Opinión

Participación ciudadana y poder popular


“Los grandes bandidajes solamente pueden darse en naciones democráticas en las que el gobierno está concentrado en pocas manos”.

Alexis de Tocqueville


En la democracia formal les dicen a los ciudadanos que ellos eligen, deciden, pueden participar y tienen derechos. Sin embargo, es bien sabido que una vez que el pueblo vota --y que su voto ha sido contado de manera limpia o sucia--, hasta ahí llega su influencia, si es que alguna tiene, sobre el poder político. La misma democracia liberal o tradicional no le da ningún margen de acción real a los ciudadanos (yo prefiero decir pueblo) ante los embates, arbitrariedades o abusos del poder económico, el cual es el determinante del poder político y de todo lo que rige en la sociedad.
Si la participación del pueblo se pretende concretar en un poder popular real, que es al fin y al cabo el significado verdadero de la palabra democracia (poder del pueblo), entonces hay que facilitarle a la gente su participación activa en la toma de decisiones importantes en todos los ámbitos: político, económico y social; comunal, municipal, departamental, regional o nacional.
Para facilitar la participación popular es importante no ponerle tantas trabas legales a la gente. Qué engorroso se escucha que para que los ciudadanos comunes y de a pie tengan derecho a una iniciativa de ley ante la Asamblea Nacional deben reunir varias decenas de miles de firmas. No es menos llamativo que ante el fracaso de la presión cívica popular no quede más recurso que la protesta social con ribetes de violencia cuando la gente demanda la destitución de un funcionario público corrupto o extremadamente ineficiente. O bien, resulta incoherente la aprobación de presupuestos alejados de la realidad, desatendiendo las principales necesidades o problemas de la población. Y no es menos importante la indefensión de la gente cuando los grandes empresarios capitalistas, monopolios criollos o compañías transnacionales imponen sus decisiones socialmente irresponsables, que dañan al medio ambiente y amenazan la vida animal, vegetal y humana; el ejemplo clásico de esto es el smog producido por las fábricas, aunque también debe mencionarse la ampliación de monocultivos como la caña de azúcar, los derrames subterráneos de combustibles, la reproducción de especies animales extrañas que extinguen a las nativas, la tala indiscriminada de bosques enteros, etc.
Es evidente que si en Nicaragua existiera una democracia real con un incuestionable poder popular, jamás se habría permitido la privatización de la energía, de las telecomunicaciones, de proyectos o empresas estratégicas para el país; tampoco hubiese estado el agua bajo amenaza de ser privatizada. Asimismo, no habríamos permitido tanto pillaje de políticos y capitalistas de todo tipo en el poder o vinculados al poder. El pueblo participando, la gente con el poder, es la mejor garantía de una contraloría o fiscalización social de la gestión pública y privada, política y económica; ningún Organismo No Gubernamental o movimiento de fachada para las cámaras de televisión puede sustituir al pueblo cuidando sus propios intereses.
Democracia, poder popular, participación ciudadana, empoderar y empoderamiento, el pueblo presidente, Consejos de Participación Ciudadana son términos que representan un verdadero desafío y que reflejan el curso de la historia de la sociedad nicaragüense en los últimos 28 años. En el libro “Democratizar la democracia”, Mónica Baltodano señala: “El concepto y la idea de participación aparecen vinculadas a las corrientes democráticas y antiburocráticas que acompañan la conformación de los Estados modernos… Sin embargo, su estructuración como una propuesta con fundamentos sociales, políticos y jurídicos la encontramos en las sociedades neocapitalistas avanzadas. Se considera que la participación es una manifestación de la crisis del Estado en estas sociedades, aparejadas a una necesidad de respuesta del sistema, frente a los grandes cambios operados después de la Segunda Guerra Mundial, que condujeron a la conformación del llamado Estado social o de bienestar”.
Por otro lado, señala Baltodano que las características fundamentales de las sociedades en las que surgió el dilema de la participación fueron, entre otras, a saber: a) los grandes monopolios nacionales e internacionales son las formas principales de producción; b) el poder social se halla repartido desigualmente entre las diferentes organizaciones sociales públicas o privadas; c) sociedades pluralistas, democráticas y “pluriclase”, aunque los intereses de todos los grupos sociales no se encuentren igualmente representados en las decisiones de la administración. Cualquier parecido con la Nicaragua actual no es, con seguridad, pura coincidencia.
¿Por qué las grandes decisiones deben ser tomadas por pequeños grupos de personajes burocráticos? ¿Por qué no debe haber una representación del pueblo organizado ante las instituciones, funcionarios u organismos colegiados en los diferentes niveles? ¿Acaso los Organismos No Gubernamentales, los micro-partidos y los movimientos que no mueven gente deben arrogarse el derecho de representar al pueblo? ¿Qué tiene de malo si el pueblo organizado logra incidir para que se generalice la elaboración de los presupuestos participativos? ¿Valen más los “pegones legalistas” que la necesidad, el derecho y la espontaneidad de la gente organizándose? ¿Cuál es el verdadero temor de los políticos de la derecha que se oponen a que el pueblo tenga poder de decisión en las diferentes instancias? ¿Ha sido la democracia representativa la que ha sacado al país del subdesarrollo y nos ha repartido el crecimiento económico a todos por igual? ¿Ha facilitado la democracia representativa tradicional la corrupción, el asalto del Estado botín, el derroche, la ineficiencia y la impunidad? ¿Qué es más importante, el interés del pueblo o el interés del monopolio nacional o extranjero?
¡Que la gente participe! ¡Que el pueblo tenga poder! ¡Que la democracia sea participativa y representativa! ¡Dejen empoderarse al pueblo, que es la verdadera sociedad civil! ¡Que participe el poder popular! ¡Desconcentremos el poder que está en pocas manos! ¡Democraticemos la democracia!

*Radiólogo