Opinión

Ciudad imaginaria, ciudad imaginada


Las ciudades atraviesan múltiples problemas por el vertiginoso ritmo de crecimiento poblacional, puesta en marcha de distintos modelos de desarrollo y, por qué no decirlo, también debido a las demandas de múltiples agrupaciones políticas, las cuales han visto en lo urbano el mejor estandarte para la coyuntura electoral y el establecimiento de fortines partidistas.
Una de las causas que ha relevado el papel de las ciudades, en especial la gestión de algunos gobiernos locales, tiene que ver con el desgaste estatal para satisfacer necesidades colectivas y manejar macro competencias, como también el pobre rol que cumple la Asamblea para alentar leyes en beneficio de las municipalidades.
Estas y otras causas han provocado que las administraciones locales busquen y fomenten en la ciudadanía nuevas formas de desarrollo partiendo de un enfoque local, ambiental y de participación ciudadana con visión de género para garantizar su supervivencia.

La selva de cemento
El despunte de algunas ciudades genera comentarios, críticas y altas dosis de polémica entre sociólogos, antropólogos y comunicadores, ya que las nuevas reconfiguraciones urbanas no tienen que ver únicamente con el plano arquitectónico, sino también con el cambio de vida de las personas en los aspectos sociocultural y económico-político, sin que las dos perspectivas se excluyan.
Dentro de este contexto, lo más interesante es el ritmo acelerado con que cambian los espacios y, por ende, los comportamientos sociales. En ese sentido, la ciudad imaginada --con grandes sueños y esperanzas-- se desvanece en el imaginario real, porque una cosa es lo que deseamos como espacio cotidiano y otra muy diferente es lo que vivimos.
El caos del tránsito, los altos índices de delincuencia, la robotización cotidiana y la estresante vida son concreciones que se ubican en el imaginario colectivo cuando se habla de las grandes urbes, lo que produce en varios historiadores y amantes de las antiguas estructuras una suerte de nostalgia y desencanto, porque lo pasado tiene una connotación en la memoria colectiva de llevadero, tranquilo, seguro, menos rápido y con una magia de disfrute al igual que la vieja conversación en el parque.
En otras palabras, entre las líneas que delimitan lo imaginario de lo imaginado están las esferas del recuerdo, la velocidad (entre comillas) de la vida y la esfumación de los antiguos referentes espaciales.
Cuál es la ciudad ideal
La idea de una ciudad ideal ha existido siempre. Por eso se explica que en Nicaragua o en cualquier otro país haya una, dos o tres urbes que concentren el mayor número de habitantes por metro cuadrado, lo que no implica que este número de personas goce de los mismos servicios en las distintas latitudes. Asimismo, siempre se creyó que los polos de desarrollo estaban en las capitales y los puertos, razones que fomentaron la concentración de servicios, tecnologías, competencias y recursos.
Ello explica por qué muchas personas dejaron sus terruños para buscar “suerte” en la gran ciudad, donde en poco tiempo esfumaron sus esperanzas, pero contradictoriamente nunca tuvieron la más mínima intención de volver.
Las selvas de cemento siguen creciendo. Sus problemas son mayores y altamente alarmantes. Tienen las mismas características: contaminación ambiental, exagerado número de carros, inseguridad, escasez de vivienda y trabajo, invasiones, entre otras.
Estas viñetas no sólo permiten repensar los imaginarios actuales, sino crear la ciudad que queremos a futuro. Algo así como tender un puente entre lo imaginario y lo imaginado, más que un puente de “Panamá Soberana”, que según un alcalde segoviano se trata de una “obra monumental”.