Opinión

En el XX aniversario de Esquipulas II


El 7 de agosto de 1987, los presidentes de las repúblicas de Centroamérica, reunidos en la ciudad de Guatemala, firmaron el trascendental “Acuerdo de Paz de Esquipulas II, que contenía el “Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica”.
En el Preámbulo del Acuerdo de Esquipulas II los presidentes de las repúblicas centroamericanas: Vinicio Cerezo Arévalo, de Guatemala; José Napoleón Duarte, de El Salvador; José Azcona Hoyo, de Honduras; Daniel Ortega Saavedra, de Nicaragua; y Oscar Arias Sánchez, de Costa Rica, acordaron: “Anunciar plenamente el reto histórico de forjar un destino de paz para Centroamérica. -Comprometernos a luchar por la paz y erradicar la guerra. -Hacer prevalecer el diálogo sobre la violencia y la razón sobre los rencores. –Dedicar a las juventudes de América Central, cuyas legítimas aspiraciones de paz y justicia social, de libertad y reconciliación, han sido frustradas durante muchas generaciones, estos esfuerzos de paz. –Colocar al Parlamento Centroamericano como símbolo de libertad e independencia de la reconciliación a que aspiramos en Centroamérica. – Pedimos respeto y ayuda a la comunidad internacional para nuestros esfuerzos. – Tenemos caminos centroamericanos para la paz y el desarrollo, pero necesitamos un trato internacional que garantice el desarrollo para que la paz que buscamos sea duradera. –Reiteramos con firmeza que paz y desarrollo son inseparables”.
El acuerdo de Paz de Esquipulas II fue ocasión propicia para que se implementara el “Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica”, cuyos componentes fueron:
1) La reconciliación nacional mediante el diálogo, las declaraciones o decretos de amnistía y la creación de una Comisión Nacional de Reconciliación.
2) Exhortación al cese de hostilidades mediante un cese al fuego efectivo.
3) La democratización dentro de un modelo representativo y participativo que implicara la promoción de la justicia social, el respecto de los derechos humanos, a la soberanía, la integridad territorial, la autodeterminación de los pueblos, el perfeccionamiento de los sistemas democráticos representativos y pluralistas, la efectiva participación popular en la toma de decisiones y el libre acceso de las diferentes corrientes de opinión a procesos electorales honestos y periódicos, completa libertad para la televisión, radio y la prensa y que los medios de comunicación operen sin censura previa, pluralismo político partidista total, levantamiento o derogación de los estados de emergencia o excepción donde los hubiere y con plena vigencia de todas las garantías constitucionales.
4) Elecciones libres.
5) Cese de ayuda a fuerzas irregulares.
6) No uso del territorio para agredir a otros Estados.
7) Negociaciones en materia de seguridad, verificación, control y limitación de armamentos.
8) Atención con sentido de urgencia a los flujos de refugiados y desplazados.
9) Cooperación, democracia y libertad para la paz y el desarrollo.
10) Verificación y seguimiento internacional y la elaboración de un calendario de ejecución de compromisos.
A veinte años de la firma del Acuerdo de Paz de Esquipulas II y reconociendo los méritos a quienes lo formularon, se impone una evaluación de su cumplimiento y una reflexión sobre su futuro.
Indudablemente que las características que presentaba Centroamérica en 1987 difieren mucho de las que presentan hoy en día.
Era un reto histórico forjar un destino de paz para Centroamérica, luchando por conseguir la paz y erradicar la guerra, al igual que era imperativo hacer prevalecer el diálogo sobre la violencia. Paz y desarrollo eran, y son, inseparables. Ninguna sociedad logra desarrollarse si no es en un clima de paz, democracia, pleno respeto a los derechos humanos y ejercicio de la democracia en el marco de un Estado de Derecho pleno.
También es cierto que Esquipulas II proporcionó la oportunidad de fortalecer la búsqueda de la integración económica de la región centroamericana, creándose incluso las instituciones que hoy forman el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA); el órgano legislativo denominado Parlamento Centroamericano y el órgano jurisdiccional denominado Corte Centroamericana de Justicia, los cuales también requieren redefinir su rol en el contexto de una Centroamérica inmersa en procesos de globalización económica mundial y el surgimiento de nuevas alternativas de desarrollo mediante la unión económica de países ubicados más allá de las fronteras centroamericanas.
A pesar de estos logros, en los aspectos económicos y sociales, los avances aún no alcanzan los niveles necesariamente adecuados y es aquí donde del análisis de esas insuficiencias se pueden ensayar juicios cualitativos y cuantitativos, con el propósito de que se corrijan las desigualdades y se superen las exclusiones.
A pesar de Esquipulas II, la riqueza nacional continúa siendo acaparada por minorías y las grandes mayorías permanecen excluidas de sus beneficios.

A pesar de Esquipulas II, la extrema pobreza, el analfabetismo, la prostitución, la drogadicción, la insalubridad, la trata de personas, los refugiados y migrantes cada día nos muestran la ineptitud de los gobiernos pasados y actuales para solucionar estos y otros males sociales agravados por la crisis energética de soluciones lejanas.
El combate de la extrema pobreza, tema crucial en este nuevo contexto, se aborda con discursos altisonantes y demagógicos, a sabiendas que para erradicar la pobreza se requiere producir riqueza y además de producirla distribuirla equitativamente, tarea que en los países de Centroamérica es difícil, y más en Nicaragua, catalogado como el segundo país más pobre de América Latina.
Es cierto que la Centroamérica de los tiempos de Esquipulas II no es la Centroamérica de hoy. Veinte años han pasado y si bien es cierto que se acabó la guerra y llegó la paz, y que las elecciones libres han sustituido a los viejos métodos de tomar el poder como los cuartelazos y los golpes de Estado, éstas no garantizan que la paz --que no sólo es ausencia de guerra-- se haya alcanzado. Las elecciones son sólo un componente de la democracia y ésta, para que sea integral debe existir en lo político, en lo económico y en lo social.
Paz y desarrollo son inseparables, decían los presidentes centroamericanos en el Acuerdo de Esquipulas II, pero mientras los pueblos no sean sujetos y destinatarios del desarrollo humano y económico sostenible, los Acuerdos de Esquipulas II son tareas pendientes para todos los centroamericanos.
Hoy, como expresaba el papa Pablo VI: “La lucha es contra la necesidad y la dependencia y por la igualdad y la participación”. Las nuevas realidades imponen soluciones tomadas con visión de futuro y mentalidad de cambio. Las nuevas realidades exigen una Centroamérica más justa y solidaria.

* Ex Magistrado de la Corte Suprema