Opinión

La cooperación sueca en el desarrollo socio-económico nicaragüense


La cooperación sueca con el gobierno y el pueblo nicaragüense es de larga data. No obstante, ha sido sumamente destacada a partir del triunfo de la revolución de 1979, gracias a los lineamientos de una cooperación internacional sostenible formulada por Olof Palme (1927-1986), insigne político sueco, socialista y pacifista que colocó a su país en el liderazgo de los procesos de la integración europea, y la solidaridad socio-económica y cultural con los países del hemisferio sur, que luchaban contra los atrasos originados por el colonialismo y la intervención.
Olof Palme se opuso a Estados Unidos, con su crítica radical con respecto a la guerra en Vietnam, las armas nucleares y la política del Apartheid en Sudáfrica. Defendió a la OLP en su propuesta de constituir el Estado palestino, a la revolución cubana y a la revolución nicaragüense, en sus proyectos de construir nuevos Estados democráticos.
Palme condenó los desmanes de las dictaduras tanto de derecha como de izquierda, y realizó una serie de misiones internacionales como mediador de la ONU en conflictos regionales. Respaldó el proceso de paz de Centroamérica y su reconstrucción, y luchó contra el neoliberalismo, por entonces en su primea etapa, porque consideró que constituía un sistema económico de exclusión social a las mayorías y una política global de acumulación económica; ante dicho fenómeno estaba completamente en lo cierto.
La visión de Olof Palme ha permeado la política de cooperación de Suecia, expresada en los programas de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI).
Suecia destina el 0.87% de su PIB para la cooperación al desarrollo, es decir 1.5 billones de euros. Su Parlamento diseña la estrategia a seguir. África ha sido un continente de alta concentración de la cooperación, colocándose en proyectos más de la mitad del presupuesto.
El objetivo global de la cooperación sueca subraya: a) el crecimiento económico; b) la igualdad económica y social; c) la independencia tanto económica como política de las naciones; d) el desarrollo socio-económico; e) el uso sostenible de los recursos naturales y la protección del medio ambiente; f) la igualdad entre hombres y mujeres.
A raíz de la tragedia provocada por el Mitch, y animada por el espíritu de la Declaración de Estocolmo, tuvo lugar en Suecia, en 1999, una reunión de los gobiernos centroamericanos con las agencias de cooperación, a fin de discutir la situación regional y concretar acuerdos para la promoción del desarrollo, entre los cuales se destacan: a) consolidar la democracia y la gobernabilidad a través del fortalecimiento de la descentralización y funciones de las entidades gubernamentales, con la participación de la sociedad civil; b) promover el respeto por los derechos humanos como objetivo permanente, otorgando una atención específica a la igualdad de género, los derechos de los niños, de los grupos étnicos y de otras minorías. De modo que a partir del 2000, el gobierno sueco concentró sus esfuerzos en contribuir a la reducción de la pobreza, la gestión para el desarrollo y la promoción de la democracia, privilegiando a Nicaragua, Honduras y Guatemala en forma bilateral, además de la cooperación en proyectos regionales. La analista Karin Markensten, refiriéndose a la cooperación sueca para el desarrollo centroamericano, dice: “Nuestra intención es colaborar, pero ¿y ellos?, ¿también lo quieren? ¿Pueden estos proyectos contribuir en un largo plazo a la disminución de la pobreza en la región? ...la pobreza no es, únicamente, una cuestión económica. También, y así lo establece la estrategia contra la pobreza de ASDI, es un asunto de poder, conocimiento y capacidad de involucrarse en el desarrollo democrático”.
En efecto, el desarrollo socio-económico es obra del pueblo mismo. El pueblo nicaragüense ha demostrado tener poder, conocimiento y capacidad para remover las causas de la pobreza, la violencia social y estructural, la corrupción y la opresión psicológica y política. El pueblo posee, además, un significativo patrimonio que debe movilizar para producir riqueza, pero que no aparece colocado en el sistema legal del país, y por lo tanto, se califica como un capital muerto. No obstante, son impresionantes los niveles de producción del campesinado a base de sus propios sacrificios; la labor en el comercio y la economía popular que promueven las mujeres, la pequeña industria en los diversos rubros y los proyectos cooperativos que toman lugar en todo el país constituyen parte del corazón de la economía y del desarrollo nacional. Esto muestra que el pueblo es sujeto de la economía, de la educación, de la política, de la cultura y de su propio desarrollo. La cooperación es un complemento a estos vitales esfuerzos de la base social organizada. Y a la vez, la cooperación externa se coloca en las líneas de prioridad de un país a partir de acuerdos concertados.
Es el pueblo el que está en una lucha constante para la democratización de la economía, de la ciencia, de la educación, del sistema de leyes, de la familia, de la iglesia y de los partidos políticos. Debo decir que a partir de las revoluciones de 1893 y de 1979, se abrieron fundamentales procesos democráticos en los que el pueblo tomó la historia con sus propias manos e impulsó obras económicas, socio-políticas y culturales que han coadyuvado a la transformación de la sociedad misma. Nicaragua requiere de la cooperación externa porque está desafiada a reconstruirse en todos los planes de la vida nacional. Necesita reconstruir su sistema productivo a partir de los nuevos paradigmas que plantean los procesos de integración y demandas del mercado. Necesita cohesionar los subsistemas de la educación e invertir en ellos, dado que la educación es también vital para la productividad. Requiere implementar una nueva estrategia de educación para la salud y una política sana de planificación familiar. Nicaragua demanda de un plan nacional de inversiones sostenibles de largo plazo para la creación de empleos productivos, tanto en el nivel primario como terciario de su economía.
Eva Zetterberg, embajadora de Suecia en Nicaragua, ha anunciado el retiro de la cooperación hacia Nicaragua, cuya decisión hace parte de una nueva política del nuevo gobierno sueco con la región latinoamericana. Es evidente que la cooperación muestra diversas tendencias que requieren de análisis para ser abordadas con realismo por los países beneficiarios. Europa continúa trabajando estrategias de cooperación con África para frenar la incontenible migración, además de coadyuvar a paliar el hambre y las epidemias. Sin embargo, la cooperación europea, como la norteamericana, ha sido hasta insuficiente.
La cooperación de EU no supera el 0.05% de su PIB. Ningún país industrializado del Norte cumple con el 1% del PIB designado a la cooperación acordado por la Asamblea General de NNUU. De modo que el injusto y desigual intercambio económico del sistema, la creciente deuda externa, y las políticas neo-liberales de exclusión social son parte de la estructura que debemos transformar, a fin que los esfuerzos de una nación como la nuestra, aunada a la cooperación, en el marco de un plan estratégico de desarrollo de largo plazo, alcancen el bienestar gradual del pueblo, en tanto reducimos los niveles de pobreza y de desempleo, incrementando la inversión social.
En este sentido, el anuncio de la embajadora Zetterberg es preocupante, máxime para una nación que ha sufrido los estragos de una guerra de baja intensidad que destruyó el país; la malversación de sus caudales públicos durante la administración Alemán; y que experimentó la indiferencia a su dignidad de parte de la administración Bolaños, en cuyo periodo se agravó el nivel de pobreza.
Nicaragua tiene un nuevo gobierno comprometido con su propio pueblo que ha establecido una estrategia contra la pobreza y el hambre, y propone potenciar el poder, el conocimiento y la capacidad del pueblo para involucrarse en su propio desarrollo democrático, tal como se pregunta la analista Markensten.
Es por ello que, como ciudadano nicaragüense, apelaría al gobierno sueco para que reconsidere su política y facilitar un quinquenio de cooperación a Nicaragua sobre la base de un plan concreto de desarrollo socio-económico.
La embajadora Zetterberg ha mostrado un significativo compromiso en implementar las políticas de la cooperación y el intercambio, con un profundo espíritu humanista y amor por Nicaragua. Su enfoque en contribuir a remover las causas de la pobreza económica, potenciar la cultura democrática, el arte, la justicia y equidad y los derechos de la mujer constituye un compromiso que debe ser referido en la historia reciente de la diplomacia y la cooperación. Además, la embajadora Zetterberg ha animado la cooperación multilateral europea con Nicaragua, desde el importante rol que Suecia tiene en Europa, como potencia industrial.

* Rector de Uenic-MLK