Opinión

Profesores universitarios a 50 córdobas la hora


En el mercado educativo nicaragüense hay de todo: desde profesores a 50 córdobas la hora, hasta aquellos, que sin poseer un título académico acreditado imparten clases a la vista y paciencia de las autoridades académicas.
Existen, por si ya esto fuera poco, también universidades que no han sido aceptadas y acreditadas por el Consejo Nacional de Universidades y emiten títulos universitarios, que después no tienen ningún valor legal.
Pero, aún hay más: los profesores no tienen seguro médico, no están afiliados a Seguridad Social y no tienen garantía de ser reenganchados después de un semestre porque su contrato es de servicio profesional. Las universidades públicas y privadas que reciben el seis por ciento no invierten en capacitación, tampoco les preocupa el futuro de sus profesores. Si alguno de ellos se enferma, rápidamente es sustituido por un académico desempleado y a veces, incluso más barato.
Su destino después de cada semestre depende de la buena voluntad del Decano o de los alumnos. Si es muy exigente en sus clases y en los exámenes es sustituido por los propios educandos, argumentando éstos incompetencia, falta de didáctica u alguna que otra argucia.
Los profesores horarios para “redondear” un salario mínimo, tienen que impartir clases por lo menos en cinco universidades; además el sábado y el domingo. Estos profesores no tienen descanso, tampoco vacaciones. La incertidumbre y la angustia los acompaña cada semestre.
La apertura incontrolable de universidades, a la par del surgimiento de empresarios de la educación en Nicaragua a partir de los años noventa, y la falta de control de parte del Estado, han traído como consecuencia un relajo en la educación superior, y este evidente deterioro y desprestigio de los profesores universitarios.
No existen parámetros claros acerca de qué requisitos académicos, de contratación de personal y de infraestructura física deben tener las universidades para que puedan operar. Por lo tanto, cualquier persona en un garaje de su casa puede abrir una universidad y emitir títulos.
Existió una época que ser profesor universitario era tener un estatus intelectual muy importante, era respetado por los alumnos y por las autoridades académicas, sin embargo, el día de hoy es ser semi-desempleado, que puede ser usado y desechado.
Hace algunos meses, por insistencia y recomendación de las autoridades académicas de la UNAN-Managua, me presenté a la escuela de Derecho de esta universidad, con el propósito de impartir clases de Derecho Administrativo. Luego de llegar por lo menos unas siete veces y hacerme esperar por horas, el director de esta escuela, el licenciado Juan Carlos Mena, me dijo que no había plaza para mí. Me dio esperanza, argumentándome que hasta el segundo semestre me daría la cátedra. Aguardé los seis meses, y me presenté, más por curiosidad que por la plaza. Nuevamente me hizo esperar, y luego me dijo que no había grupos para mí.
Una de las principales autoridades académicas de esta universidad, después de comentarle lo que había hecho el licenciado Mena, no salía de su asombro, porque en esta escuela no existe un profesor con el grado académico de Doctor, pero tampoco podía hacer nada, debido al poder e influencia que tienen los decanos y los sindicatos en esta universidad.
Mario Bunge hace algunos años afirmaba que el efecto de la masificación fue el “ascenso relámpago, a la cátedra universitaria, de gente inmadura para ocuparla”. Para Bunge el resultado de esta masificación fue triple: “Los profesores instantáneos ya no tienen tiempo ni acaso ganas para seguir aprendiendo, la calidad de la enseñanza que imparten es pobre (y es peor con el tiempo) y sus alumnos egresan con peor preparación que ellos”.
Me pregunto: ¿cuándo terminará este caos que existe en la educación superior? ¿Cuándo el Estado comenzará el proceso de evaluación y acreditación, y cerrará aquellas universidades que no llenen los requisitos académicos y de infraestructura para seguir funcionando? Y por último, ¿hasta cuándo permitirá el Estado que se siga engañando a los alumnos y manoseando a los profesores? Estas preguntas las tiene que contestar obligatoriamente el Consejo Nacional de Universidad y el Ministro de Educación.

Karlos Navarro. Doctor en Derecho Administrativo, Universidad de Salamanca, España. En el año 2002, el Centro Regional de Carazo-UNAN (CURC) le dio un diploma de reconocimiento como uno de los profesores e investigadores jóvenes más destacados de Nicaragua.