Opinión

La educación como negocio de Estado


Debido a que el sistema educativo ha sido tímido en demostrar su importancia económica y para el desarrollo nacional, ha predominado en el país una visión que ha debilitado todos los otros negocios del Estado. Hace ya mucho tiempo que en Nicaragua se habla de la necesidad de dejar de enfocar la educación como un gasto y pasar a un enfoque de inversión, que catapulte nuestro capital humano, principal factor del desarrollo. Revisemos dónde nos encontramos y cuáles son los retos al respecto.
La primera pregunta que salta a la vista es ¿cuán eficaz es la inversión educativa en contribuir a la superación de la pobreza? Al parecer la apremiante urgencia económica ha llevado a los planificadores y tomadores de decisiones o por la senda economicista que considera la educación un gasto, o por la de la gobernabilidad que ve la educación como un tema social que no debe generar inestabilidad. No ha estado claro hasta ahora que la principal condición para el éxito sostenible de todo plan de desarrollo es “si y sólo si se planifica y promueve responsablemente la evolución del capital humano, las personas con los perfiles técnicos, profesionales y humanísticos que el país requiere para el desarrollo social, económico y cultural”. Para verificar esto basta echar una mirada al presupuesto anual de educación.
Se argumentaría que los logros de eficacia, criterio fundamental en la evaluación de una inversión, han sido muy relativos y lentos en educación. En realidad, se pueden rescatar ideas interesantes para el desarrollo educativo de cada gobierno; pero los resultados no podían ser de otra manera, y no lo serán en el futuro mientras no se eleve la apuesta sobre este importante asunto estratégico.
Es bastante conocida la historia del Japón sobre este tema. Se dice que recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando el país estaba económicamente devastado, se reunió el Consejo de Sabios para deliberar los destinos de la nación, y tomaron la decisión de priorizar la inversión en educación y tecnología, con la meta de posicionar al país entre las primeras potencias mundiales en cincuenta años. Veinticinco años después habían cumplido su meta.
El país requiere de un gran compromiso con la reducción del analfabetismo y la capacitación técnico-laboral, con la formación de técnicos y profesionales con perfiles adecuados a la demanda. En el contexto de la globalización y los procesos regionales de integración, significa fortalecer la oferta nacional en áreas con capital social o ventajas comparativas (agronegocios diversificados, piscicultura, ganadería y productos lácteos, turismo, producción artesanal en cuero-calzado, textil vestuario y madera, entre otros).
Pero también se deben estimar las relaciones costos/beneficios cuando la educación hace la gran diferencia en el combate a graves problemas socio-económicos, como la mortalidad materno-infantil y las enfermedades prevenibles por medio de cambios de hábitos; en la preservación del medio ambiente, en las condiciones higiénico-sanitarias de las comunidades, el embarazo adolescente, la violencia intrafamiliar y social, los hábitos productivos, tecnológicos y alimenticios, la reducción del trabajo a temprana edad y las migraciones, el incremento de la participación ciudadana responsable, entre muchos otros.
Distintas evaluaciones señalan a la educación no sólo como el factor decisivo en la superación de estos problemas, sino que en el plano económico la inversión representa una valoración costo/beneficio altamente positiva, ya que los costos en educación suelen ser relativamente bajos. Imaginemos cuánto se ahorraría el Estado y cuánto se optimizaría la cooperación externa reorientando recursos en esa vía.
Una posible reorientación en la asignación de recursos podría ser el fortalecimiento de los componentes educativos de los sectores llamados no educativos, tales como salud, agricultura, medio ambiente, industria artesanal y turismo; asimismo, una mayor participación de estos sectores en el sistema educativo a través de proyectos, tales como: microempresas y cooperativas juveniles, formación de promotores comunitarios, desarrollo de pasantías de estudio-trabajo y campañas de educación ciudadana y comunitarias para esas áreas.
Estamos hablando del impacto de la educación tanto por la vía formal del sistema (escuelas, institutos, centros de educación técnica, universidades), como también en sus vías no-formal, como los programas sectoriales de capacitaciones y encuentros educativos de distinto tipo; y la vía informal, con educación comunitaria y una mejor acción educativa de los medios comunicación. Estas tres vías o grandes estrategias de la educación, estimadas económicamente, permitirán orientar mejor los recursos del Estado como una inversión, no sólo social, sino también económicamente rentable para el desarrollo nacional.
Se debe contar con una visión del desarrollo en donde la educación sea central. Nadie garantiza, por ejemplo, que incrementar por cualquier otra vía los ingresos se derive automáticamente en una mejor calidad de vida de la población. El componente educacional de nuestra nación no puede seguir siendo un asunto que espere al desarrollo, de lo contrario no habrá desarrollo real.

* Consultor en Educación y Desarrollo
cefas@cablenet.com.ni