Opinión

Conociendo al agresor sexual de menores


El abuso sexual hacia menores no es un evento aislado, habitualmente sucede a lo largo de mucho tiempo, meses y años. El abuso muestra muchas facetas, sin embargo el secreto que ha caracterizado este delito consiente que continúe repitiéndose. Debido a esto es primordial hablar de su existencia y registrarlo como una problemática social que lamentablemente estamos atravesando y que tenemos el deber de abordar.
Las estadísticas muestran que los agresores planifican con antelación su abuso y éste lo efectúan en su hogar o en el de la víctima, por considerarlos territorios seguros. No debemos olvidar que los agresores sexuales no sólo están en la calle, es hora de comprender que el abuso sexual habitualmente lo cometen personas que habitan en la casa. La creencia de que solamente las personas violentas, degeneradas, insociables y perturbadas pueden abusar sexualmente de un menor es un prejuicio muy desarrollado en la población; los agresores sexuales emanan de todo estrato social. En su gran mayoría los agresores tienen un fácil acceso y disfrutan de la familiaridad de la víctima, son vecinos, trabajadores ambulantes o amigos de la familia que finalmente consiguen aprovecharse de esa intimidad o confianza.
Tomando en cuenta las cifras internacionales, entre el 80 y 92% de los agresores pertenecen al género masculino, entre éste: adultos, jóvenes y adolescentes, quienes usualmente optan por víctimas del sexo opuesto. Se estima que el 50% de los agresores sexuales han iniciado su vida sexual prematuramente, antes de los 16 años, una vez que cometen el abuso sexual se tornan reincidentes muy a pesar del remordimiento que puedan sentir, y se conducen más en el área urbana que en la rural. Asimismo, en el 50% de los eventos los agresores sexuales son desconocidos y el 50% restante se trata de familiares o conocidos de la víctima. EL 90% de los agresores sexuales comúnmente hacen uso del engaño, intentan apoderarse de la confianza de la víctima o bien se valen de la confianza familiar, manejan estrategias tales como el soborno para garantizar el silencio de la víctima, la sorpresa con el objetivo de provocar asombro, otorgan regalos, recompensas o prerrogativas de diversos tipos; ejemplo de ello es ofrecer empleo. Únicamente el 10% recurre a utilizar la violencia a través de la amenaza y fuerza bruta a fin de someter a la víctima.
Los agresores sexuales tienen aspecto de seres normales, en su vida cotidiana simulan una conducta apartada de sus verdaderas depravaciones, también muestran dificultades para socializar, autoestima baja, sentimientos de inseguridad, además de tener graves carencias de valores sociales; el perfil que proporcionan los expertos los describe como menos agresivos que los violadores, retraídos e insensibles, son incapaces de cautivar a personas adultas, inclusive temen relacionarse sexualmente con ellas ya que este tipo de relaciones les crean una gran ansiedad e inseguridad. En las relaciones con los menores son ellos quienes tienen el control y el poder. No olvidemos que los agresores no son deficientes mentales, sino delincuentes. Un serio problema de la mayoría de agresores sexuales es que fabrican una cadena de razonamientos respecto a su conducta delictuosa en relación a la cual no muestran huella de culpa alguna que los conduzca a buscar tratamiento psicológico, se benefician de una insuficiente capacidad para colocarse en la situación de otras personas y comunicar sus sentimientos, emociones, impresiones, etc.
Resultados recientes de un estudio efectuado por la Unicef demuestran que la edad en que se incita a los menores a la actividad sexual se ha abreviado inclusive por debajo de los 10 años. Asimismo, se aprecia que únicamente el 30% de los eventos se denuncian, en ocasiones debido a que los agresores forman parte de la familia y la mayoría de veces gozan de la complicidad de los otros miembros de la misma, igualmente por mantener el “orden familiar y social”. Esta confabulación puede darse por temor o por creer que esta práctica delincuencial constituye un problema intrascendente.
Unicef se ha propuesto para 2010 lograr la erradicación total de esta problemática, garantizándole al menor amparo total ante cualquier tipo de explotación y abuso; considerando significativo hacer valer el aparato legislativo que protege a las víctimas, como son las leyes 360 de 1997, 575 de 2000 y de la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Conjuntamente, considera necesario ofrecer mayor cobertura mediática a la problemática, sin provocar perjuicio a los menores, con el objetivo de comunicar y concienciar a la opinión pública sobre las graves secuelas de estas actividades ilícitas en las generaciones futuras.
“Los porcentajes que arrojan los estudios sobre el delito de abuso sexual infantil son producto del número de denuncias, sin que por ello concuerden con el total de eventos acontecidos”.

licbortzf@yahoo.com