Opinión

El cineasta y el terrorista


Filmar un documental de cine en Cuba parece ser delito, derribar un avión de pasajeros en pleno vuelo no parece serlo. Criticar el sistema privado de salud en Estados Unidos, en donde 50 millones de personas no tienen seguro médico, parece ser un crimen, poner bombas en un hotel y matar civiles inocentes parece no serlo.
No se trata de una ironía, ni de una pesadilla, ni de una broma de mal gusto, sino de la realidad de dos hombres que han ocupado recientemente los titulares de la prensa mundial y las pantallas de las principales cadenas internacionales de televisión. Me refiero al cineasta norteamericano Michael Moore, productor del documental “Farenheit 9/11”, al narco-terrorista cubano Luis Posada Carriles, también conocido como el Osama Bin Laden de Latinoamérica.
En su documental “Farenheit 9/11”, ganador del premio del Festival Internacional de Cannes y exhibido en miles de cines en todo Estados Unidos en junio de 2004, Moore reveló las conexiones de la familia Bush con los jeques petroleros de Arabia Saudita y la forma poco eficiente con que la Administración Bush manejó la crisis del 9/11. El documental, ganador de 25 premios cinematográficos, incluyendo un Oscar y nominado 12 veces a otros premios, fue un éxito taquillero.
El Departamento del Tesoro norteamericano le envió al cineasta una carta solicitándole información sobre un viaje que el productor realizó a Cuba para hacer tomas cinematográficas para su documental “SICKO”, que trata sobre las fallas del sistema de salud norteamericano. Es prohibido para los ciudadanos estadounidenses visitar Cuba o hacer negocios con la isla.
Representantes de Moore dicen que el ganador del Oscar solicitó permiso para visitar Cuba, pero jamás recibió respuesta. Moore viajaba con un grupo de ciudadanos rescatistas de las víctimas del 9/11 que desarrollaron problemas respiratorios y de salud debido a las altamente tóxicas condiciones del lugar. En el documental, los trabajadores estadounidenses son tratados en el sistema de salud cubano luego de no recibir tratamiento adecuado en Estados Unidos.
Ciertos medios nicaragüenses, más ocupados en criticar al FSLN y a Hugo Chávez que en ofrecer un panorama balanceado, irrespetando a sus lectores, ignoraron esta noticia y apenas le dieron cabida en su sección de cables internacionales. Esta actitud contrasta con la obsesión por analizar con lupa todo lo que pasa en Cuba, Venezuela, Bolivia o Ecuador, países que se han rebelado contra el imperio. Aun el encarcelamiento de la periodista Judith Miller, del New York Times, pasó virtualmente inadvertido para los tarzanes de la “libertad” de prensa en Nicaragua.
Por su parte, el ex-agente de la CIA y narco-terrorista cubano nacionalizado venezolano, Luis Posada Carriles, cuenta en su haber con un rosario de hechos y acusaciones incluyendo atentados a sedes diplomáticas cubanas, colocación de bombas en hoteles internacionales y la voladura en el aire de un avión de pasajeros de Cubana de Aviación sobre Barbados en 1976.
Posada se jactó de sus crímenes y confesó la mayoría de sus atentados en entrevistas de prensa, incluyendo una con la periodista Ann Louise del New York Times en 1998. Durante esa entrevista el anciano terrorista fanfarroneó de una serie de explosiones dinamiteras en hoteles y restaurantes de La Habana, en donde 11 civiles resultaron heridos y un joven empresario italiano muerto.
En un editorial del 21 de abril de 2007 en el New York Times, Bernardo Álvarez, embajador de Venezuela en Estados Unidos, escribió: “Permitirle a Luis Posada Carriles evadir procesamiento judicial por sus malignos ataques de los cuales se le acusa de ser el autor intelectual, arroja dudas sobre la sinceridad del Presidente Bush en su guerra contra el terrorismo”.
Posada Carriles ayudó a instaurar la “democracia” en Nicaragua durante la tristemente célebre narco-guerra de agresión de los contras, declarada ilegal por la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Tal veredicto ha sido merecedor del más mortal silencio en los medios de la oligarquía, quienes prefieren resaltar los gustos artísticos y colores de la primera dama, como temas mucho más “serios”.
Luego de escapar de una prisión venezolana en 1985, con la ayuda del fanático anti-Castrista batistiano, Jorge Mas Canosa, Posada Carriles reapareció en el aeropuerto militar de Ilopango en El Salvador bajo el apodo de Ramón Medina, trabajando bajo las órdenes del agente de la CIA Félix Rodríguez, otro anti-Castrista, quien participó en el asesinato del guerrillero de América, Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, en 1967.
Durante su permanencia en Ilopango, Posada trabajó bajo las órdenes del verdugo del Che, supervisando los trasbordos de armas para los contras y el trasiego de cocaína hacia los Estados Unidos. El 5 de octubre de 1986, Eugene Hasenfus fue capturado por el Ejército Popular Sandinista en Zelaya Sur, luego que su avión C-123 fuera derribado, en operaciones de suministro de armas a los contras.
El avión, anteriormente propiedad del narco-piloto de la CIA, Barry Seal, (mismo piloto que aterrizó en el aeropuerto Los Brasiles como un montaje incriminatorio del presidente Reagan contra los sandinistas), procedía de Ilopango y Hasenfus reveló a investigadores nicaragüenses que recibía órdenes de Posada y Rodríguez.
Posada también intentó asesinar al presidente Fidel Castro en Panamá en noviembre de 2000. Sabedor de que Castro hablaría en la universidad de Panamá, el terrorista organizó un grupo de conspiradores cubanos incluyendo a Guillermo Novo, quien participó en el asesinato de Orlando Letelier, canciller chileno del gobierno de Salvador Allende, y de su secretaria Ronni Moffitt en Washington en 1976.
El terrorista fue procesado y condenado en Panamá, pero fue perdonado por la saliente presidenta, Mireya Moscoso. Luego de huir secretamente e ingresar ilegalmente en Estados Unidos, reapareció misteriosamente en Miami. El Servicio de Inmigración lo arrestó en Texas, acusado de un delito menor de mentir en un formulario federal, salió en libertad bajo fianza y finalmente fue sobreseído por una juez.
Mientras el cineasta Moore es investigado y quizás procesado por rodar un documental en Cuba, el terrorista más conocido del Hemisferio Occidental, Posada, el Bin Laden latino, sale tranquilamente de la prisión, a pesar de confesar sus crímenes ante el mundo por medio del New York Times.
La Declaración de Independencia de Estados Unidos dice que “sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales”. Cabe preguntarnos si Michael Moore y Luis Posada Carriles son realmente iguales ante la ley.