Opinión

Emergencia y apoyo emocional


Si de golpe llegan a faltar los puntos de referencia: casa, familia, trabajo, escuela, centro de culto o iglesia, comunidad, pueblo, que son importantes para cualquier ser humano, la vida de una persona se transforma en algo que parece irreal ya que es tan fuerte el impacto emocional, tanto para ella como para las otras personas que viven a su alrededor estas mismas sensaciones, que el mundo les parece ficticio. La primera reacción es ésa, la de la pesadilla e incredulidad, el creer que lo que se vive es sólo un sueño, que antes o después se despertarán y que la vida sigue igual. Pero no es así, mientras más tiempo pasa y más se vuelve concreta esta pesadilla, más se va entrando en un estado colectivo de tristeza, impotencia, rabia y depresión, unida a la pregunta de por qué pasó. Cualquier respuesta no completa nunca esta pregunta, porque va más allá de una explicación científica ya que toca profundamente el significado existencial de cada uno.
Cuando nos toca vivir una tragedia semejante que origina pregunta tras pregunta, es fundamental sentir el apoyo emocional y físico de otro, de alguien que nos dice: “Aquí estoy, te acompaño en tu dolor”. El ser humano es, esencialmente, un ser de costumbres cotidianas radicadas en el tiempo que dan un sentido de continuidad a la propia conciencia, construida con puntos de referencia que hacen la historia de cada persona y que se consolida en un sentido de identidad. Este cambio radical de vida ante una catástrofe como la sufrida por nuestros hermanos de la Costa Atlántica, hace entrar en contacto con un sentimiento de vacío, porque de golpe todo llega a faltar; todo punto de referencia, tanto físico como humano, ya no es el mismo. Por esto hay que intervenir de manera inmediata para llenar este vacío, ofreciendo nuevamente un puente con la vida a través de alternativas posibles, creíbles y significativas para quien sufre este dolor.
Colmar el vacío no es fácil, porque se tiene que intervenir simultáneamente de manera integral en tres niveles interrelacionados: la comunicación, la coordinación de la ayuda física y material, y el apoyo emocional.
La comunicación con las poblaciones vulnerables debe ofrecer informaciones constantes que sean coherentes, comprensibles, concretas y empáticas. Es fundamental esta comunicación para empezar a calmar los niveles de estrés y confusión. Tener una información clara y completa ayuda a estar más en contacto con la realidad, a reaccionar y empezar a organizarse.
La coordinación de la ayuda física y material necesita realizarse desde su inicio, de manera tal que el soporte sea adecuado, que responda a las necesidades básicas para superar la emergencia y que tenga un efecto inmediato de visibilidad y accesibilidad para la población damnificada.
El apoyo emocional es el más delicado de todos ya que es tocar los sufrimientos no sólo del cuerpo, sino del alma, que son invisibles. Se necesita tiempo para recuperarse de estas pérdidas, para encontrar un nuevo significado a la vida que sigue. También son necesarias las reconstrucciones de las estructuras físicas de la comunidad, con personal técnico, médico, etc., así como el soporte espiritual y psicológico que pueda ayudar a reconstruir este vacío. Las heridas del cuerpo son tan importantes como las heridas del alma.