Opinión

Los avances y desafíos del desarrollo económico y social en Nicaragua: veinte años después


Ph.D*

Inicio esta breve reflexión señalando que desde la perspectiva económica y social, ESQUIPULAS II es un parte aguas de la historia contemporánea para los centroamericanos, y también para Nicaragua. “Antes de Esquipulas y después de Esquipulas”. Esquipulas debe ser considerado como la culminación de un proceso que tuvo innumerables actores, cuyas contribuciones silenciosas unas, más bulliciosas otras, finalmente desembocaron en un convencimiento regional de que ya no podíamos continuar con la confrontación bélica. La firma de Esquipulas II, por parte de todos los presidentes del área, con iguales méritos, recoge el sentir de una región que había llegado al total convencimiento de que de nada servía continuar confrontándonos y matándonos unos a otros.
Ese convencimiento abrió por primera vez la oportunidad de que la PAZ pasara de un enunciado a una realidad, en toda la región. Permitió entonces que los Estados pudieran disponer sus energías a trabajar por la paz y a favor de los ciudadanos sin distingos políticos, fue ese convencimiento el que le abrió la puerta a los Acuerdos de Sapoá, entre el Gobierno de Nicaragua y la Resistencia, y fue desde ahí que comenzó a fraguarse el proceso de desmovilización de la guerra hasta entonces vivida en este país.
En el caso de Nicaragua, los acuerdos de paz con la Resistencia Nicaragüense firmados en Sapoá, como producto de ESQUIPULAS II, permitieron no sólo que Nicaragua se comprometiera con la democracia, con la libertad y con la construcción de la institucionalidad, sino también entender que el bienestar de todos los ciudadanos se construye a partir de entender que hablar de economía es hablar del bienestar de la gente, y ya no sólo de escasez, inflaciones, multimillonarias tasas de cambio, confiscaciones, etc.
A partir de Sapoá, comenzó a privar el sentimiento, no sólo en los gobernantes, sino también en la inmensa mayoría de los ciudadanos, de que para construir bienestar había que construir riqueza, con producción, con el control de lo que gastábamos, y reconocer que no se podía entregar bienestar si no había paz; pero además si no había producción, ni inversión, ni espacios para las iniciativas privadas, esta paz sería muy frágil.
Muchos de estos ingredientes se adoptaron a lo largo de estos veinte años, pero todavía el desafío de crecer más, de invertir más, de aumentar el esfuerzo de productividad de todos, de reducir las desigualdades, de reducir más agresivamente los niveles de pobreza continúa como agenda pendiente.
Todavía en 2005, según los datos oficiales de la Encuesta de Nivel de Vida del INEC, 70.3% de la población rural de nuestro país continuaba en pobreza, y casi un 31% de la población urbana de este país, en pobreza y extrema pobreza. Nicaragua tiene el PIB per cápita más bajo de toda la región. Hay incumplimientos con los desmovilizados de la guerra, pero además, según esta misma encuesta, el 50% de los hogares más ricos del país acumula el 77% del consumo total, mientras el 50% de los hogares más pobres acumula sólo el 23% del consumo total.
En esta misma encuesta se observa que tanto en hogares encabezados por hombres como en los dirigidos por mujeres, el 10% más rico de esas familias consume en promedio 12 veces más que el 10% más pobre, aunque también se nota que en ambos extremos, el consumo promedio de los hogares encabezados por mujeres es superior al consumo promedio de los hogares encabezados por hombres. De ahí también que gracias a la paz que ha traído el proceso de cese de la guerra, los hogares jefeados por mujeres son ligeramente menos de-
siguales que los hogares liderados por hombres, en términos de consumo, según datos oficiales del gobierno en 2005.
¿Entonces, qué nos dicen los datos? Que el cese de la guerra veinte años después no ha sido suficiente para construir el bienestar de la mayoría de los nicaragüenses, y que por tanto, la oportunidad de la paz que todavía tenemos deberíamos usarla para acelerar el paso hacia el bienestar, ya que al final del día las raíces de la inestabilidad que desembocaron en la catástrofe de la guerra siguen presentes veinte años después.
Pero para aprovechar esta paz y construir el bienestar de las mayorías, tenemos que acogernos al espíritu de unidad en la acción, que movió la búsqueda del cese de la guerra. Tenemos que despojarnos de los prejuicios que nos ha dejado este largo caminar, tenemos que entender que la democracia, que la libertad, que el mercado, la economía, la libre iniciativa no le pertenecen sólo a un sector del país, sino a todos, llámense de derecha, de izquierda, de centro o sin opción. Y que la economía no es sólo cifras, ni tampoco es únicamente para los que tienen recursos o para los empresarios, sino para todos los nicaragüenses sin distingos. Economía trata del bienestar de la gente, y para construir el bienestar económico y social requerimos del clima de confianza para fomentar el trabajo, así como la creación de nuevas y más oportunidades.
Existe necesidad de señales inequívocas por parte del Gobierno que contribuyan a construir confianza en el futuro, para hacer posible que aumente la conciencia del ahorro en la población, para que así cada vez podamos invertir los nicaragüenses no el tímido 15% del PIB que hemos tenido a lo largo de estos años, sino para alcanzar un 30% o más del PIB que permita sostener tasas de crecimiento arriba del 8% anual para los próximos años. Eso es posible, es necesario y es la única forma para reducir la pobreza, otros países lo han logrado, ¿por qué no Nicaragua?
Si fuimos capaces de pacificarnos, a pesar de las heridas que había dejado la guerra, ¿por qué no vamos a ser capaces de unirnos para buscar el bienestar de todos?, para exigir reglas claras, decirle: no a la confrontación, exigir el respeto a la legalidad, a la institucionalidad, en fin el respeto a la democracia. No queremos autoritarismos que revivan los sentimientos de confrontación del pasado, queremos construir ahora en paz lo que no hemos construido antes: bienestar e identidad nacional con libertad y democracia, porque nos pertenece a todos.
Queremos unidad también con los centroamericanos que firmaron estos acuerdos de paz veinte años atrás, pero también queremos unidad con países latinoamericanos que quieran complementar sus experiencias con las nuestras, que quieran genuinamente cooperar con nosotros en construir CONFIANZA Y BIENESTAR, pero que respeten nuestra identidad y no nos impongan cometer errores que cometimos en el pasado. Todo lo que hagamos hagámoslo en el marco de la democracia, la libertad y el respeto al derecho ajeno. Ése es el nuevo desafío que se presenta para Nicaragua, después de alcanzar la paz que facilitaron los Acuerdos de Esquipulas veinte años atrás… …

*El autor fue Ministro de Comercio Exterior de 1979-1988, y Ministro de Planificación y Presupuesto de 1988 a 1990. Miembro del Directorio del BCN de 1990 al 2000, actualmente es Presidente de Fideg (Fundación Internacional para el Desafío Económico Global).