Opinión

Limosneros y con garrote


Arriesgar a todo un pueblo por juegos peligrosos en las relaciones internacionales con otros países es una locura política evidente. Nicaragua, lo queramos o no, es todavía y por mucho tiempo, un país que depende en gran medida de la ayuda internacional, aquella que aportada con el esfuerzo de muchos pueblos hermanos llegan a satisfacer muchas carencias de nuestros paisanos.
La cooperación internacional debe ser, sin embargo, incondicional en muchos aspectos de soberanía, pero no aquella soberanía absoluta en la que nadie ni nada podía contradecir las decisiones de los gobiernos; en la actualidad esa soberanía está condicionada por un pilar fundamental, y es el irrestricto respeto a los derechos fundamentales, esto es un condicionamiento necesario e imprescindible para otorgar cualquier tipo de ayuda; de más está referir la lógica que ninguna ayuda se da sin esperar nada a cambio, incluso aquella que parecería la más incondicional tiene como contraparte la satisfacción personal de quien la otorga.
El papel de un estadista debe ser entonces el de una persona con un altísimo sentido de la realidad internacional, ya ningún país ni gobierno puede darse el lujo de aislarse de los contextos, los gobernantes tienen la obligación de ser más ponderados de lo normal, hacer ejercicios de las consecuencias de cada decisión oficial, rayar el cuadro del terreno internacional donde piensan jugar, estas arenas no son de pequeñas ligas, sólo los profesionales pueden jugar, y los novatos sufren muy caro sus impericias diplomáticas.
Sobre esa lógica, cualquier decisión errada en las relaciones internacionales trae una consecuencia inmediata, negativa o positiva, sobre la vida de los ciudadanos, ya no caben decisiones personales en las que se pensaba que el Estado y el gobierno eran una posesión familiar, son a veces decisiones individuales que acarrean consecuencias colectivas, es así de sencillo, quien apuesta a riesgo de todo un pueblo, pierde la ayuda y cooperación para todo un pueblo, jaque mate al rey.
Nicaragua y su gobierno no está exenta de este escenario, parece ser que a los nuevos gobernantes les motiva un poco jugar con fuego, les gusta las fuertes emociones, el lenguaje confrontativo de mentira, las amenazas, las incoherencias diplomáticas, estar bien con Dios y con el diablo, y hasta a veces, repetir como loros los discursos remedados de otros países, como buenos expertos en sudar calentura ajena.
Como señalaba anteriormente, cada acción tiene una reacción, en las relaciones internacionales significa que confrontando o irrespetando los condicionamientos en materia de derechos fundamentales como el derecho a la vida, la propiedad privada, la libertad de expresión y de información, por ejemplo, pueden acarrear represalias diplomáticas que se traducen de forma evidente en recortes a la cooperación económica, y en este caso no podemos hacernos los suecos para tratar de desconocer las campanadas de alerta que de forma clara nos hacen llegar los donantes.
No son condicionamientos que tengan que ver con modificaciones a la política gubernamental en lo que a soberanía se refiere, sino a condiciones de carácter internacional que garantizan el buen uso de los fondos que son otorgados con fines específicos para ayuda del pueblo nicaragüense, estas condiciones tienen que ver con planes claros y serios en la lucha contra la corrupción, el pluralismo político, la implementación de una justicia transparente, etc., etc., entonces, estos condicionamientos, ¿en qué afectan la soberanía nacional?, ¿en qué afectan los derechos del pueblo nicaragüense?
Me parece que debemos de ser objetivos cuando algunos de nuestros diputados con complejo de inferioridad de clase, se atreve a acusar a algunos diplomáticos de interventores, aquí cabe entonces el famoso dicho “limosnero y con garrote”, en otras palabras, hacemos grandes campañas y esfuerzos por conseguir ayuda internacional, nos suscribimos a los acuerdos de cooperación que establecen las condiciones de desembolso, y cuando no cumplimos con el mínimo y el cooperante decide terminar la ayuda, los acusamos de interventores y groseros, ¡qué descaro el de nuestros remedos de políticos!
Los que deberíamos de reclamar somos los ciudadanos, los diferentes poderes del Estado deben poner su barba en remojo, y por alguna vez en su vida reconocer dónde la están c… toda, lamentablemente debo reconocer que en este país, este tipo de clase política y gobernantes incluidos, sólo rectifican ante la presión internacional o ante un estallido social incontrolable que incluya unos cuantos ciudadanos muertos producto de la confrontación con la fuerza pública.
A la sociedad civil organizada, muchas veces nadie les para bola, es decir, ni caso les hacen, no pasan de foros tras foros en hoteles de lujo, en marchitas de exploradores escolares que ni ruido hacen, ¿qué vamos a hacer si así son las cosas en este país?, y ahora que los gobernantes no me vengan a acusar de malinchista y vendido a las potencias extranjeras, creo que de eso mi querido gobierno de reconciliación no tiene ni la más mínima autoridad moral para criticar a los vendidos, a los gobiernos extranjeros, desde Adolfo Díaz hasta la actualidad.
Hace poco me comentaban que uno de mis más asiduos lectores, un ex diputado para ser concretos, manifestaba que no había problema en lo que yo decía, sino en cómo lo decía, cómo le digo a mi hijo cuando lo regaño por algo: ¡estamos claros!, en nuestro país nada se dice como debe decirse, siempre andamos enrollándonos y dando vueltas para decirle la verdad en su cara a la gente, y al final nada se les dice, lamentablemente yo no tengo ese estilo, creo que la responsabilidad de un columnista es aprovechar al máximo el espacio que le brinda un prestigioso medio de comunicación, como es en este caso, y así seguiré siendo a pesar de que a algunos no les guste.
Pero volviendo al tema de la cooperación, creo que ya estamos teniendo las primeras consecuencias de bailar al filo de la navaja, de que nuestros gobernantes pretendan jugar a la política exterior de los años ochenta, deseando encontrar una nueva Unión Soviética en la antigua Persia o en Suramérica, en vez de eso creo que hay que ser un poco más humilde con quienes gentilmente ayudan a este sufrido pueblo, ser dignos no es incompatible con ser agradecidos.