Opinión

La Internet: el lado oscuro de la Luna


“La civilización no suprime la barbarie,
la perfecciona”.
Voltaire

Hace varios días llegó un correo de un amigo mío, por cierto, de esos hombres muy serios que no creen en santos que orinan, en el cual me reenviaba una información sobre una niña llamada Rachel a quien le descubrieron cáncer cerebral y donde sus padres abogaban por ayuda económica. El mecanismo de apoyo consiste en enviar ese correo a conocidos y éstos a su vez a más conocidos. Una empresa (AOL) se responsabiliza de rastrearlo y por cada tres personas que lo reciben, dicha empresa donará 32 centavos para los medicamentos de la niña. La nota la firma José Luis Gutiérrez Vázquez, Jefe de Proyectos del Consejo Asesor de Cómputo, DGSCA –UNAM.
Muy conmovida procedí a reenviarlo como a 100 gentes conocidas. Casi de inmediato tres personas de confianza me escribieron expresándome que hacía varios años (una de ellas, me confirmó cinco) habían recibido el mismo correo, y estaban sorprendidas que aún estuviera circulando. Lo primero en que pensé fue en una estafa.
No podemos negar que una de las “maravillas” del avance tecnológico en el campo de la comunicación en las últimas décadas son la Internet y los celulares, hijos perfectos de la globalización para todos sus fines, y que como toda tecnología de punta, fue engendrada y experimentada por la defensa norteamericana. Mi preocupación gira en torno a la utilización de Internet fundamentalmente y su inadecuado uso, por ejemplo, su lado mezquino, enfermizo o manipulador y, por ende, sus consecuencias negativas sobre una población mundial constituida en su mayoría por jóvenes.
Si bien es cierto se requiere de un cierto desarrollo económico y social para acceder a ella y, sobre todo, recursos financieros y de cierto nivel de ocio para poder dedicarle “tiempo”, Internet cada vez más se generaliza como la Coca Cola. En Nicaragua, en algunos municipios uno presenta dificultades para comunicarse telefónicamente por medio de Enitel (además, los cierran entre 5:00 y 6:00 p.m.), pero no por Internet, los famosos “Ciber Café” están abiertos, aunque sin el café que una espera le sirvan, abarrotados por personas chateando y de fondo musical, una escucha la vida y milagro de los que llaman a los Estados Unidos, por un precio accesible. ¡Qué maravilla encierra la tecnología!
Recientemente, un estudio realizado en Europa por la inglesa Royal Economic Society, indica que la niñez y juventud que usan menos computadoras, tienen mejor rendimiento escolar. No es de extrañarse. Padres, madres y docentes de cualquier nivel de educación, somos testigos de cómo la Wikipedia les resuelve sus deberes educativos en minutos. El espíritu investigativo, el hábito de la lectura, entre otros, se han ido desvaneciendo, mientras la pereza y pobreza mental se corona reina en esta época. En el informe de la Comisión para la Educación en el siglo XXI a la Unesco, presidida por Jacques Delors, se expresa que “cuando los niños pasan menos tiempo en el aula que ante el televisor, es grande el contraste que se les presenta entre la satisfacción instantánea ofrecida por los medios de comunicación, que no requieren ningún esfuerzo, y las exigencias del éxito escolar”. El impacto de ambos medios de comunicación visual complican y tensionan las relaciones sociales, en las que se incluye, por supuesto, a los adolescentes; su entorno, velocidad y agresividad.
La deshumanización oculta de Internet, desesperada respuesta de este sistema globalizante ante el individualismo trastornado que le caracteriza, arrastra a las personas a buscar parejas en los sitios web, experimentar placer sexual en los paraísos creados, satisfacer a maníacos con pornografía infantil, dependencia de los videojuegos propiciadores de violencia, hasta el colmo de llegar a planificar suicidios colectivos. Gerald Krien, un estadounidense de 26 años, a través del correo electrónico, logró convencer al menos a 32 personas, entre estadounidenses y canadienses, para que todos se mataran al mismo tiempo. Menos mal que fue arrestado antes del suicidio colectivo.
La utilización generalizada de Internet, ya que es un medio integrado y completo (texto, sonido, imagen e interactivo), de acuerdo con estudios recientes de la BBC de Londres está desplazando a la televisión y a la radio. Los vídeos cibernéticos, por ejemplo, se encuentran entre una de sus causales. Y esta tendencia va en aumento en todos los países en general. Sitios como YouTube permiten al usuario buscar formas sencillas de encontrar, mirar y compartir vídeos por la red. Revivir, actualizarse o sentir indiferencia ante tiempos perdidos.
La propaganda política de cualquier tintero, inclusive la religiosa, utiliza actualmente este medio. Ahora por la red se puede confesar, orar, enviar ángeles, milagros, panaceas a tus amigos y todo lo que se te ocurra. No hay límites, es un espacio libre y peligroso. Como estar en el paraíso picado por la serpiente sin ser expulsado.
A nivel cultural el escenario es un poco diferente, es enriquecedor por el conocimiento de la diversidad existente, aunque se corre el riesgo de fascinarse por las apariencias y caer tumbado ante el consumismo y perder la esencia de lo auténtico, lo simple y lo esencial.
Sobre los valores humanos, son catastróficos y contradictorios: provoca adicción a nivel subconsciente hasta crear ansiedad, preocupación y desencanto, por deseos no satisfechos; conduce al fanatismo, y cuidado, a la locura. Conozco a una persona que por estar en Internet dejaba casi morir a su pareja enferma en una cama.
Por supuesto, no todo es “negativo”. Resulta espléndido cuando se sabe utilizar, integrarse a redes y socializar información, aunque la creatividad humana amplía todos los límites. Esa creatividad verdadera que nunca permitirá convertirnos en seres “invisibles” o prescindibles. Es un juego que se debe aprender a jugar, un arma de doble filo con la que muchos han tocado el fondo. Vale la pena manipularlo, pero nunca ser manipulados, ya que para eso, mucha experiencia tenemos en este país. Disculpen, voy a revisar mi correo electrónico, quizás entró una de esas “cadenas”…