si los jóvenes de Nicaragua tienen conocimiento de nuestros héroes y próceres nicaragüenses y de nuestra historia en general, y me llevé la gran sorpresa que muchos de mis entrevistados, alumnos de secundaria y estudiantes universitarios, desconocen hasta el nombre de nuestros ilustres antepasados forjadores de la nacionalidad nicaragüense, llegando a decir que Andrés Castro es un pitcher desconocido, y que no conocen al diputado José Dolores Estrada porque no tienen tiempo de ver las noticias.
Esto nos indica que existe un serio problema con la enseñanza de nuestra historia, lo que produce apatía e ignorancia en los futuros dirigentes de nuestro país, y por consiguiente pueden cometer los mismos errores que nuestros antepasados.
Margarita Vannini, Josefina Vigil y Antonio Esgueva Gómez, tres educadores e investigadores del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana, coinciden en que se hace necesario revisar con urgencia la enseñanza de las Ciencias Sociales, y en especial la que se refiere a la Historia de Nicaragua.
Éste es un esfuerzo no sólo de las autoridades del Ministerio de Educación, sino de la sociedad en su conjunto, ya que si no ponemos atención a esta situación estamos frente a una gran pérdida de nuestra identidad nacional, que es tan importante en estos tiempos de globalización. Tan importantes son el desarrollo económico y nuestra inserción en la economía mundial como mantener nuestros auténticos valores culturales.
Los países desarrollados tienen gran respeto por su historia, y es por eso que son grandes en su economía y en el respeto a las instituciones, porque han aprendido de sus errores y de sus aciertos, los cuales transmiten de generación en generación.
Creo que en Nicaragua se tiene que cambiar la forma de enseñar nuestra historia. Tenemos que hacerla más atractiva para que los niños, jóvenes y adultos la encuentren más interesante y no aburrida, ya que la historia no es solamente nombres y fechas, sino hechos que construyen nuestra nacionalidad. Si se enseñara con espíritu de investigación y análisis para que los estudiantes se formen su opinión y, como dicen los educadores del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana, presentar diversos puntos de vista de nuestra historia y enseñar que no hay verdades absolutas, sino perspectivas diferentes dependiendo de quien las escribe. Recordando a José Coronel Urtecho: “Lo típico es lo propio, visto con ojos de extranjero. Lo auténtico es lo de uno cuando se mira con los propios ojos”.
*Director del programa “Danilo Lacayo en vivo”
abogado