Opinión

La ruta de Goebbels


El de Managua y el de Masatepe iban camino del Principado, y nuevamente en la carretera que va de Ticuantepe a La Concha; de La Concha a San Marcos y de San Marcos a Masatepe, se encontraron las mismas anomalías ya requetedenunciadas. En Ticuantepe, a su salida, un flamante boulevard al centro desde luego, contribuye a hacer aún más angosta la salida de la carretera. A esto sumémosle la ausencia de policías que nunca ven los buses olímpicamente detenidos sin hacer uso de las inhóspitas bahías, y para colmo las mototaxis, imitando a los buses. Un verdadero tapón para la libertad de tránsito. Una vez que se logra vencer ese obstáculo, inconcebible en una carretera panamericana, se tropieza uno con La Concha, frente a cuya iglesia, igual: Los microbuses y buses sin salir ni dejar pasar teniendo como condimento más mototaxis. Igual ausencia de policías e igual ausencia de imaginación. ¿Qué costaría que las salidas del transporte público fueran programadas desde los costados del parque? Y es que transitar por las carreteras de Nicaragua, se ha vuelto como tener que oír un discurso de Daniel Ortega, lleno de baches, y si bien el discurso sabemos que comenzará tarde, por transitar en estas carreteras uno debe de ir preparado para llegar tarde a todo.
Pasar por San Marcos resulta igual de engorroso, y llegar a Masatepe e intentar transitar por la avenida central, es ya una verdadera tortura, pues a todo lo antes descrito hay que agregar el progreso de grandes establecimientos que exigen un inexistente estacionamiento en una calle cuyo mayor disparate es de ser de doble vía, y ahí vienen los accidentes. ¿Qué se espera para convertir esa arteria comercial en una avenida de una sola vía, con derecho a estacionarse únicamente en uno de sus lados? Dice William Tapia que ese es un viejo plan. ¿Entonces? Es hora también que la alcaldía y la policía se preocupen porque las “caponeras” no se estacionen arbitrariamente, como lo hacen para conversar, en las intersecciones de las calles. Un ejemplo claro está en la esquina del mercado. El de Masatepe, que era quien hablaba, agregó que todo esto se podía arreglar sin costosas inversiones, poniendo buena voluntad, educación y cortesía. Como en ese momento pasaban por aquella congestionada avenida Jimmy Zambrana y Manuel Obregón, les recordó la promesa que los tres tenían con un estupendo guitarrista masatepino de obsequiarle una guitarra nueva. Divisaron a Caresol, quien había llegado de Monte Luna, y cuando se les unió el de Masatepe le pidió que le regalara otra coyunda, pues Don Antonio Castillo no encontró la que había en la finca. Pasaron por donde Doña Tina Brenes, y compraron leche agria y en frente saludaron a Ulises Quesada. Como era día de San Solazo, conminaron a Caresol a que los invitara a almorzar donde Bigote, cosa que hicieron.
Ya instalados en el fresco y acogedor local de Bigote, Caresol comenzó a disertar sobre Goebbels: “Yo no sé porqué critican tanto a Daniel porque comienza una o dos horas después de lo programado, sus apasionantes discursos. No olvidemos que el primer deber del vasallo es escuchar al amo, y lo que éste hace cuando comienza tarde, no es otra cosa que someter a prueba la lealtad del vasallo, puesto que la paciencia es sinónimo de lealtad, y la impaciencia sinónimo de rebelión. Por ello, entre más se tarde el Caudillo en comenzar sus discursos, enardecidas y sumisas han de estar las masas. Esto es así porque es una forma de gobernar bien, para recordarle al pueblo quién tiene la autoridad. Entre más se tarde el Caudillo en comenzar su intervención, más agradecido ha de estar el pueblo, pues tardanza y lealtad son directamente proporcionales. Además de que no es nada nuevo, pues ya lo hacía Hitler por consejo de ese gran estratega del nazismo que fue Goebbels. La hoja de ruta de Goebbels, era aplastar a los disidentes, y de todos es sabido que la disidencia tiene su origen en la impaciencia. Si alguien se rebela en la granja, se le busca un viejo pecado y sencillamente se le manda al infierno. Esta estrategia de Goebbels espiritualmente está avalada por la presencia del Cardenal en esta santa monarquía del Reino Socialista de Nicaragua. De manera que la condena de un disidente, tiene la ventaja de además de ser civil, ser religiosa. ¿Que somos un Estado Laico? Como diría Goebbels, esa mentira ni repetida mil veces acabará por ser verdad. Ahora bien si el caudillo critica a los medios de comunicación llamándolos hijos de Goebbels, es una reprimenda suave, pues él tan solo se refiere a los hijos bastardos de Goebbels que no fueron capaces de estar a la altura de su buen padre. Porque eso sí, Goebbels era un buen hombre. Incomprendido por la historia como su jefe Adolfito. En fin, mi interpretación de este insignificante incidente, es que el Caudillo no quiere que los medios sean como los hijos bastardos de Goebbels sino como sus hijos legítimos”.

Jueves, 6 de septiembre del 2007.