Opinión

Solidaridad entre hermanos y demandas a la clase política


Nueve años han transcurrido desde el huracán Mitch --tiempo mismo de existencia de la Coordinadora Civil, cuya semilla se sembró en aquellas circunstancias difíciles--. Ahora es tiempo del huracán “Félix”.
Parece que el tiempo no ha pasado, nuevamente la pobreza queda al desnudo.
En centenares de documentos y discursos se habla del 80% de las personas que viven en situación de pobreza y un 40% en pobreza extrema. Y de la desnutrición de los niños y niñas menores de cinco años. Y la mortalidad infantil y la materna. Y los 600 mil que están fuera del sistema educativo. Y el limitado acceso a los servicios de salud, agua potable y energía eléctrica. El déficit de viviendas. Y nos acostumbramos a los porcentajes, a las cifras, a los discursos. Y a las elites de la clase política en los poderes del Estado no les hace mella la situación. Tampoco al gran empresariado de este país. Entre todos ellos, que no son muchos, se distribuyen casi el 40% de lo que se consume a nivel nacional.
Y también se dice hasta la saciedad que los mayores índices de inequidad, de pobreza, están concentrados en la Costa Caribe, en las zonas rurales, y que los niños y las niñas son los más pobres de los pobres.
Y frente a la desgracia que nuevamente nos pone en la cara, frente a frente, la pobreza, se produce consternación, titulares de los medios, los diputados en un acto heroico “donan 500 dólares” para los damnificados y nuevamente el gobierno se activa, los partidos políticos se culpan entre sí, se activa la cooperación, nuevamente salta el tema de la gestión de riesgos, la prevención de desastres, los foros, las poses y las fotos.
Hasta cuándo vamos a continuar con este círculo de pobreza, de miseria y de cinismo.
Es tiempo de sacudir nuestras conciencias, asumir nuestras responsabilidades ciudadanas, empoderarnos de nuestros derechos y exigir a las elites políticas y económicas la transformación del sistema político, económico y social, que es excluyente, inequitativo y concentrador de la riqueza y el poder en pocas manos.
Es tiempo de que con el liderazgo del gobierno, que debe ser incluyente y generador de consensos, nos involucremos todos, la clase política, los sectores económicos, los organismos de sociedad civil y la cooperación, y nos dispongamos en función de:
1.- Consensuar un Plan de Desarrollo Nacional y Planes de Desarrollo Territoriales (regiones autónomas, departamentos, municipios), que posibiliten la inversión necesaria, la generación de empleos y condiciones dignas de vida, y de trabajo de los y las nicaragüenses.
2.- Consensuar verdaderas e integrales estrategias-programas de reducción de los vergonzosos niveles de pobreza. A la fecha, dichas estrategias han sido ineficaces.
3.- Reestructurar la ilegal y onerosa deuda interna originada por las quiebras bancarias. Y que los culpables y quienes se lucraron a partir de actos de corrupción sean enjuiciados.
4.- Que haya una reforma tributaria de fondo, para que quienes tienen más, paguen proporcionalmente más. Que se eliminen las exoneraciones que no traen ningún beneficio a las mayorías.
5.- Que se reestructure el Estado, que se articulen las instituciones y que estén al servicio del país, de las ciudadanas y ciudadanos, y no al servicio de los intereses de los grupos económicos y políticos. Que se reduzca el número de diputados y de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral. Y que se reduzcan por ley sus megasalarios.
6.- Que se asegure que todos los fondos de la cooperación, todos sin exclusiones, se integren en el Presupuesto de la República y que al igual que los fondos generados por otros ingresos y los impuestos que pagamos --principalmente por los que menos tienen-- se manejen en forma transparente y eficiente, con monitoreo y evaluación de sus resultados, de los impactos producidos.
7.- Que se hagan las reformas al marco jurídico para asegurar la obligatoriedad de los funcionarios de los distintos poderes a promover una verdadera participación ciudadana, consultándoles la elaboración de las políticas, leyes, planes y presupuestos, y a tomar en consideración los criterios y propuestas de esa ciudadanía y de los diversos organismos de sociedad civil.
8.- Que se hagan las reformas necesarias a las leyes, pero que sobre todo se apliquen, para que a los corruptos, abusadores sexuales y quienes ejerzan violencia contra los niños, las niñas, y las mujeres, les caiga el peso de la ley.
Y que A LO INMEDIATO SE HAGAN REFORMAS AL PRESUPUESTO DE LA REPÚBLICA DE ESTE AÑO, para que con los fondos de los aspectos antes señalados y de las reservas internacionales, las sobrerrecaudaciones y los recursos que algunas instituciones no ejecutarán este año, se destinen los fondos necesarios para una reconstrucción de lo destruido por el huracán, pero en mejores condiciones, en condiciones dignas.
Las ayudas, las donaciones, son paliativos que hoy se ponen en la mesa para tratar de curar la vergüenza que debemos tener todos y todas por la situación de inequidad existente. Todos somos responsables. Pero hay unos y unas más responsables que otros.
Basta de politiquería, de hipocresía, de parches, de preocupaciones por la “terrible” situación, que sólo es un reflejo de la desgracia que viven día a día, miles de miles de nicaragüenses en este país y los otros miles que se han visto obligados a abandonar a sus parejas, sus hijos, sus familias.
Mientras construimos la Nicaragua que queremos, a partir de acciones cotidianas, solidaricémonos con nuestros hermanos y hermanas de la Costa Caribe, aportando no lo que nos sobra, sino lo que también necesitamos.

Enlace Nacional – Coordinadora Civil