Opinión

Solidarizarnos con el sur del mundo


Las últimas noticias de países europeos que deciden continuar su apoyo a Nicaragua, o no continuarlo, nos deberían hacer reflexionar, no sólo acerca de por qué cesa esta ayuda, sino también sobre las condiciones necesarias para mantenerla, sin perder de vista una visión más amplia sobre las relaciones norte-sur y sur-sur del mundo.
El sur del mundo está habitado, en su mayoría, por una población joven e ignorante, y los niños que se mueren de hambre, desnutrición, sida, por falta de asistencia médica y otros, no son culpables si sus padres votaron o no por la derecha o por la izquierda, y por si el gobierno que tienen es eficiente y honesto, o desorganizado y corrupto. Por esto, debería alegrarnos que en cualquier parte del mundo donde se encuentren, puedan recibir una ayuda solidaria. Se vuelve, en cambio, una lucha entre pobres, cuando ésta contempla una visión local, donde cada país se preocupa sólo por lo suyo y no por lo que también sucede a su alrededor.
Si los latinoamericanos tuviéramos más desarrollado un sentido latinoamericanista del apoyo que llega a nuestro continente, probablemente seríamos más fuertes en solicitar la ayuda, programar su distribución, velar por los que no la reciben. No tenemos ni siquiera suficientemente desarrollado un sentido centroamericanista, donde sólo somos cinco países y donde podríamos tener sólo ventajas en ser una sola voz. Por no decir lo que nos cuesta el ser unidos en nuestro propio país. Sólo el hecho de serlo, nos haría ser menos pobres, en cuanto tendríamos mayor conciencia, solidaridad mutua, capacidad de organización, visión de futuro.
Creo que tenemos mucho que aprender de la Unión Europea, no obstante, las dificultades y las contradicciones por las que a veces atraviesa. No es fácil concertar la unión de 27 estados miembros, con tres en lista de espera, con diversidades culturales, lingüísticas, políticas y económicas. La bandera de la Unión, con las estrellitas que configuran un círculo, tiene el lema: “Unida en la diversidad”. Este principio base de tolerancia, respeto, ayuda mutua entre sus miembros, ha hecho que sea una protagonista que cuenta.
Es comprensible que los países de la Unión focalicen parte de la ayuda a sus nuevos estados miembros, más ahora que hay mayores diferencias económicas entre ellos. No es comparable el PIB de los países como Alemania, Holanda o Suecia, con los de Rumania, Lituania o Estonia.
La cooperación internacional está cambiando porque el mundo ha cambiado y las reglas del juego ya no son las mismas. Basta pensar que a raíz del atentado del 11 de septiembre, el problema de la seguridad ha marcado, aún más, una visión diferenciada del norte hacia el sur del mundo.
Se ha creado también un consenso internacional alrededor de la Declaración del Milenio, que sitúa a los países más pobres de Asia y África como prioritarios en la cooperación para el desarrollo. En esta escala internacional, los países de América Latina resultan en una fase intermedia desde el punto de vista económico y político. Es una zona de países de renta media pero, que contemporáneamente, cuenta en el mundo con los peores índices de desigualdad, con niveles de violencia social muy altos, con serios problemas de gobernabilidad y con valores de pobreza alarmantes. Esto hace que el continente latinoamericano no tenga las suficientes características de confiabilidad para ser un interlocutor a pleno título con la Unión Europea, pero tampoco reúne las condiciones necesarias para merecer una atención privilegiada de ayuda.
Los países latinoamericanos resultan importantes en los programas de apoyo de la Unión Europea, en cuanto favorezcan y promuevan la cohesión social y desarrollo con los factores que la garantizan: empleo, educación, justicia, fiscalidad, salud. Tal vez, es más en estos aspectos que deberíamos prestar atención en Nicaragua, independientemente de recibir o no la ayuda por parte de la comunidad internacional donante, ya que nos favorece en nuestra propia estabilidad política, económica y social. Así como el norte del mundo es solidario con su propia región, deberíamos aprender a ser solidarios con nuestro propio sur.