Opinión

Y la actualidad de sus ideas y ejemplo


Hoy solamente recuerdo, aquel 11 de septiembre de 1973 cuando estando en Perú oí por la radio el relato del ataque a La Moneda. Más tarde escuché las últimas palabras de Salvador Allende: “Y… se abrirán las anchas alamedas nuevamente…”
Treinta y tres años después aún me digo: hay que continuar abriendo las anchas alamedas porque por los caminos de América existen muchas cruces al borde de la senda, muchas piedras manchadas de sangre, soldados tristes, callados, con ojos desorbitados, viendo pasar el amor; libros escritos sin corazón por los asesinos de la memoria histórica de los pueblos.
Sí, existe una deuda histórica muy grande con nuestros mártires, pues además continuamos siendo un continente explotado, desde cuando nos aplicaron los cuatro siglos de colonialismo para que el capital europeo pudiera explotar nuestras riquezas, hacer su acumulación y financiar su industrialización. En muchos de nuestros países, además de expoliarnos, aplicaron la esclavitud de la mano de obra negra o india. Pero el pueblo se rebeló. Tuvimos muchas rebeliones populares y guerras de independencia, como la de Nicaragua que el próximo 15 de septiembre estaremos conmemorando.
Después, en el siglo XX, introdujeron la industrialización dependiente para explotar nuestra mano de obra de una forma más “civilizada”, y con la división del trabajo, con la industria, con los obreros, nacieron también los sindicatos, las huelgas, las tomas de tierra, las ideas socialistas.
Alrededor de la década de los 60 en casi todo el continente enfrentamos la primera gran crisis del modelo de industrialización dependiente implantado a sangre y fuego. Hubo muchas luchas y ascendió el movimiento de masas. Nuevas alternativas surgieron. El pueblo cubano y el guatemalteco quisieron la revolución social.
En otras partes, la Cepal proponía el desarrollo nacional capitalista, la distribución de la renta y el mercado interno. En Chile se buscó una alternativa socialista, democrática, recogiendo la tradición histórica de lucha del pueblo chileno. Salvador Allende fue el símbolo de esa voluntad popular. Pero el capital no acepta la voluntad popular y sólo quiere aumentar sus tasas de rendimiento y mantener la acumulación de su riqueza a cualquier precio, y en todos los países de Latinoamérica impusieron dictaduras militares como única forma de frenar las voluntades populares e imponer las reglas de las transnacionales del imperio. Luego cayeron los gobierno democráticos, sólo se salvó el pueblo cubano. Nos cobraron con sangre y saña el atrevimiento de querer ser libres. Y muchos como Salvador Allende pagaron con la vida su coherencia y fidelidad al pueblo y sus ideales.
A finales del siglo pasado sustituyeron las dictaduras por el modelo neoliberal, que es una mezcla de falsas democracias electorales con libertad total para el capital internacional, ahora en su etapa financiera. Ya ni siquiera quieren explotar más nuestra mano de obra a nivel individual. Sólo quieren explotarnos colectivamente, por las tasas de interés, por la deuda externa, por los royalties, por las patentes, por las semillas transgénicas.
De nuevo nuestro continente está frente a una encrucijada. ¿Y ahora? Quizás el ejemplo de Salvador Allende nos ayude a reflexionar para encontrar caminos verdaderos para nuestros pueblos. Un buen inicio es empezar por la coherencia y la fidelidad con el pueblo, como nos enseñó Allende.
¡Cómo son de actuales sus ideales!