Opinión

La Suecia que niega a Palme


Cuando los pueblos de Europa se batían en la II Guerra Mundial contra el fascismo alemán, dos países eran remanso de paz: Suecia y Suiza; el primero era retaguardia industrial para la fabricación del acero de la maquinaria de guerra alemana con los dividendos que esto significaba, y el segundo, Suiza, era el enclave financiero donde estaban las riquezas de todas las jerarquías de Europa. Al resurgir el mundo de las cenizas de la guerra, las prósperas Suecia y Suiza se convirtieron, más tarde, en paradigmas de la distribución social de la riqueza.
A partir de los años sesenta, la social democracia sueca comenzó a colaborar con el tercer mundo, tomando auge en los años setenta y ochenta en la administración de Olof Palme y Pierre Schori, quienes de esa manera pagaban su deuda moral con la humanidad.
A partir de la era neoliberal Europa ha dado un giro a la derecha, los países escandinavos, con Suecia a la cabeza, no podrían ser la excepción; en las últimas campañas electorales, la bandera primera de la derecha ha sido rebajar los impuestos (en algunos casos llega hasta el treinta por ciento de los ingresos de personas jurídicas), con una política de favorecer una mayor tasa de ganancia a la empresa privada, medida típica de la desregulación económica del modelo neoliberal.
El actual gobierno recorta la cooperación externa como parte de sus políticas internas de reducir el gasto público y poder rebajar los impuestos. Es por tanta desinformación, politiquería o demagogia decir que tenga que ver el retiro de la ayuda a Nicaragua con cuestiones internas de orden político del gobierno vigente.
La actual política exterior, desde octubre de 2006, del gobierno de Suecia de Fredrik Reinfelt, representa una coalición derechista en la cual está presente el Partido Popular Europeo (Folk Partier), la Democracia Cristiana, centristas y moderados.
Mantener la ayuda con Europa Oriental, África y Asia es parte de las políticas de la Unión Europea para disminuir la ola migratoria que crece cada día buscando vida y futuro en toda Europa.
Cuando habla la señora Zettemberg, se asocia siempre con el pasado que conocemos, pero Suecia de hoy, neoliberal y de derecha, no tiene nada que ver con la generosidad y el compañerismo de aquellos social demócratas suecos, inspirados todos en la izquierda y en las causas tercer mundistas. Por eso es entendible que independientemente de la militancia política de la señora embajadora, ella representa intereses y posiciones que tiene que defender. Ojalá hayan mejores tiempos en Europa y que no tenga el pueblo sueco que luchar para frenar la tendencia de sus actuales gobernantes por reducir seguridad social, salud y educación para bajar impuestos y de esa manera el gran capital tenga mayores ingresos.

*Diputado

Parlamento Centroamericano.