Opinión

San Andrés


Lo primero que se me vino a la mente tras recibir la noticia de la celebración del día de la independencia colombiana en San Andrés fue exigir al gobierno sandinista presencia militar en la isla, es decir tomar soberana posesión. Según el medio electrónico New Colombia news agency, la idea del régimen de Uribe es la de entregar la isla a la US army para la instalación de un portaaviones que controle los movimientos de los revolucionarios sandinistas y de la región.
En un artículo publicado por Augusto Zamora en la revista Envío, año 2000, se expone una reseña histórica sobre los intereses protagonizados por Honduras y Colombia, donde este último “aspira a dominar el corazón del Caribe central”, tras pretender el dominio de San Andrés y Providencia. Según Zamora, la pérdida de estas propiedades del Estado data del siglo XIX, donde Nicaragua figura como “una simple moneda de cambio en la transacción imperial gringa”.
En 1928, mientras Nicaragua estaba ocupada por el ejército norteamericano y la guerrilla de Sandino daba la batalla anti intervensionista, Estados Unidos aprovechó para indemnizar a Colombia por la pérdida de Panamá, la cual había sido arrebatada en 1903. El tratado es conocido como Bárcenas–Esguerra, mediante el cual surge el pacto Olaya-Kellog, por el que USA entrega los cayos y bancos de Roncador, Serrana y Quitasueño.
Colombia impone como frontera marítima el meridiano 82, donde no sólo basta su base militar en San Andrés, sino también el control aéreo de la zona. Según el escrito de Zamora, el 30 de noviembre de 1999 Honduras y Colombia ratificaron el tratado suscrito el 2 de agosto de 1986, con lo que se busca cómo apropiarse de las áreas marinas y submarinas, lo que quebranta las voluntades políticas de integración centroamericana, poniendo en peligro la estabilidad de la región.
Lo que vemos es a una Nicaragua que mientras está en guerra otros quieren sacar provecho. El último suceso que data la celebración de la independencia colombiana en la isla abre un capítulo nuevo, agravando la situación, lo que se traduce como una clara provocación del gobierno de Uribe. Es una toma no oficial de la isla a la que el gobierno sandinista debe responder ágilmente, pues muchos nicaragüenses nos encontramos indignados con dicho suceso.
El canciller Santos se pronunció de manera diplomática: “No es posible que las autoridades colombianas hayan celebrado un aniversario de su independencia en la isla de San Andrés, cuando ambos países discuten de forma civilizada el tema del diferendo territorial en La Haya”, dijo a la prensa. No obstante, es necesario que desde ya se tomen otras medidas, por lo que solicitamos la intervención militar nicaragüense en la zona, donde la mayoría de pobladores dicen pertenecer al gobierno nicaragüense. Ésta constituye una oportunidad trascendental para nosotros de probar nuestra soberanía y hegemonía territorial nacional, de no ser así estaríamos avalando el posicionamiento colombiano-estadounidense de la zona, que tiene como fin el espionaje internacional y no la lucha contra el narcotráfico que funge como una cortina de humo más.