Opinión

El gasto social del gobierno de Ortega en el 2007


El nuevo gobierno nicaragüense ha proclamado como una de sus principales líneas de acción la inversión en el sector social; mismo que durante los 16 años anteriores de gobiernos neoliberales había estado relegado en su nivel de importancia.
Las expectativas de la sociedad en este tema son grandes. Más aún en aquellos sectores marginados y que ahora encuentran en la retórica oficial una esperanza de solventar las apremiantes necesidades como educación, empleo, vivienda y servicios públicos de una mejor calidad.
Para el año 2007 las asignaciones de recursos para los sectores sociales fundamentales han quedado de la siguiente manera:
Instituciones críticas como el Ministerio de Educación recibieron una asignación de 3,869 millones de córdobas, lo que representa un 19 % del presupuesto total de ingresos para el año en curso.
El Ministerio de Salud, por su parte, obtuvo una asignación de 4,028 millones de córdobas, lo que representa un 20 % de los ingresos presupuestados.
El Ministerio de la Familia, por su parte, recibe 387 millones de córdobas.
En total, el gasto social que ha quedado consignado en la Ley de Presupuesto de 2007, y asciende a 8,024 millones de córdobas.
En comparación con el presupuesto del año 2006, en donde el gasto total en el sector social (educación, salud, familia) fue de 6,040 millones de córdobas, podemos apreciar un aumento considerable del 25% en estos rubros.
Sin embargo, no podemos obviar que el presupuesto de ingresos también aumentó para el año 2007 en un 17 %, por lo que resulta lógico un aumento por un porcentaje similar en estros sectores.
En términos globales, durante el 2006 se le acordó al gasto social un 36% de los ingresos presupuestados, mientras que para el 2007 ese monto alcanza 40% de los ingresos presupuestados.
Como podemos ver, en términos reales el aumento en el gasto social es de tan sólo un 4% en comparación con el año 2006.
Estas cifras se atienen al Presupuesto General de la República del 2007, y como es de notar, la vocación hacia el gasto social en las autoridades entrantes no es tan diferente a las que se manejaron en el pasado.
La razón para este proceder es sencilla. El país tiene una muy limitada capacidad para captar ingresos ordinarios vía presupuesto y, por lo tanto, por mucho que se quiera estirar la sábana es imposible cubrir las expectativas que en tiempos de campaña electoral se levantaron.
Sencillamente no es posible destinar más recursos de los que se venían programando para atender el gasto social sin caer en el descalabro económico. ¿Cómo hacer pues? Porque a los votantes no se les puede ahora anunciar que finalmente la promesa que se les hizo en campaña no era realista.
La alternativa que ahora encuentra el gobierno es a través de vías extra presupuestarias como los acuerdos de cooperación con Venezuela, donaciones y otras fuentes.
El único problema hasta ahí es que el flujo de esos recursos es muy irregular y no depende de la propia capacidad del país. Por consiguiente, la estrategia de ampliar el gasto social del gobierno no es sustentable por las características propias del origen de los recursos de que hecha mano.
Nicaragua no va a salir de la pobreza con donaciones de países amigos (mendicidad descarada). Para superar la pobreza, el país debe generar mayores ingresos, impulsar el crecimiento económico y hacer una más justa asignación de recursos que tiendan a cerrar la brecha de la desigualdad.
Si el gobierno no cambia sus políticas hacia el sector productivo, industrial y social, al final de este período de gobierno la situación de la pobreza en Nicaragua no será mucho mejor de lo que ahora vemos.

*Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública por la Universidad Nacional del Litoral, Argentina.