Opinión

San Bernardo y los Templarios


San Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el último Padre de la Iglesia Católica en términos cronológicos. También es considerado uno de los treinta y tres “Doctores de la Iglesia Católica”. Fue renovador de la orden Cisterciense, que con treinta noblez, seis hermanos, un tío, un cuñado y su padre viudo se recluyeron en el “Convento de Claraval”. Se cuenta que después de mucho esfuerzo pudo convencer a uno de sus hermanos, quien abandonó a su esposa e hijos para meterse en la orden.
San Bernardo tenía una gran capacidad histriónica. Dicen los eruditos que su capacidad para convencer a la gente es el motivo por el cual le llamaron “Doctor Boca de Miel”. Con estas cualidades era natural que la Iglesia Romana lo reclutara para divulgar la segunda cruzada a Jerusalén.
La primera cruzada convocada por el papa Urbano II había culminado con un éxito contundente con la toma de Jerusalén en el año 1099. A partir de allí la misión era mantener los lugares sagrados y proteger las peregrinaciones europeas a tierra santa. Nace con ese motivo una nueva orden religiosa-militar que la historia llama “Orden de los Templarios”.
Los Templarios fueron fundados por nueve personas. El gran maestre y cabeza de la orden fue Hugo de Payens. Pero no menos relevante fue la participación del tío de San Bernardo, André de Montbard (Gran maestre). La orden fue fundada en 1118 y a través del “Concilio de Troyes”, convocado por San Bernardo (1127), se oficializa en el Pontificado de Honorio II. Es ratificada por sendas bulas papales posteriores (Omne datum optimun 1139, Milites templi 1144 y Milites Dei 1145) y por escritos doctorales de San Bernardo (“Elogio a la nueva milicia Templaria). San Bernardo fue el creador de las normas de la orden donde se establecían preceptos de tipo militar.
La toma de Edesa del año 1145 d.C. precipita la segunda cruzada. Edesa como ciudad estratégica para el oriente próximo, ponía en jaque a Jerusalén, tierra santa. El rey Luis VII y el papa Eugenio II, a la sazón “Hijo espiritual” de San Bernardo, le solicitan al Santo que sea la voz cantante de la segunda cruzada. En su prédica melosa y cautivante, San Bernardo convence a muchos reyes feudales de la época que con el Papado como guía libraron las sucesivas cruzadas.
La historia nos ilustra el fracaso de la segunda cruzada. Los reyes europeos y los noblez no tardaron en encontrar chivos expiatorios para justificar la derrota de la cristiandad por los paganos. Los dos chivos expiatorios ideales eran San Bernardo y su querida “Orden Templaria”. No faltó quien le infiriera a San Bernardo epítetos como embaucador, embustero y falso profeta. Tampoco faltó quien le dijera que Mahoma era más grande que Cristo.
Los reyes europeos estaban quebrados económicamente. Las cruzadas habían mermado el tesoro público y endeudado a los reyes. Paralelamente la “Orden del Templo” nadaba en riquezas. Como mito o realidad de haber encontrado el tesoro del templo, los Templarios lograron de hecho un gran poder económico. Los eruditos los suelen colocar como los fundadores de la banca moderna. Poseían tierras, edificios y un sinnúmero de propiedades. Muchos estudiosos del tema templario manifiestan que también tenían muchos pergaminos antiguos “comprometedores” de los tiempos bíblicos que afectaban las interpretaciones vaticánicas de las sagradas escrituras.
El rey Felipe IV de Francia se encontraba en bancarrota, producto de los gastos excesivos que significó la aventura de las cruzadas. Los principales acreedores de las deudas de Felipe eran los Templarios. El papa Clemente V no tenía razones para estar feliz con los Templarios, éstos se habían hecho demasiado poderosos económicamente y era como el Frankestein que se volvía contra su creador.
El rey francés y el Papado se pusieron de acuerdo para destruir el poder de los Templarios. Como un solo cuerpo estratégico, el viernes 13 de octubre de 1307 el rey Felipe arresta a ciento cuarenta Templarios y a su líder Jacques Molay. Los acusan de herejía, sodomía, adoración de ídolos, etc. Simultáneamente, Clemente V le abre juicio por los mismos cargos. Los Templarios son quemados en la hoguera después de confesiones fraudulentas producto de torturas. A través de la bula “Vox Clamatis” el Papa abolió la Orden del Templo. Acto seguido le confiscaron todos los bienes y la mayoría fue trasladada a la Orden de los Hospitalarios de San Juan”, que luego se llamaría “Orden de Malta”, adscrita a la influencia vaticana. Dicen algunos estudiosos que el golpe a los Templarios los agarró con cierto grado de precaución ya que pudieron salvar “El tesoro templario”, trasladándolo en dieciocho galeras desde un puerto francés hacia Escocia y Portugal.
La Iglesia Romana consolida su poder económico después del golpe a los Templarios. Los Templarios son los maestros ancestrales de la vocación bancaria del Vaticano, la cual culmina con el escándalo del Banco Ambrosiano a mediados del siglo pasado. Amén.

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