Opinión

Mientras caían las torres


Las torres han caído, pero en medio del fuego, las piedras, el humo y el hierro derretido, reducidos a la nada, nosotros levantamos nuestro recuerdo: incontenible, inmenso, por los que murieron ese 11 de septiembre, un día como hoy, hace exactamente seis años.
Las vidas de los que murieron ese 11 de septiembre se incorporaron a las de todos nosotros. Su vida cotidiana se convirtió de pronto en una sola infinita memoria y comenzó a repetirse en el corazón de todos nosotros.
Súbitamente, mientras caían las torres nos identificábamos con todas esas personas que no conocíamos. Y mientras caían las torres todas esas vidas se nos volvieron familiares.
A través de las imágenes y las palabras, pero sobre todo a través del testimonio de los que compartieron sus vidas, nos fuimos identificando más y más con personas que nunca antes habíamos conocido. Y mientras caían las torres sentíamos más cercanas a nosotros esas vidas y esas muertes.
No sabíamos nada de estos hombres y mujeres, y ahora su muerte nos ha abierto el libro de sus vidas, y en sus páginas leemos sus historias que, como toda vida, son un momento, un instante.
Y nos imaginamos lo que pudieron haber dicho y hecho ese 11 de septiembre, un día como hoy, hace exactamente seis años, antes de salir de su casa, o de su apartamento o de su hotel, y dirigirse a la oficina que tenían en la torre.
Nos imaginamos a todos esos hombres y mujeres diciendo un nombre amado, despidiéndose con un beso y un abrazo de la esposa, de los hijos, sin saber que ésa era su última mañana.
Los vemos caminando por las calles de Nueva York, tomar un taxi, leer el periódico, sin pensar que la noticia de su muerte estaría luego en todos los periódicos y en todas las pantallas de TV del mundo.
Y mientras caían las torres, comenzaba a levantarse otra torre más alta, más sólida y más segura, invulnerable a todo ataque; una torre indestructible que se levantaba con las manos de todos nosotros, cuya estructura es el amor y la hermandad, y la solidaridad de todos los que aman y todos los sufren.
Las torres han caído y en su lugar se levanta ahora otra torre edificada con los nombres de todos los que murieron el 11 de septiembre de 2001.
Y esta torre pudiera parecer que es invisible, que no ocupa ningún espacio y que no se puede mirar desde ningún lugar, pero está ahí en Nueva York, y está aquí, en el corazón de todos nosotros, una torre que ocupa todos los espacios, que es el infinito espacio del corazón del que ama y del que sufre.
La torre más alta de Nueva York, la torre más alta del mundo: la Torre del Recuerdo que levantamos en memoria de los que murieron el 11 de septiembre, en un día como hoy, hace exactamente seis años. Morimos con ellos en esa torre y ahora resucitamos con ellos en esta nueva torre.