Opinión

¿Los viejos dioses fueron vencidos?


Edwin Sánchez

Es obvio que ningún profeta bíblico obligó a nadie a creer en Dios. Mucho menos Jesús se atrevió a exigir fe por la fuerza. Más bien la estimulaba. Pero, a nuestros antepasados se les impuso por la represión la dictadura de un credo monárquico cuyas secuelas configuraron la historia de Nicaragua.
Un texto señala cómo los pueblos originarios recibieron el catecismo. “Así se vio con frecuencia que los mismos bautizados corrían presurosos a recibir nuevo bautismo, cada vez que llegaban partidas de españoles, y que si cerraban los templos y botaban los ídolos mientras los amenazaba el peligro, tan luego se alejaba, volvían a sus anteriores ritos y ceremonias”1.
Los historiadores señalan que los pueblos locales continuaron con sus propias creencias, pese a las masivas conversiones. La metrópolis decidía en quién creer, nominalmente, pero las naciones del continente mantuvieron, bajo la superficie religiosa colonial, el sedimento de sus antiguos ritos.
Roma autorizaba a los reyes extender sus dominios en tanto creciera la “evangelización” de la iglesia. Al ver el fracaso de las conquistas de almas, los misioneros, bien aconsejados, cambiaron de método2.
“En lugar de imponer la religión católica, por la fuerza, cambiaron totalmente de procedimientos. No sólo empezaron a utilizar la dulzura, la bondad, el convencimiento, sino que fueran los propios indígenas los que enseñaran la nueva religión”.
Se abrieron los colegios religiosos y los nativos, instruidos, comenzaron a diseminar la religión en la propia lengua de los conquistados.
Arredondo Muñozledo señala que los españoles observaron que era muy común en las diversas religiones de los indígenas el tener, cada pueblo, sus divinidades particulares, entre las que predominaban deidades femeninas: “la diosa de la vida, la diosa de la maternidad, la diosa de la muerte, la diosa del maíz…”.
Sutilmente, los misioneros fueron introduciendo lo que en religión se ha llamado el “culto mariano”, por medio del cual la virgen María, en una compleja diversidad de personalidades, presidía el culto con marcada preponderancia sobre el propio Dios 3.
Cada pueblo, grande o pequeño, tuvo como deidad principal su virgen María, cambiándose el nombre del pueblo por el de “Santa María de…”
Con todo, se manifestó siempre la resistencia indígena, por lo que “inteligentes y eruditos canónigos españoles que dirigían el culto en la Nueva Epaña (…) se pusieron a estudiar cuidadosamente la cuestión. Encontraron que, ingenuamente, los colonizadores trasladaron de España sus simpatías marianistas: la Virgen del Pilar, la Virgen de La Macarena, la Inmaculada Concepción…
Si eran veneradas en la península, nada de esto provocaba a los pueblos originarios. El indio miraba el aspecto marcadamente europeo: una mujer blanca, de ojos gatos o azules, sonrosada. Nada que ver con su cultura y con su raza. Si al menos, comentó el historiador, hubiera una virgen morena.
Y fue así como apareció, con radiante y espectacular oportunidad, la Virgen de Guadalupe. Tras el natural asombro, fue aceptada rápidamente. Los viejos sólo recordaron a la diosa madre Tonantzin, precisa el académico.
Estas apariciones se dispararon en América. El molde fue el mismo: en aguas de mar o de lago. O también en un tronco de madero negro. Alguien daba el aviso y extraían una caja, un baúl y ahí encontraban la imagen de un santo.
Isaías pregunta: ¿Quién es aquel que ha formado un dios, o fundido una escultura, que para nada sirve? Luego, plantea: “El artífice en madera extiende la regla, traza la imagen con almagre, le da forma con escoplo y con el compás la traza y la hace conforme a la figura de un hombre, según la hermosura de un ser humano para que habite en un templo” 4.
En la culminación de las festividades de Santo Domingo, el cura de Las Sierritas, emocionado, tomaba los pañuelos, algodones o paños que le pasaba la gente para frotarlos contra la cápsula de cristal de la pequeña imagen. ¿Veneración o culto precolombino?
Una dama me explicaba por qué tocaba con devoción la imagen de San Benito de Palermo. “Las imágenes son como las fotos de un familiar que uno quiso mucho. No es adoración”, me dijo. La respuesta no me satisfizo. Bajo la superficie de la piedad religiosa, ¿qué antiguos principados actúan?
Pero si algún lector no le cree a un historiador o a un profeta, al menos debería considerar lo que escribió nuestro máximo poeta: “Aquí en México, sobre todo, se vive en un suelo que está repleto de misterio. Todos los indios que hay no respiran otra cosa. Y el destino de la nación mexicana está todavía en poder de las primitivas divinidades de los aztecas. En otras partes se dice: “Rascad … y aparecerá él…”: Huitzilopoxtli 5.
Y pensar que todo es tan sencillo: el único mediador entre Dios y los hombres es Jesucristo. Yo así lo creo y lo declaro.
Notas: 1.- Historia de Nicaragua. José Dolores Gámez. P.104.
2.- Segundo año de Historia. Arredondo Muñozledo p.16.
3.- Op. cit.
4.- Isaías Cap. 44: 10-17.
5.- Huitzilopoxtli. Cuentos Completos. Rubén Darío. P.290. Editorial Anama.