Opinión

Lecciones aprendidas en la descentralización de la educación


IDEUCA
El derecho humano a la educación es mucho más que las reducciones a las que ha venido siendo sometido. La persona se realiza a sí misma y como ser social, en tanto la educación contribuye a desarrollar sus capacidades y potencialidades individuales y para el sano ejercicio de la ciudadanía. Tal derecho se logra en plenitud, en la medida que la educación se ajusta a las demandas de las personas y sus entornos sociales, a la vez que el educando logra insertarse activamente en la comunidad y en su desarrollo.
Este derecho, para ser bien entendido y asumido, conlleva necesariamente que la familia y el Estado proporcionen una educación activa y participativa, en la que la sociedad a través de sus organizaciones e instituciones y, de forma especial, los maestros y las maestras logren tomar parte activa en la decisión de qué enseñar-aprender, cómo enseñar-aprender y lograr que sea útil lo aprendido para la persona, la comunidad y el país. La educación, por consiguiente, debería considerarse como el lugar privilegiado para el diálogo social con la realidad, y para acercar la cultura y los saberes a todas las comunidades, según sus necesidades y expectativas.
La descentralización de la educación en América Latina es una necesidad y la mejor estrategia para hacer realidad el derecho de todos y todas a una educación de calidad. Los gobiernos de la región, incluyendo nuestro país, sin embargo, en estas últimas décadas, dentro del ritmo marcado por las políticas neoliberales, han utilizado la descentralización con mejor o peor tino, prevaleciendo por lo general el ajuste a sus intereses políticos. La agenda encubierta, en estos procesos de descentralización educativa, ha tenido entre sus prioridades, precisamente, convencernos de la debilidad del Estado como principal argumento para desresponsabilizarlo de la educación y para que las familias deban contribuir a pagar la educación de sus hijos, tomando en cuenta los presupuestos recesivos con que cuentan los gobiernos para destinar recursos a la educación. Detrás de esta falacia se ha escondido la falta de interés para mejorar la participación, la pertinencia y calidad de los aprendizajes, a la vez que su intención de privatizar la educación.
Ahora que el Mined se propone dar cumplimiento a una de sus políticas -- “gestión descentralizada de la educación”-- y que los procesos de participación mandatados por la Ley de Participación Educativa, sin razón alguna, parecen estar en receso, es bueno traer a la memoria las lecciones aprendidas como fruto de procesos de descentralización en la región y, de forma particular en el país, para no repetir los mismos errores. Mencionemos algunas de ellas:
- No son exitosos procesos de descentralización educativa que se produzca al margen de procesos de descentralización del Estado.
- Todo proceso descentralizador no va en un solo sentido (de dentro hacia fuera) sino en ambos sentidos, por lo que plantea exigencias para el centro y para el resto de niveles.
- Se pensó que el nivel central quedaría sin funciones y no se entendió que, en realidad, se trataba de transformar sus roles tradicionales.
- Se prometió desburocratizar el sistema, pero más bien se burocratizó más aún.
- Se prometió disminuir costos pero éstos se acrecentaron.
- Se prometió mejorar la calidad de los aprendizajes, pero no se cumplió, en tanto sólo se atendieron aspectos administrativos.
- No se tomó en cuenta que estos procesos exigen capacitación constante, limitándose a eventos de capacitación informativa de tipo coyuntural.
- Se habló de mayor participación, pero en la realidad no se desarrollaron procesos auténticos y sólidos de participación social amplia.
- Se habló de descentralización de todos los procesos, pero las políticas continuaron siendo elaboradas por el centro sin dar respuesta a la problemática local.
- No se logró comprender que el proceso requiere de personal con capacidades técnicas y pedagógicas, por lo que más bien se prefirió personal con compromisos partidarios.
- Se habló de descentralización pero, al interior de los municipios y centros educativos, se propiciaron procesos de recentralización.
- No se comprendió que, para lograr una descentralización fuerte, se requiere de un centro fuerte, aunque con un rol distinto con carácter normador y facilitador.
- Se transfirió poder pero sin desarrollar capacidad en los actores para recibir y administrar este poder.
- Se implantó el proceso, pero sin contar con una buena estructura de gestión moderna desde el nivel local.
- No se comprendió que, si bien es cierto que se trata de una estrategia con implicaciones técnicas, se trata mucho más de una estrategia política en tanto debe implicar los intereses de todos los sectores.
- El proceso, para ser exitoso, ha de ser ampliamente conocido por los centros de poder internos y externos al aparato educativo.
- Es fundamental que todos los sujetos implicados se sientan tomados en cuenta en todo el proceso de descentralización.
- En la medida que, desde el centro, se transfieren problemas y no oportunidades al nivel local, fracasa el proceso.
- Ante la trampa que supuso transferir poder de decisión al nivel local pero sin trasladar los recursos económicos, materiales y didácticos requeridos, los centros educativos desarrollaron discrecionalmente iniciativas que recayeron en mayores costos para los padres y madres de familia.
- Se pensó que se trataba de un proceso eminentemente administrativo y normativo, pero no se tomó en cuenta que el mismo exige cambios culturales profundos, sobre todo desde el nivel central. Muchos sintieron amenazado su “poder”, creando nuevas formas encubiertas de poder y dominación.
Desde estas lecciones aprendidas es preciso que el Mined y la sociedad debatan el tema, de manera que el país logre configurar un modelo endógeno de Descentralización Educativa Participativa que, girando en torno al mejoramiento de la calidad educativa y de aprendizajes útiles para los ciudadanos y para la comunidad, haga de la participación informada, crítica y propositiva el mejor instrumento para lograr cambios relevantes en nuestra educación.