Opinión

La rueda o el verde, ¿quién da más?


En las vísperas de la Navidad estaba en el porche un amigo de Laguna de Perlas cuando recibió una llamada por celular mediante la que le avisaban que los parientes que venían en camioneta desde Managua se habían atascado en el camino a muy pocos kilómetros del pueblo. El amigo tuvo que movilizar un tractor al auxilio de los viajantes entusiasmados de llegar rodando. La carretera Kukra-Laguna era la novedad y aunque no estuviese terminada, el montón de gente la quería estrenar.
Las lluvias finalmente pararon a inicios de febrero y de allí diariamente, dos o tres veces por día, se hacían oír el ir y venir de camionetas anunciando con sus altoparlantes:
“Va la chiltoma, el tomate, el pepino, la zanahoria, el melón…” A la convocatoria acudían las amas de casa a regocijarse con frutas y verduras más frescas y variadas de las que están acostumbradas a encontrar en las tiendas del pueblo.
Todavía hay una que otra parejita de viejos en la comunidad que aprovechan el corto verano para cultivar sus propias verduras. Pero hacen parte de una minoría que por sus recelos para con el nuevo camino, pasaron a ser tachados de obstáculo al progreso.
En Haulover, quince minutos caminando al sur de la sede municipal, unas cuantas mujeres llegaron a organizar un retén para que los vehículos pagasen rodaje. En Laguna de Perlas pegaron el grito al cielo: “¡Violación al derecho nacional de libre circulación!” Es que sin pasar por Haulover, no llegaría carro a Laguna.
Para la Semana Santa, como de la nada, apareció una pandilla de aventureros a improvisar rally de motocross sobre las centenarias avenidas gramadas. Como acto de prevención, la Alcaldía puso un aviso prohibiendo la circulación de vehículos pesados en dirección al balneario de Raitipura. De poco valió; los supuestos vehículos livianos pasaban recargados con cuanta gente pudiese caber en sus cabinas sobre una pista hecha para aguantar el peso de bicicletas. Tres meses después, la Alcaldía ya hacía nuevos avisos: se prohíbe la circulación y punto.
Es que han vuelto las lluvias y no da para ignorar las llagas de tanto atropello. Andenes construidos ni hace seis años atrás con mano de obra comunitaria y dinero de la cooperación internacional, rajados y hasta en polvillo. Excepto por los testarudos de siempre, dispuestos a arriesgarse en el lodazal, ya no entra carro a Laguna de Perlas.