Opinión

Aniversario de la Policía de Nicaragua


“Es como andar sobre un tronco redondo: ora avanzas, ora te caes. Pero si dejo que mis convecinos me den sus manos y me sostengan, podré caminar por la estrecha vía de los justos sin caerme”.

“Jerusalén”. Selma Lagerlöf
(Suecia 1858 - 1940)

En 1996, cuando se aprobó la Ley de Policía, después de la reforma constitucional de 1995, había hacia la institución policial todavía muchas reservas y prejuicios de la clase política y gobernante por su origen sandinista. Eran pocos los países que apostaban con firmeza sobre las potencialidades históricas acumuladas en aquella organización, los importantes valores y el caudal de experiencia posible de continuar desarrollando. No ha sido tarea fácil en América Latina que las agencias de cooperación internacional destinen fondos de sus contribuyentes para los órganos de Policía y seguridad, lo anterior despierta normales dudas y temores. Una de las primeras agencias extranjeras que lo hizo fue la de Suecia, iniciando con un pequeño proyecto sobre derechos humanos desarrollado a través del PNUD. Después, se formuló otro por casi tres millones de dólares a través del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, un tercero por igual cantidad, bajo la administración de la Policía y el actual (en ejecución) por 11 millones. Lo anterior podría acumular en esta década más de 18 millones, el 60% de los 31 millones de dólares de la cooperación internacional que la Policía nicaragüense recibió (sin incluir créditos).
Desde la posibilidad de los cargos ocupados en la dirección de la Policía Nacional, tuve la oportunidad de participar en negociar y ejecutar los tres primeros proyectos suecos percibiendo el alto grado de respeto del donante por los objetivos propiamente institucionales. La contribución sueca fue utilizada en la realización del diagnóstico institucional, la formulación del plan estratégico de modernización y desarrollo para el fortalecimiento de la seguridad ciudadana, la construcción de delegaciones municipales de Policía, la capacitación de jefes y oficiales, el desarrollo de las Comisarías de la Mujer y la Niñez, la elaboración de manuales, procedimientos y nuevos procesos de trabajo, el mejoramiento del servicio a la población, etc. En general, a potencializar las capacidades históricas del órgano policial desde su origen revolucionario, sus valores y experiencias, para contribuir a adaptarla a las nuevas condiciones políticas, sociales y de seguridad pública, adecuando el órgano policial al marco de la seguridad democrática.
Aunque no es suficiente para medir el impacto de la cooperación internacional por el monto de su contribución, por cuanto hay aportes de gran valor cualitativo que integrados permiten hoy identificar resultados producto del largo y no accidentado camino recorrido, cuya meta, como el horizonte, siempre se mueve en la distancia, y cada vez nuevos retos, circunstancias y demandas se presentan en una sociedad dinámica, heterogénea, con sus propias contradicciones, en expansión y no ajena a los contextos regionales e internacionales. Otras agencias cooperantes, cuyos aportes fueron menores, generando valor agregado a la institución, modificaron procesos sustantivos, ayudando a influir en la cultura, organización y eficacia en ámbitos específicos de la gestión policial.
En honor a la justicia y por no faltar a la gratitud a quienes han apoyado el fortalecimiento de la Policía Nacional de Nicaragua, desde mi modesta posición externa invito a recordar a quienes contribuyeron durante 1980-1989, particularmente Cuba, la ex Unión Soviética, Bulgaria y la RDA. Durante la década reciente, no olvidar el significativo aporte de Japón en la remodelación del sistema de detención policial, la rehabilitación de centros de detención preventiva del país y el mejoramiento de la seguridad del tránsito de Managua; de España en capacitación, equipamiento, asistencia técnica, seguridad del tránsito, investigación y vigilancia; de Taiwan para la adquisición de medios, equipamiento técnico y gastos operativos; de Francia en entrenamiento para fuerzas especiales, lavado de activos y equipo informático; de Dinamarca y Noruega en el mejoramiento de las Comisarías de la Mujer y la Niñez; Alemania (GTZ) en la incorporación del enfoque de género, selección, capacitación y habilitación de infraestructura en Comisarías; de Estados Unidos en el apoyo operativo y técnico en la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la investigación criminal; Canadá en entrenamiento sobre el uso de la fuerza.
En el XXVIII Aniversario de la fundación de la Policía Nacional de Nicaragua, órgano al que contribuí a fundar con todo el entusiasmo de la adolescencia junto a miles de hombres y mujeres surgidos de la lucha popular después del derrocamiento de la dictadura somocista, no podemos desconocer que la Policía es un producto histórico en constante evolución, inseparable de la sociedad, que ha alcanzado niveles de profesionalización relativamente buenos, gracias a quienes la integraron antes y ahora, a los actores políticos, gubernamentales (a pesar de desaciertos del gobierno anterior) y sociales, que han contribuido con sus decisiones, críticas y demandas, con su participación y contribución, e indudablemente a la cooperación internacional que particularmente desde 1996 ha sido un soporte indispensable en su sostenibilidad y desarrollo. Hay todavía mucho trecho por recorrer, el servicio no se percibe cercano ni ágil, las demandas de inseguridad son crecientes ante las amenazas de la delincuencia transnacional y los problemas rutinarios que afectan a la inmensa mayoría de la población, principalmente los más pobres, quienes no cuentan con una respuesta oportuna y apropiada desde el tendido territorial del servicio policial, el delito menor rebasa las limitadas capacidades organizativas. Las necesidades son muchas y crecientes.
Entre los cooperantes, a quienes debemos agradecimiento, ha jugado indudablemente un rol relevante, la Agencia Sueca de la Cooperación Internacional, la cual, por decisiones derivadas de la política soberana del Estado sueco, ha decidido retirarse de Nicaragua en los próximos cuatro años, para focalizar su cooperación con mejor capacidad, entre los pueblos más pobres, con problemas de transición postconflicto. No podemos dejar de recordar que hay en el mundo al menos 75 países que tienen un nivel de pobreza y desarrollo humano más bajo que el de Nicaragua, y cuyas instituciones son mucho más frágiles. Nuestro país tendrá poco a poco la obligación de sustentarse principalmente con sus propios recursos; la Policía es y debe ser la que podemos pagar y sostener los nicaragüenses con nuestras propias capacidades económicas, humanas, culturales y técnicas.
“Tanta agua ha pasado debajo del puente, tantas lunas, tantos vientos han soplado, tantos aguaceros, tanta gente… Los tiempos han cambiado, el mundo ha cambiado”.

Testimonio sobre la fundación de la PN, F. J. Bautista

www.franciscobautista.com