Opinión

El orteguismo, a la derecha de la izquierda


Fue necesaria la conquista del poder, tal como quedó registrado en nuestra historia, de la cual todos somos testigos o actores, para que las limitaciones ideológicas del Frente Sandinista comenzaran a carcomer su propia obra por dentro. Con las excepciones de rigor, la dirigencia del FSLN llegó a la acción revolucionaria y luego al poder con una dispareja formación marxista. Por desgracia, Carlos Fonseca Amador y Ricardo Morales Avilés, entre quienes sí tuvieron formación marxista e interpretaron esta teoría de forma creadora cuando trataron de aplicarla a las condiciones de Nicaragua, no llegaron a conocer la victoria.
Sólo menciono a dos de los fallecidos más connotados, pero en la Dirección Nacional histórica hubo otros cuadros con una acabada formación marxista. Debo referir también un hecho poco advertido: entre subcomandantes guerrilleros y dirigentes intermedios del FSLN, mujeres y hombres, hubo --y aún hay-- quienes dominan las ideas marxistas y tienen un pensamiento dialéctico más desarrollado que el de algunos miembros de la DN histórica e infinitamente superior a la dirección sólo de nombre en la actualidad.
La conquista del poder por la entonces vanguardia de la izquierda en Nicaragua fue por la vía revolucionaria armada, tal como lo había definido desde el principio, y su derrota fue una combinación de la vía electoral y la intervención armada extranjera. La nueva ascensión al poder del Frente Sandinista por la vía electoral ocurrió después de tres fracasos continuos y por efecto de un conjunto de fenómenos políticos históricamente irrepetibles y que a la derecha le fue imposible poder evitar.
En la relativa corta vida de este partido, tenemos dos ejemplos acerca de la conquista y la pérdida del poder, y de ello no debemos dejar al margen el hecho de que, a pesar de haberse logrado cambiar la correlación ideológica con el triunfo de la revolución a favor del pensamiento de izquierda entre las masas populares, esta correlación comenzó a variar con la crisis económica y las agresiones físicas e ideológicas de la derecha y el imperialismo, y cambió a favor de la derecha durante el proceso electoral y en las votaciones de 1990; algo que se mantiene en nuestros días, a juzgar por y pese a los resultados electorales de 2006.
La falta de homogeneidad ideológica en el Frente fue una de las causas de su posterior descomposición; hubo entre su militancia gente de tendencia ideológica de derecha, y aún existen miembros con actitudes anticomunistas que habían quedado adormecidas al calor de la revolución. Nada menos que su secretario general, Daniel Ortega, es el mejor ejemplo de lo dicho. Ortega fácilmente adoptó ideas conservadoras clericales que le han conducido a tomar actitudes reaccionarias, como aliarse con las jerarquías derechistas de las iglesias evangélicas y católica para penalizar el aborto terapéutico; es un aliado del más alto representante de la alta jerarquía católica, con el cual ya comparte el poder, igual a la de los partidos de las clases dominantes tradicionales, como lo fue durante la colonia, los treinta años conservadores, la intervención armada gringa y los 45 años de la dictadura somocista.
Ideológicamente, Ortega sustenta y ha expresado concepciones reaccionarias acerca de la vida y de la historia en sus discursos pre y post electorales. Su discurso en el acto de celebración del 28 aniversario del triunfo revolucionario de 1979, un hecho histórico inobjetable, lo dirigió a las masas repitiendo la nada histórica ni científica prédica del desarrollo humano según Adán y Eva. ¿Cómo puede, entonces, proclamarse líder de una revolución, si su conducción carece de concepciones revolucionarias? Un personaje que de tal forma actúa no es garantía de una conducción política de izquierda certera.
No obstante, esto no ha sido óbice para que el Frente siga considerándose una organización de izquierda; pero manifiesta una discordancia profunda entre su base popular y su dirigencia cada día tan bien dotada económicamente como cada día peor dotada ideológicamente. Su base social sigue siendo en su mayoría fiel a las posiciones sandinistas de izquierda, pero su dirección cada vez se aleja más de los principios y la mística originales del sandinismo. Es decir, el Frente por su militancia sigue siendo de izquierda, mientras su dirigencia la arrastra hacia una posición derechista.
El FSLN, de 1961 a los mediados de los años 80, más o menos, propugnó y conquistó una posición indiscutible como vanguardia de la izquierda nicaragüense y con proyección latinoamericana. Pero, por su actual desviación, se confirma que no se puede llegar muy lejos cuando la acción revolucionaria no es sustentada en una teoría revolucionaria. Aquel Frente ya no existe, y sólo por las relaciones personales y oficiales con gobiernos latinoamericanos de izquierda salva la imagen de revolucionario en el exterior, pero cada vez menos en Nicaragua.
En nuestro país, junto a los sandinistas hubo y todavía hay otras expresiones de izquierda con sus propios méritos y sus indiscutibles limitaciones. También tuvieron un ámbito histórico de acción en el cual se destacaron bien e igual cedieron espacio a los errores que resultaron incompatibles con una verdadera actitud o posición de izquierda marxista-leninista y, en otro caso, marxista-trotskista, pero no han enrumbado hacia la derecha.
Al respecto, es necesario hablar de que no existe, nunca ha existido ni existirá, una escuela con un pensum para graduar y titular de izquierda de por vida a nadie. Los estudios marxistas universitarios no pueden graduar de izquierda para toda la vida, como en cualquier profesión. Los círculos de estudio, independientes o de partidos, tampoco pueden “graduar” de izquierda para toda la vida. Existen marxistas con mucho conocimiento teórico, pero no aceptan el concepto de Marx de que la filosofía no es para sólo interpretar al mundo, sino para transformarlo. La acción permanente y sostenida en el campo de las ideas y las luchas sociales a favor de la justicia social, más el estudio de la teoría buscando alcanzar el mayor nivel de conciencia y compromiso personal, son mejores garantías para ser de izquierda.
Pero el hecho de llegar a tener una conciencia de izquierda tampoco significa estar matriculado para siempre, pues todo ser humano está expuesto a toda clase de pasiones, ambiciones, presiones, estímulos y debilidades que pueden impulsar, en cualquier momento, hacia una posición contraria, cuando ya no se quiere seguir siendo lo que se ha sido, o no se puede seguir siendo más lo que se quiso ser. Creo que puede tenerse un principio mínimo para durar en una posición de izquierda: honradez personal mientras se ostente esa posición abrazada voluntariamente; o sea, exigirse a sí mismo un comportamiento ético.
Es una falsificación dispensar los desarreglos éticos en la conducta de una persona y de un partido, a cambio de que mantenga el discurso a nombre de una causa de izquierda que ya no representa honradamente. Exponentes de esta falsificación han surgido de entre ideólogos extranjeros y nacionales identificados con el orteguismo. La izquierda nicaragüense, pues, sigue siendo heterogénea y, por ello, no podremos ignorar que sus miembros seguirán confortándose práctica e ideológicamente.