Opinión

Los barrios y sus personajes


Los barrios y sus personajes son características especiales de nuestro entorno, y a como dicen algunos, son especies de estampas nicaragüenses bien guardadas en ese especial baúl de los recuerdos de todos y cada uno de aquellos que fuimos niños y adolescentes, y que hoy evocamos como una forma de volver a vivir tantos y tantos momentos que fueron especie de vida sincera, sana, lúdica y de torrenciales expresiones de uno y otro connotado personaje visto desde mi óptica
El barrio San Jerónimo cuenta en su haber con un sinnúmero de personajes; hago míos a quienes, como Julián, han sido ejemplo de estoicismo y salud, pues un hombre que a sus 82 años todavía anda bregando con su carretón es más que significativo. Hace más de cincuentas años el agua se vendía y se distribuía por cántaros y el comprador cuidaba de aquellas costumbres de poder depositar parte del valioso líquido en tinajas hechas de barro y luego al paso de algunas horas y días el frescor en el paladar se hacia una realidad distinta a la actual.
Julián todos los días llegaba de mañana a realizar su labor, para los vecinos era posible comprar el cántaro lleno de agua y de alguna forma existió racionalidad en su uso, pero eso jamás significó la ausencia del vital líquido, a como sucede actualmente; es obvia la corrupción de quienes esquilmaron Enacal, durante décadas.
El mismo rostro endurecido por el sol, el polvo y la misma vejez han sido los acompañantes del buen amigo y ejemplo para quienes consideran que no existe trabajo, desde luego, si se tienen deseos, las oportunidades se encuentran; y en cierto momento le pregunté si no tenía ayudante, pues es obvio que para un anciano levantar bolsas de cemento, por ejemplo, resulta contraproducente, sin embargo, él contestó que solo sus manos eran su propio médico, cama y mesa, en tanto el aliento y fuerza para trabajar se las participaba Dios.
Varillas, tablas, bolsas de cal, alambres de amarre para el mismo hierro de base y arranque que se necesitan en la construcción, chatarras, barriles, sacos de pacas, roperos, mesas, bicicletas, motos, sillas, adoquines, piedras, basura, piedrín, cajas de cartón, arena, tierra, zacate para el caballo y una gran cantidad de esperanzas que todos los días Julián sale a buscar y que los ciudadanos le facilitan por su nobleza, pero principalmente porque toda la vida lo que siempre le inculcaron sus padres fue el servir y ser servido, específicamente, el ser sincero y honrado.
El ser honrado, me ha comentado el viejo Julián, es lo más grande con lo que toda persona puede contar y es el orgullo personal de los hijos y de la familia, y por supuesto el de los amigos, a quienes él siempre guarda con mucho cariño en su corazón, en tanto como cierre de su poco hablar señala con propiedad que la honradez es como tener siempre la sonrisa y la mirada tierna y traslucida de los niños.
Docente Horario UNI.